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A finales de la pasada legislatura, uno de los máximos responsables del PSOE explicaba en conversación informal con este periódico que el partido tenía que ponerse las pilas y encontrar a alguien que hiciera uso de las mismas artes comunicativas que Isabel Díaz Ayuso. O bien encontrar su propio Vito Quiles, o bien crear un ecosistema turbio como por el que campan miles de cuentas de extrema derecha en Twitter (X). En plena era del insulto trumpista, los socialistas se veían fuera de los nuevos marcos de la comunicación política, donde ya no hay grises ni matices. En cualquier caso, con la "flor en el culo" que el mismo Pedro Sánchez admitía tener la semana pasada cuando lo entrevistaban en La Revuelta de TVE, los dados del 23J de 2023 dejaron un tablero político que permitió al PSOE resistir en la Moncloa un mandato más.

Pero la fijación en tener un perro de presa en las filas socialistas no desapareció. En la misma legislatura en la que el PSOE, presuntamente, desplegó con Santos Cerdán y Leire Díez una red de cloacas para extorsionar a jueces, fiscales y agentes de la Guardia Civil que investigaban causas que afectan al partido y al Gobierno, Pedro Sánchez encontraba su killer del área. Un mordedor de rivales como Luis Suárez. Un José Mourinho que mete el dedo en el ojo de los entrenadores del otro equipo. Un Sergio Ramos que clava los tacos en las tibias de los contrarios. En septiembre de 2023 lo presentaba en sociedad: un rottweiler —etiqueta que él mismo ha hecho suya— que ahora arrastra dos tragedias y que se niega a dimitir. El máximo líder socialista elegía entonces a Óscar Puente, un diputado raso del PSOE militante desde los 90 poco conocido por todo el mundo que no fuera de Valladolid, para replicar en nombre de su partido durante el fallido debate de investidura de Alberto Núñez Feijóo.

Entre gritos de "cobarde" de los populares dirigidos a Sánchez, Puente subió al atril como quien sale a escena: antes de la abogacía, había subido a los escenarios con el Aula de Teatro de la Facultad de Derecho de Valladolid; dio vida a uno de los personajes de El avaro de Molière. "Tengo once años cotizados como actor y veinte en la abogacía", ha llegado a presumir los últimos años en algunas entrevistas. Ante Feijóo, defendió que en el sistema español no gobierne necesariamente la lista más votada en unas elecciones: "¿Por qué tiene usted más derecho a ser presidente del que yo a ser alcalde de Valladolid?" No era una pregunta retórica. Pocos meses antes, Puente había ganado las municipales en la capital castellana, pero un pacto entre PP y Vox le había quitado la alcaldía que ocupaba desde 2015. Dos meses después, el 21 de noviembre, Sánchez lo hacía ministro de Transportes. Él, que había dicho que no dos veces a una cartera para no dejar su "pueblo", ya no tenía ninguna excusa para negarse.

Desde entonces, el campo de juego de Puente ha sido Twitter (X). Allí ha interpretado el papel de marrullero. También en declaraciones pronunciadas en los micrófonos, más allá de las redes sociales. El repertorio es amplio. A Vito Quiles le ha llamado "saco de mierda" y le ha garantizado que pagaría "caro" su activismo político de extrema derecha. A la pareja de Ayuso la ha tachado de "testaferro con derecho a roce". Sobre el presidente argentino, Javier Milei, soltó que le había escuchado unas declaraciones que no sabía si eran "previas o posteriores a la ingesta de sustancias": el ataque abrió una crisis diplomática entre España y Argentina. A Ayuso, en plena ola de incendios, la acusó de ser "una mamarracha". En agosto de 2025, con algunas autonomías gobernadas por el PP quemando, se metió con bromas de mal gusto con los presidentes autonómicos por estar de vacaciones y no dedicarse lo suficiente a la gestión del fuego. Y a Carlos Mazón, con alerta roja por lluvias en el País Valencià, le preguntó si ya había "reservado en El Ventorro". Él ha justificado su talante sin complejos: "En las redes se juega duro y, si no juegas duro, pasas desapercibido y eres irrelevante".

El otro papel que ha interpretado Puente en esta red social es el de divulgador de la obra de su Ministerio. Durante la gestión posterior de la DANA valenciana de 2024 bajó el tono e hizo una explicación exhaustiva en tiempo real de todas las tareas de reparación que se llevaban a cabo en el territorio. Una de las mejores virtudes que ha tenido hasta ahora el ministro, de hecho, es su buena comunicación en las ruedas de prensa. Cuando ha tenido que comparecer ante diversas crisis, lo ha hecho dando todo tipo de detalles y demostrando haberse empollado la letra pequeña de las carpetas vinculadas a su cartera. Vierte tecnicismos, datos, horarios, demuestra tener buena memoria... y acostumbra a responder a todas las preguntas que le plantean periodistas y políticos de otras formaciones.

Los accidentes "tremendamente extraños" e "inexplicables" que han matado ya a más de cien viajeros

Después de reírse encarnizadamente de la gestión de tragedias por parte de adversarios políticos, a Puente le tocó sufrir la suya propia. El pasado mes de enero, un Iryo descarrilaba en Adamuz (Córdoba) y chocaba con un Alvia. Murieron 46 personas. El ministro habló de un accidente "tremendamente extraño". Meses después, la Guardia Civil constataba que nada pasa por arte de magia y que la vía se había roto 22 horas antes del accidente sin que saltara ninguna alarma. Dos días después de Adamuz, un muro caía sobre la R4 en Gelida (Alt Penedès); moría un maquinista y Rodalies se paralizaba. En el Senado, el ministro admitió que el servicio de la red de trenes catalana es "pésimo", pero devolvió el golpe al PP: "Me pedís la dimisión porque os molesta que haga muy bien mi trabajo". Las Cortes lo reprobaron por séptima vez en la legislatura.

El pasado miércoles, la red ferroviaria española volvía a sufrir una nueva catástrofe; todavía más mortífera, esta vez con al menos 69 personas perdiendo su vida. Un AVE de Renfe embistió a un Iryo parado en la entrada de Urda (Toledo). En la primera comparecencia que ofreció Puente después del accidente, desde el centro de control de Atocha, calificó de "inexplicable" la decisión de un operario de Adif de autorizar al tren a circular a hasta 200 kilómetros por hora, cuando el protocolo fija ir a un máximo de 40km/h cuando ha habido una caída previa del sistema de seguridad. El viernes, en una segunda comparecencia en el Ministerio, descartó nuevamente dimitir: "Mi manera de asumir responsabilidades es dar la cara". En una posterior conversación informal con periodistas, reveló que había puesto el cargo a disposición de Sánchez y que el presidente lo había rechazado porque consideraba que su salida sería "injusta". "Sé el calvario al que me someterán, encima en campaña electoral", admitió.

El accidente de Toledo no solo ha dado un vuelco a esta carrera electoral del PSOE, sino también a los planes de futuro personal de Puente. La política da muchas vueltas, pero el ministro ya se había postulado en los últimos meses como sucesor de Sánchez al frente del partido. Este verano, Puente comparaba en una entrevista al presidente del Gobierno con Michael Jordan y aseguraba que los socialistas tienen "el mejor líder posible". Ahora bien, si la pelota le llegara a sus manos cuando quedan dos segundos para que suene la bocina final, "no soy de los que la pasan", sentenciaba.