Un informe ya previó "sorpresas" como la de Ceuta por el desbarajuste de la inteligencia española, tal como recoge El Periódico este martes, y como hemos podido observar en la cantidad de informes que ha habido y que no habían llegado a ninguna parte. Se trata de un trabajo de la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas (ESFAS), del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), que predijo en diciembre la posibilidad de que el Estado español tuviera que afrontar problemas internacionales por la descoordinación del Sistema de Seguridad Nacional (SSN), como también por la dispersión del trabajo de los servicios de inteligencia y por la incomunicación con el escalón de decisión política. Y sí, utilizó el término "sorpresas estratégicas".
El análisis Integración de la inteligencia en el Sistema de Seguridad Nacional, firmada por el comandante de Transmisiones del Ejército de Tierra Ricardo Simón, dice lo siguiente: "Aunque el marco jurídico ofrece los principios de coordinación y unidad de acción, el SSN no dispone de un sistema propio de inteligencia que oriente de forma sistemática sus prioridades". En la introducción, el oficial advertía que "las amenazas a la Seguridad Nacional ya no se presentan de forma aislada" y evolucionan a toda velocidad, de manera que "la reacción del Estado no puede limitarse a gestionar los efectos de cada crisis cuando ya está en curso".
El caos en los servicios de inteligencia
El trabajo clama a favor de obtener capacidad de anticipación y denuncia la falta de sistemas de alerta rápida, que el comandante Simón entiende como la capacidad de "detectar señales débiles y tendencias antes de que se conviertan en crisis". Así, avisa de que el Estado español se arriesga a sufrir "sorpresas estratégicas", un eufemismo suave que resume lo que pasó los días 30 y 31 de julio. "La comunidad de inteligencia española trabaja con eficacia en sus ámbitos propios, pero no dispone de un marco funcional que garantice un enlace directo con las estructuras de Seguridad Nacional", sentencia el análisis, que habla de una "brecha con el estamento político". También advierte de que esta brecha "podría verse acentuada en escenarios de crisis, cuando la rapidez y la claridad en la entrega de información resultan esenciales para orientar la respuesta del Estado".
El comandante considera que "la falta de procedimientos consolidados genera dos efectos: la fragmentación de la inteligencia estratégica y retrasos en su difusión", que a la vez provoca que la información sobre las amenazas "a veces contiene un nivel de detalle que dificulta extraer conclusiones rápidas" o "llega tarde, cuando la decisión ya se ha adoptado o cuando la oportunidad de actuación ha pasado". A todo esto contribuye "la falta de un canal estable de interlocución", añade. Al respecto, el informe identifica cuatro fases en los ciclos de inteligencia —dirección, obtención, elaboración y difusión— y denuncia dos hechos: "las dificultades para coordinar los diferentes organismos" y "la ausencia de canales estables que permitan trasladar las prioridades políticas en forma de requerimientos de inteligencia". Finalmente, propone que el Departamento de Seguridad Nacional, el órgano asesor del Gobierno español, asuma la dirección de todas las fases, a excepción de la de obtención de información.