Desde la firma del ya llamado pacto de El Abrazo, tanto el PSOE como Ciudadanos (C's) habían copado el protagonismo en la investidura. No se entendían en la articulación del gobierno, pero el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, había sido el candidato indiscutible para la formación de Albert Rivera y para Podemos. Era la persona con el mandato constitucional del Rey, y cuando dejó de tenerlo, la aritmética y la posibilidad de pactar "a derecha e izquierda" lo mantenían como presidenciable.

Sin embargo, tras el fracaso de la mesa a tres entre el PSOE, C's y el secretario general de la formación morada, Pablo Iglesias, la suerte de Sánchez, y de la investidura en general, pasará por las bases de Podemos, o por un gesto de último minuto del Partido Popular (PP) en los 21 días que quedan hasta disolver las Cortes.

Podemos, referéndum

En un gesto para agotar la última vía posible con el partido de Pablo Iglesias y no tirar la toalla, el equipo negociador socialista contestó ayer la propuesta de 20 puntos que la formación morada había presentado en la reunión a tres, del jueves. Las medidas económicas son las más numerosas, aunque no se incluyen dos demandas esenciales para Podemos: el gobierno de izquierdas y el referéndum.

"En la reunión quedó acreditado que C's sólo permitiría retoques al pacto, que el PSOE renunciaba a explorar la vía de un gobierno progresista y que C's nunca aceptaría un gobierno que incluyera representantes de Podemos" era la respuesta de los podemitas. Es decir, que según los de Pablo Iglesias, hacer "el papel" no consta entre sus planes. "Sólo hay dos opciones, y seguir el paripé no está entre ellas: o una gran coalición del PSOE con el PP, o que el PSOE explore con nosotros la vía de un gobierno progresista", expresaban en la misiva.

En este escenario, la consulta para saber si se facilita un gobierno de Sánchez y Rivera se producirá esta semana, los días 14, 15 y 16, y en manos de la militancia quedará la posición final de la posición morada. El previsible veredicto será 'no': la militancia de un partido suele ser más intensa en preferencias que la cúpula, y tiende a dar apoyo a la posición de la formación. Iglesias y su número dos, Íñigo Errejón, votarán 'no', lo mismo que se espera de sus bases. Ante esta situación, acciones como la del fin de semana, de viajar uno a Catalunya y el otro al País Vasco, empiezan a sonar a precampaña, donde los podemitas deberán jugar la carta de unas confluencias sólidas.

La formación ha decidido emprender la reconfiguración del partido, como ya anunciaron, y ven en la convocatoria de elecciones un riesgo, al tiempo que otra alternativa: si dejan gobernar a PSOE y C's, podrían quedar escorados a la izquierda, y no es lo que quieren, en su intento de construir "pueblo" y "transversalidad".

"No se trata de sumar esfuerzos, sino de multiplicar y generar una identidad propia", así es como Errejón suele responder sobre la posibilidad de sumar a Izquierda Unida, al que consideran a la izquierda del PSOE y algunos no quieren incorporar.

PP, gobierno constitucional

El PP espera el advenimiento de unas nuevas elecciones, donde podría salir bien parado y gobernar con apoyo activo o pasivo de C's, a cambio de la cabeza de Mariano Rajoy. Sin embargo, los populares temen que Podemos acabe cediendo para investir Sánchez, por lo que intentarán acercarse al PSOE en los próximos días.

Lo intentaron el fin de semana, ofreciendo a los socialistas un gobierno constitucional o una gran coalición entre ambos. El PP insiste en colocar a C's como una fuerza que no le hace falta para llegar al ejecutivo, y desde el minuto 1, contar con el PSOE ha sido su primera opción, "como en la mayoría de países europeos", argumento que suelen expresar.

Sánchez no puede facilitar que los de Génova lleguen al gobierno, porque se lo negó el comité federal. La única opción sería que los de Rajoy se abstuvieran, cosa difícil de pensar en estos momentos, en tanto que ni la corrupción, ni el bloqueo institucional lo han empujado a mover ficha en más de 100 días.

La noticia de una gran coalición sería bien recibida en Podemos. Hace días estaban convencidos de que el PSOE cedería y gobernaría con los populares. El hecho hubiera permitido a los podemistas ocupar todo el espacio de la izquierda y seguir creciendo. Ahora bien, con el fracaso de Sánchez y los 21 días que quedan para disolver las Cortes, las miradas ya no están puestas en la única oferta que hasta ahora se había discutido: el pacto de El Abrazo, o el Gran Centro. Paradójicamente, están puestas en los que hasta ahora habían sido los actores secundarios de la investidura: las ofertas del PP y las bases de Podemos.