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Ya han pasado 72 horas desde que el jueves unas 60.000 personas entraran en Ceuta desde Marruecos. Tres días después, las calles de Ceuta van recuperando la normalidad, a pesar de la presencia de militares —tres mil efectivos continúan desplegados—, y desde este sábado los primeros comercios, bares y restaurantes ya reabrieron, una vez que casi la totalidad de los migrantes habían vuelto a cruzar la frontera en sentido inverso, hacia Fnideq. Sin embargo, las calles más céntricas de Ceuta, y sobre todo algunas del exterior y en la zona de montaña, todavía mantienen la presencia de varios grupos de migrantes que se niegan a retornar de forma voluntaria a su país de origen. Estas personas pasean por la ciudad autónoma en grupos de entre tres y cinco personas y los efectivos del Ejército de Tierra y de la Policía Local les informan de que se tienen que ir hacia la frontera, ya que no serán regularizados por haber entrado de forma ilegal.

Grupos de migrantes durmiendo a la intemperie y buscando comida y agua

Estos grupos, formados sobre todo por jóvenes —y también algunos menores—, hace tres días que duermen a la intemperie y solicitan comida y agua. Muchos, más de mil, esperan en las puertas del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) para poder acceder al interior del recinto, que no solo tiene ocupadas las 512 plazas disponibles, sino que, además, mantiene una ocupación de más de 700 personas. Otros se encuentran acampados en las montañas, a la espera de que se puedan ir liberando plazas con la salida de personas hacia la península y en la playa de Benítez, donde la policía controla que no accedan por la carretera de acceso al recinto para no colapsar sus alrededores.

Migrantes esperando en la playa en Ceuta / Europa Press


En cambio, la frontera del Tarajal, que separa Ceuta de Marruecos, ha despertado este domingo tranquila y casi sin nuevos intentos de entrada por el espigón fronterizo, exceptuando un pequeño grupo de una decena de personas que ha intentado acceder nadando, y han sido controlados por el personal del Ejército. Desde este sábado, además, España instaló una barrera de boyas de 500 metros con el fin de justificar legalmente que las personas que entren nadando puedan ser igualmente devueltas al momento.

En este sentido, el delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez, ha asegurado este domingo que la ciudad autónoma está recuperando la normalidad y, aunque ha reconocido que "queda mucho camino por recorrer", ha insistido en que la situación "no tiene nada que ver" con lo que se vivió las primeras 24 horas después de la entrada masiva del jueves. De momento, sin embargo, unos tres mil efectivos, entre miembros de las Fuerzas de seguridad del Estado y militares, continuarán desplegados en la ciudad para garantizar la seguridad y estarán "el tiempo que sea necesario", ha remarcado Pérez.

La angustia por saber dónde están sus familiares

Mientras tanto, la angustia se traslada al otro lado de la frontera, en Marruecos, donde decenas de familias marroquíes esperan con la esperanza de ver aparecer a sus seres queridos o, al menos, saber si continúan vivos. "¿Has visto a mi hijo? ¿Lo conoces?", pregunta Zahra, que espera a su hermano, Ibrahim, mientras busca a su hijo de 17 años, según recoge la agencia EFE. Estas personas vienen de Tánger, de Fez o de Casablanca, pidiendo respuestas a pocos metros de la valla donde llegaron el jueves sus familiares, empujados por la desesperación y la desinformación en las redes, y sin saber que acabarían en una trampa que ha dejado, de momento, 72 muertos. "Los jóvenes quieren un futuro mejor, pero no es la manera", añade Zahra, desconcertada y sin entender por qué miles de personas se han jugado la vida de esta manera.

Migrantes cruzando la frontera de Ceuta hacia Marruecos / Europa Press


Allí, un grupo de jóvenes marcha en sentido inverso de cuando entraron el jueves. Cansados, algunos heridos y decepcionados, relatan a EFE que los agentes españoles los agredieron y los condujeron a la frontera para que volvieran a Fnideq. "Nos dejaron pasar, pero después allí no nos querían. No era lo que esperábamos", aseguran. Sin embargo, uno de ellos no tira la toalla y afirma que lo volverá a hacer, pero esta vez lo intentará solo. "No pasaré por Ceuta, iré directamente a España", dice. Es el objetivo de miles y miles de jóvenes que quieren escapar de un país con escasas oportunidades laborales y donde la monarquía alauita reina con mano de hierro, a pesar del fracaso en materia de justicia social, sanidad o educación. 72 horas después, todo parece volver a la normalidad, pero para cientos de familias marroquíes que han perdido algún miembro querido, la vida ya no será igual.