Desde que este jueves miles de personas procedentes de Marruecos entraran masivamente en Ceuta por la frontera del Tarajal, se ha especulado mucho en torno a las causas que hay detrás de esta crisis migratoria. Desde las "mafias que trafican con seres humanos y engañan a muchos jóvenes", que Pedro Sánchez ha insistido en denunciar, hasta el viaje del presidente español a Argelia —principal enemigo de Marruecos en la región— hace dos semanas o las tensiones del gobierno socialista con Estados Unidos e Israel, aliados de la monarquía alauita. Pero, más allá de todas estas hipótesis que señalan los expertos en geopolítica internacional y que han captado la atención de los medios de comunicación, existe el sufrimiento y la desesperación de muchos marroquíes —sobre todo jóvenes—, que intentan llegar a Europa para escapar de un país con escasas oportunidades laborales y una sensación de "fracaso" del gobierno en cuanto a justicia social, sanidad y educación. Y, sobre todo, una cifra: 67 es el número de cadáveres, según los datos oficiales, que han sido recuperados los últimos días en las costas de la ciudad autónoma.
El resto han vuelto, desde el viernes, agotados y dejando atrás la amarga certeza de una travesía que no les ha llevado a ninguna parte. La desinformación y las noticias falsas difundidas a través de las redes sociales empujaron a estos jóvenes a cruzar la frontera nadando, sobre todo a raíz de una sentencia del Tribunal Supremo del pasado 8 de julio que reducía las posibilidades legales de las "devoluciones en caliente". El efecto llamada de las redes sociales ha servido ahora también para que casi la totalidad de las 60.000 personas que entraron, vuelvan a Marruecos: "Hermana, ni lo intentes. Los españoles están muy movilizados, no dejan entrar a nadie y los que conseguimos pasar estamos volviendo. Que no se te ocurra venir", advertía uno de los jóvenes, según recoge la agencia EFE. Los que entraron se encontraron con una ciudad completamente cerrada: comercios con las persianas bajadas por miedo al vandalismo y centros de acogida sobrepasados, teniendo que pasar la noche a la intemperie sin comer ni beber. "Quería marchar para intentar salir adelante, pero no pudo ser. Esto no ha sido un buen plan", explicaba resignado otro chico también a EFE.
Ceuta recupera la normalidad, mientras se buscan más cadáveres
Al día siguiente de todo, mientras Ceuta recupera la normalidad con la apertura de muchos comercios, bares y restaurantes, la Guardia Civil mantiene un rastreo constante para localizar más cadáveres en la zona cercana al espigón fronterizo del Tarajal. Es el drama de la crisis migratoria que ha vivido Ceuta desde el jueves y que ni marroquíes ni ceutíes olvidarán. "Vimos personas morir a nuestro lado, lo juro por Dios. Morían en el agua. Cuando queríamos salvar a alguien, no pudimos hacer más de lo que estaba en nuestras manos", declara otro de los migrantes a la misma agencia citada. Además, el Hospital Universitario de Ceuta y los centros de salud han atendido estos dos días a 613 personas, de las cuales doce han quedado hospitalizadas, aunque ninguna reviste gravedad.
La resignación por no haber encontrado nada en Ceuta se convertía en impotencia al cruzar de nuevo hacia Fnideq, la ciudad fronteriza por la parte de Marruecos. Allí los migrantes han podido contemplar un paisaje propio de una batalla campal que libraron durante la madrugada las fuerzas de seguridad marroquíes con grupos violentos atrincherados en las proximidades del paso fronterizo. Vehículos calcinados, piedras y escombros bloqueaban el acceso por carretera a la frontera, que empieza a despejarse a medida que la policía toma el control de la zona. Los disturbios terminaron con varias personas detenidas y el uso de gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a las personas que se encontraban en la zona.
