El Mundo está entre inquieto y exasperado por la resistencia a pactar con Vox de la líder del PP de Extremadura, María Guardiola, a quien no gustan las contraindicaciones y efectos secundarios del tal acuerdo. El diario más entusiasta de los pactos PP-Vox en todas partes y de cualquier manera no sale adelante de imponer la misma narrativa con que cambió Andalucía en las elecciones autonómicas de 2018. Aquel año, el PSOE fue el partido más votado pero hizo gobierno la coalición PP-Ciudadanos con auxilio externo de Vox. El relato que la derecha mediática hacía circular entonces —El Mundo al frente— era que la suma de fuerzas de la derecha ("del centroderecha", decían) era superior a la de la izquierda y que el PP tenía la obligación moral de ser el eje de un cambio necesario después de 36 años de gobiernos socialistas. Andalucía sufría el escandalazo de los ERE —680 millones de euros— y había sido sencillo identificar la época socialista como un festival de corrupción y repartijas que justificaba buscar y ampararse del apoyo de Vox a cambio de cederles alguna cosa. La semana pasada, esta lógica se impuso en el País Valencià y en las Baleares corregida y aumentada: la extrema derecha ha hecho tragar al futuro presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, y a la de las Baleares, Marga Prohens, ambos del PP, su marco ideológico, sus medidas y su lenguaje a cambio de los votos para obtener los gobiernos autonómicos. Ha pasado lo mismo en ayuntamientos como los de Valencia, Elche, Valladolid, Huesca, Toledo, Burgos...

En Extremadura (y en Murcia) se reproduce la misma situación de Andalucía 2018: la suma de PP y Vox supera en un diputado a la de PSOE y Podemos peeeeeeero ahora Vox no quiere hacer de comparsa y pide un trato aun mejor que el concedido por el PP en el País Valencià y en Baleares: la presidencia del Parlamento y consejerías. Maria Guardiola, la candidata del PP a la presidencia de Extremadura, no quiere consejeros de Vox ni en pintura. Está dispuesta incluso a repetir elecciones. El martes, el Trío de la Bencina todavía la presentaba como una nueva Agustina de Aragón y la prueba que el PP no pacta con Vox porque sí. Este jueves, sin embargo, las cosas giran de otra manera. ABC ni habla en portada. Lo esconde en un rincón de la segunda portada de página 2. La Razón lo explica con la lógica de "¡Qué viene el lobo!", anunciando que el candidato socialista, el inefable Guillermo Fernández Vara, ya se ha puesto en marcha para hacer correr el reloj y provocar nuevas elecciones. El Mundo, el más excitado, reproduce los mensajes de whatsapp que evidencian "la fractura" entre los negociadores del PP y de Vox.

El efecto de todo —especialmente en El Mundo, que ha movilizado en su kommentariat como un solo hombre (o dona)— es que los diarios del Trío de la Bencina están enfadados por la tozudez de María Guardiola, a la que se retrata tácitamente como una mujer poco flexible, inconsciente de lo que está en juego ("derogar el sanchismo", etcétera). Uno la califica como "la baronesa roja del PP", que es como ponerle una diana en la espalda. Guardiola actúa con principios, los suyos: ha aplaudido públicamente la campaña del Ministerio de Igualdad #ElHombreSeHace, da apoyo a la legislación sobre violencia de género y habla del aborto como de una "cuestión personal" que debe quedar fuera del debate político regional. Este miércoles remachó: "Yo no puedo dejar entrar [en el gobierno] a los que niegan la violencia machista, los que deshumanizan a los inmigrantes y los que despliegan una lona y tiran en la papelera la bandera LGTBI". El Mundo hace trombos desde hace dos días y poco le falta para sufrir un infarto masivo.

Quien más moja pan en todo este alboroto de contradicciones del PP y de sus terminales mediáticas es El País, que se pregunta en su editorial "¿Por qué lo que es perjudicial para los extremeños no lo es para los valencianos y para la multitud de ciudadanos que desde el sábado tienen en el gobierno de sus Ayuntamientos a Vox junto al Partido Popular?" (El Mundo se pregunta lo mismo pero en sentido contrario: si es bueno en Valencia también lo será en Extremadura). El título de portada del diario de los progres boomers es un cachete al juicio político del presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, que ha defendido las coaliciones con Vox en función de los votos obtenidos por el partido ultra y no de la coincidencia de programas. Ya veremos cómo acaba todo. Todavía no ha empezado la campaña de las elecciones generales y España cada vez parece más el camarote de los hermanos Marx.

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