Quietos hasta que los hechos confirmen las palabras. Es la actitud ante el referéndum del 1-O de los corresponsales de The New York Times (Raphael Minder), de Le Figaro y Radio France (Mathieu de Taillac) y Die Welt y Neue Zürcher Zeitung (Ute Müller), diarios líderes en sus países. “Hay muchos otros temas internacionales y el momento clave [del procés] llega en pleno cansancio”, resume Minder, a quien le cuesta cada vez más vender el caso catalán en Nueva York. “Mis jefes están aburridos [del procés] y son muy de hechos. Si hay un si [condicional] en el asunto, deja de interesarles. Y el caso catalán está lleno de síes”.

De Taillac y Müller asienten. El corresponsal francés enumera asuntos que rebasan al referéndum catalán: Bréxit, Trump, Siria… La alemana recuerda, “por ejemplo”, que en su país están más interesados en Turquía, debido a la gran minoría turca residente en Alemania. “Además, nuestro corresponsal allí lleva dos meses en la cárcel”, añade como preguntándose si podrá superar eso con el procés, cinco años dale que dale.

Para estos tres periodistas, la épica de los días históricos ha perdido tracción.

Sin influencia interna

Mònica Terribas modera este panel, organizado por la Universitat Pompeu Fabra. Pregunta de puntillas a los tres periodistas si sus medios les orientan sobre el enfoque que deben tomar, si les informan de la línea editorial. La sombra del editorial de The New York Times cae sobre el auditorio. Se levantan las cabezas de los asistentes.

La respuesta de los corresponsales es un 'no' como una catedral.

“Nadie llama para decirnos qué tenemos que escribir, ni nosotros tenemos influencia sobre lo que se escribe. Además, [sección de] Opinión está separada de Información”, explica Müller. El hombre del Times lamenta que los medios españoles hayan “perdido el sentido de la separación entre gestión, opinión y redacción”. Es taxativo: “Nunca jamás he tenido una conversación con alguien de Opinión que me diga ‘esta es la línea’”. Para más inri, añade: “La posición editorial puede cambiar” según los acontecimientos. “No hay briefings editoriales”, reitera De Taillac, quien, como sus colegas, explica que eso no le supone problema alguno.

Por supuesto, conocen las posiciones editoriales de sus medios respecto al procés. Para Minder, su diario “defiende el concepto de derecho a votar de manera general”. Müller explica que Die Welt es un diario conservador, y elabora: “En el proceso de construcción europea [no se entiende] por qué debe haber dos estados en España. Están en contra, de momento. Mientras no ocurra nada mayor... no interesa”. Le Figaro piensa que hay un bloqueo desde Catalunya, que cuesta de entender, y un rechazo al voto en el Gobierno español: "Encuentren una vía de diálogo. Nada extraordinario”, resume De Taillac.

El francés ha provocado el momento de hilaridad de la sesión ante la afirmación de la moderadora de la claridad de la línea de los diarios locales. “¿La Vanguardia tiene una línea editorial clara? ¿En serio?”, replica De Taillac. El público ríe, se miran unos a otros sin malicia.

Día de la Marmota

Minder, suizo de nacimiento, es el más asertivo. Cita tres veces El Día de la Marmota (Atrapado en el tiempo) para describir la sensación que produce el procés fuera de Catalunya. “No es tan fácil hacer en 2016 lo que hice en 2012”, explica, porque a sus jefes (y él piensa que también a sus lectores) todo les suena a lo mismo. De Taillac confirma el cansancio. “¿No han votado ya?”, le preguntan, en referencia al 9-N. “A un lector francés tienes que situarle una y otra vez: que Catalunya es el 20% del PIB de España, etcétera”.

Los tres coinciden: manda la incertidumbre. “Es como estar en un momento histórico sin saber adónde va”, describe Minder. “No sé qué va a pasar. Mis interlocutores no lo dicen”, añade De Taillac. “Esta vez no tenemos ninguna clave”, remata Müller.

¿Por qué el cansancio del Times? “El tema Catalunya es parecido a la crisis. Entonces la pregunta era si Europa funcionaría como unión. España era clave: si caía, caía el proyecto económico europeo. Con el separatismo [Catalunya, Escocia] la pregunta es: ¿se dirige Europa hacia una mayor fragmentación o hacia una mayor unión?”, dice Minder.

Madrid, poc actiu

Los tres coinciden en que Madrid no parece tomarse el procés tan en serio a la hora de influir en la prensa internacional.

“Con la crisis [del 2012] estaban muy interesados y vendían su mensaje de manera fuerte”, rememora Minder. El mensaje de que España era país fiable para invertir. “España es país de conspiraciones”, prosigue. “La teoría era que los medios norteamericanos conspiraban para hacer caer a España, provocar la caída del euro y beneficiar a los buitres de Wall Street. Eso me vino de lo más alto del gobierno español”.

Müller recuerda “muchas reuniones” con altos cargos en ese tiempo crítico. “El gobierno español se volcó mucho más en convencernos de que España iba bien durante la crisis. Como una reunión con el embajador en Berlín que nos espetó: ‘¿por qué hablan tan mal de España?’”.

El Estado no escatimó energías. “También he leído que tenían pinchado nuestro teléfono”, dice Minder con un punto de indiferencia. Ute Müller añade: “Entre 2007 y 2012 oía ruidos raros en mi teléfono. He tenido la sensación durante muchos años que me escuchaban”. En cualquier caso, remacha Minder, “las autoridades [españolas] tenían muy claro que estaban perdiendo una batalla que tenían que ganar”.

Ese no es el caso ahora. Es más fácil contactar con el Govern, más proactivo a la hora de explicarse. De Taillac tiene una explicación: El independentismo no puede contar con los estados, que están a favor del Estado español. En consecuencia, los independentistas tienen que hablar a la prensa para hacerse ver y oír por esos mismos estados. España, en cambio, tiene ganados a los estados y, claro, tiene menos interés en la prensa.

Mucha calma

Minder, que ha estado en todas las Diades desde 2012, está escribiendo un libro sobre Catalunya por encargo de una editorial británica. Le admira la capacidad de las entidades para organizar una movida “pacífica, ordenada, un caos organizado”. También el 15-M. “No creo que en muchas ciudades del mundo se pueda organizar algo así. Llama la atención”. Sin embargo, alerta, “la crisis es más clave que ANC y Òmnium. Sin la crisis no acude tanta gente a la Diada —ni a la Puerta del Sol el 15-M”.

De Taillac coincide. Le impresiona “la excelente capacidad para proporcionar imágenes”, de la ANC. “Cualquier jefe de televisión quiere emitirlas y los otros medios las ven y quieren también el tema. Ve tras el independentismo “un movimiento político transpartidista, más que social, que trata de desbordar a los partidos y marcar la agenda de la política institucional”.

Ute Müller, en cambio, no ha podido asistir a ninguna Diada. La de 2012 la pilló volando. “Vi que había perdido una gran noticia” y recuerda que temió que la despedirían por ello. “Cuando la gente se levanta despierta mucho interés, y el procés tiene un trasfondo de movimiento popular”.

El plan de Minder es este: “Lo voy a tomar con mucha calma. Es un juego de póker donde el primero que pierde la mano pierde el juego. No quiero que mis jefes y mis lectores se agobien leyendo cosas que cambian poco. Cuando pasemos de palabras a hechos, lo cubriré. Pero la discusión es poco relevante. Entraré en el juego en el momento clave”. Sus dos colegas asienten.

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