Ciutadans no ha ganado mucha cuota de portada con su montaje victimista a raíz de la manifestación del orgullo LGTBI. Solo ABC le ofrece el póster entero y La Razón y La Vanguardia se hacen eco, en piezas pequeñas, de los lamentos de Inés Arrimadas pidiendo la dimisión del ministro Fernando Grande-Marlaska. En el resto de portadas no se ve ni rastro.

Eldiario.es explicaba ayer que el informe de gestión de ese partido mide el éxito por el crecimiento en seguidores en redes sociales de Cs y su líder, Albert Rivera; por el tiempo y espacio que ocupan en los medios performances como la del orgullo LGTBI (o Errenteria, Amer, Vic, Ugao-Miravalles, plaza Colón, etcétera...). Si estos son los indicadores que utilizan, hoy no salen muy bien parados en la prensa impresa, que les ha hecho un Tortosa.

De las dos cuestiones que ocuparán agenda política y, previsiblemente, portada, tampoco se ve hoy gran cosa. Sobre las disensiones entre las dos grandes fuerzas independentistas a propósito de los pactos municipales, ayer fue el día en que tocaba mover pieza a JxCat, que se ha ofrecido oficialmente a revertir sus pactos con el PSC si ERC hace lo mismo.

Respecto a los pactos para conseguir la investidura de Pedro Sánchez, parece que hay algún avance: Podemos está dispuesto a comprometerse por escrito a respetar y seguir la política catalana que establezca el PSOE, según El País y El Periódico. Dicho de otra forma: este es el precio que están dispuestos a pagar para que los socialistas decidan si les ofrecen ministros, secretarios de Estado o espacio en el gobierno para que lo ocupen independientes de su elección.

Un apunte al margen

La Vanguardia publicaba ayer un magnífico informe donde revela algunas conversaciones del comisario Villarejo, el de las cloacas del Estado, sobre la llamada operación Catalunya. Explica el excomisario, ahora en prisión preventiva, que la ministra Cospedal encargó la organización de un grupo dentro de la policía española a Eugenio Pino, entonces director adjunto operativo del cuerpo, para obtener datos de corrupción de dirigentes independentistas. El operativo las filtraría a los medios de comunicación "porque la finalidad no era una investigación judicial sino desacreditarlos públicamente", dice el diario, que confirma de primera mano lo que ya se había publicado.

Los policías inventaron y fabricaron la mayoría de los informes y el principal canal de difusión de esas mistificaciones fue El Mundo. Naturalmente, en este diario no se dice ni pío. En la portada de ayer, La Vanguardia lo daba en un cuadrito a una columna, medio perdido, y lo explicaba como un episodio de la batalla sucesoria entre Cospedal y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. La información es de primera para darse cuenta de hasta dónde llegó el anterior gobierno español —corrupción al margen, que ya es dejar al margen— en el abuso de los aparatos del estado contra los adversarios políticos, buena parte de los cuales están encarcelados, exiliados o embargados mientras los responsables políticos de la operación Catalunya se van de rositas. Llama la atención que no haya ningún comentario editorial, ni un mal semáforo rojo. Hoy no se hace ningún seguimiento de la cosa. Realmente llama la atención. No es un Tortosa, pero se parece bastante.

ABC

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