El Guernica, la obra magna de Pablo Picasso, vuelve a estar en el centro de la polémica a causa de una nueva petición de traslado temporal por parte del gobierno vasco, y la negativa del Estado español a considerarlo. No es la primera vez que ocurre. En 1997, con motivo de la inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao; en 2007, por el 70.º aniversario del trágico bombardeo que sirvió de inspiración al artista malagueño; en 2021, con motivo de los 85 años —Miquel Iceta, cuando era ministro, consideró que el traslado sería “un crimen”— y ahora, en el marco del 90.º aniversario de la constitución del primer gobierno vasco y el bombardeo de Gernika.  El Centro de Arte Reina Sofía, organismo público adscrito al Ministerio de Cultura, que es el propietario del cuadro, siempre se ha negado alegando cuestiones técnicas de conservación. El Estado siempre ha considerado inasumibles los riesgos que un traslado supondría para una obra de sus dimensiones (3,5 metros de alto por 7,8 metros de ancho), pero el lehendakari Imanol Pradales, aprovechando su encuentro bilateral con Pedro Sánchez, ha elevado la presión sobre el gobierno español. Ha vuelto a pedir este viernes que la obra fuera temporalmente cedida al Guggenheim alegando su “profundo significado histórico, simbólico y emocional” para la sociedad vasca, así como “un gesto de reparación simbólica y dignificación” hacia el pueblo vasco. Sería una cesión temporal de nueve meses, entre octubre de 2026 y junio de 2027. Pradales ha advertido que cerrar esta vía basándose únicamente en informes técnicos de conservación supondría “un grave error político”.

El cuadro, que Picasso pintó entre el 1 de mayo y el 4 de junio de 1937, nunca ha estado en Euskadi desde que volvió a España en septiembre de 1981 después de cuatro décadas de exilio en Nueva York y de haber viajado por el mundo durante esos tiempos. Picasso pintó el Guernica en el exilio y pidió que nunca viniera a España mientras existiera la dictadura de Franco. La obra viajó como reclamo propagandístico antibélico y se exhibió por todo el mundo para denunciar los horrores de la guerra, unos traslados que han causado grietas en el lienzo, pérdida de capa pictórica y daños estructurales acumulados.  El Reina Sofía nunca ha accedido a las peticiones de cesión temporal, rechazando peticiones tan significativas como la del MoMA en el año 2000 o el Royal Ontario Museum de Canadá, entre muchos otros. Las razones se explican en un informe técnico que desaconseja “rotundamente” cualquier traslado, alegando el riesgo que supone para una obra de estas dimensiones y su “situación particularmente frágil”. El informe explica que el lienzo —una única pieza sin costuras— combina lino en la urdimbre y yute en la trama, con una preparación industrial hecha a base de cola animal y una capa blanca de aspecto oleoso. Sobre esta base, Picasso trabajó con carboncillo y diversas capas de pintura de densidades diferentes, que van desde veladuras muy diluidas hasta zonas de una gran opacidad. Esta diversidad técnica, lejos de ser solo un rasgo formal, influye directamente en su conservación: la superficie está sometida a tensiones internas diversas, y cualquier vibración puede intensificarlas.

Los estudios técnicos iniciados el año 2012, basados en imágenes de ultra alta resolución, han puesto de manifiesto una gran cantidad de alteraciones acumuladas a lo largo del tiempo. En cuanto al soporte, se aprecian deformaciones en el perímetro provocadas por los continuos montajes y desmontajes; en la capa pictórica, en cambio, se identifican grietas, craquelados y microfisuras relacionadas con los procesos de enrollamiento y la manipulación de la pieza.

Las razones técnicas, nexo entre Sijena y el ‘Guernica’

Las razones técnicas que desaconsejan el traslado unen los casos del Gernica y las pinturas murales de Sijena, que el MNAC considera técnicamente imposibles de trasladar sin riesgo de daños irreversibles. Pero si bien tanto el cuadro de Picasso como las pinturas de Sijena son bienes culturales de altísimo valor que no se pueden reemplazar, son dos casos muy diferentes en su naturaleza técnica, histórica y jurídica. Los expertos consideran que el Gernica, a pesar de su complejidad, es más fácil de trasladar porque es de tela fácilmente transportable (aunque frágil por los traslados previos), mientras que las pinturas murales románicas de Sijena nacen como objeto-obra, un revestimiento de pintura integrado en un edificio y que forma parte de un inmueble. Pero en el caso del Guernica, aunque las razones que la sustentan son técnicas, la decisión final es política, mientras que en el caso de Sijena, la decisión es judicial, basada en la sentencia del Tribunal Supremo que obliga a trasladar los murales a pesar de los riesgos técnicos. Y aunque el MNAC alega la “incapacidad técnica”, está obligado a cumplirlo.