El expresident de la Generalitat, Jordi Pujol, ha roto su silencio en medio de las negociaciones entre PSOE y Junts, y justo al día siguiente de que el rey Felipe VI encargara a Pedro Sánchez la formación de gobierno. En declaraciones en exclusiva a ElNacional.cat, Pujol ha recomendado a los negociadores que "no se caiga en la candidez". En el mensaje, Pujol no cita directamente a nadie, pero se interpreta fácilmente como un consejo al líder de Junts y president en el exilio, Carles Puigdemont.

📌 La visita de Jordi Pujol a El Nacional: "Me hace feliz que la generación que creció con TV3 ahora haga esto"
 


Al mismo tiempo, Pujol les aconseja que sean "exigentes" en el momento de llegar a un hipotético pacto, que sería el primer acuerdo al que llegaría Junts per Catalunya y, más concretamente, Carles Puigdemont con un Gobierno de España desde que en 2017 se celebró el referéndum del 1 de octubre, la declaración unilateral de independencia y la aplicación del artículo 155 de la Constitución (que comportó la intervención de la Generalitat, la disolución del Parlament y la convocatoria de elecciones anticipadas el 21 de diciembre de aquel año).
 


En opinión de Pujol, esta firmeza tiene que servir "para procurar que no nos engañen". En este sentido, el que fuera líder de CiU recuerda que esta formación pactó con Adolfo Suárez (UCD), con Felipe González (PSOE) y con José María Aznar (PP) y por eso tiene conocimiento de causa: "Con algunas cosas del Pacto del Majestic no nos engañaron y España actuó de acuerdo con aquellos criterios. Pero no todos". En este sentido, Pujol recuerda que después de la primera legislatura de Aznar (en la que el PP necesitaba apoyos parlamentarios) llegó la segunda, en la que, con mayoría absoluta, empezó una ofensiva recentralizadora.

Por todo ello, Jordi Pujol considera que, en la situación actual, el posible acuerdo entre el PSOE y el independentismo no se puede limitar a un simple traspaso de competencias, como sí pasó con el pacto del Majestic de 1996. Para resumirlo, Pujol es muy claro sobre qué mentalidad puede imperar en el Estado y que hay que revisar: "'Esto lo resolveremos porque les traspasaremos Rodalies'... ¡Pero qué cara! Ya hace mucho tiempo que se tenía que haber traspasado. Con eso no resolveremos los problemas. El traspaso se tiene que hacer, como tantas otras cosas, pero el problema es más esencial".
 


Como prioridad de estas cuestiones esenciales está que Catalunya siga manteniendo su identidad, con la lengua al frente. "Es evidente que la economía es muy importante, es evidente que las infraestructuras son muy importantes, es evidente que el modelo social es muy importante. Pero hay una cosa única que es la identidad de Catalunya. Y esta identidad es la columna vertebral de la nación; no se puede perder".

En el mismo ámbito, Pujol hace una reflexión sobre la inmigración y recuerda la capacidad que siempre ha tenido Catalunya para absorber ciudadanos de otros países y que "se han acabado integrando y hablando el catalán". Dice el expresident que continúa vigente su máxima de "es catalán aquel que vive y trabaja en Catalunya", pero asegura que para mantener este modelo hace falta que la Generalitat disponga de las herramientas propias para regular los flujos de migración, tanto por lo que refiere a su llegada como su integración laboral y social. Son unas competencias que ya había pedido durante su época como president y que nunca ningún Gobierno ha cedido, ni siquiera cuando este capítulo quedó apuntado en el Estatut del 2006, tumbado por el Tribunal Constitucional el 2010.

Un pacto "con sentido histórico, que dure"

El expresident de la Generalitat subraya la inestabilidad que vive hoy España, que califica como "una situación de crisis" y por este motivo destaca la oportunidad que hay "porque España también tiene que hacer una reflexión" que —avanza— "no será fácil". Es en este punto donde las palabras de Pujol conectan con las de Carles Puigdemont cuando apeló a un acuerdo de carácter histórico y no de mínimos si el PSOE quiere los votos de Junts. "Hay que hacer alguna cosa —dice Pujol— que pueda durar a través de la historia", es decir, un pacto "con sentido de permanencia y de duración" y que "al cabo de 5, 10 o 20 años no se pueda decir que no sirve". Y concluye: "Por lo tanto, sí, con sentido histórico".


El que fuera líder de CiU, y experto negociador con los inquilinos de La Moncloa, reivindica el papel de garante de la estabilidad por parte de los nacionalismos catalán y vasco en momentos muy complicados por cada Gobierno, como fueron la Transición, las consecuencias del 23-F, la entrada de España en la Unión Europea, la gestión de las crisis económicas o la admisión de España a la moneda única europea. En estos diferentes episodios, Pujol recuerda: "Catalunya fue leal y aprobábamos presupuestos generales del Estado sin ni una sola enmienda con el fin de no hacer caer al gobierno de turno". En cierto sentido, Pujol echa de menos que esta lealtad fuera recíproca y menciona diferentes agravios, como el eterno déficit de financiación, la recentralización de competencias ya traspasadas, la negación al traspaso de nuevas "a pesar de sentencias del Constitucional como las becas universitarias", o la que lo hizo estallar todo: la respuesta negativa de España a todo un pacto generacional como fue el Estatut del 2006. ¿Pero fue la última? "No, hay más después de aquello: por ejemplo la ley Wert". Efectivamente, Pujol tiene muy marcada la ley del ministro que dijo aquello de "españolizar a los niños catalanes" y que en la práctica suponía revertir la inmersión lingüística, uno de los principales modelos de acuerdo conseguido en los años ochenta a petición de sus gobiernos y con la aprobación de los diferentes ejecutivos. El resto, dice, es historia.

Visita de Pujol a la nueva sede de El Nacional

Jordi Pujol ha hecho estas declaraciones en el marco de una visita institucional a las nuevas instalaciones de ElNacional.cat, que incluyen la nueva redacción y el nuevo departamento audiovisual. El que fuera president de la Generalitat entre el 1980 y 2003 fue recibido por el editor y director del diario, José Antich, con quien hizo un recorrido por la sede del diario. Fue al final de la visita cuando, preguntado por si quería hacer alguna declaración, el expresident catalán contestó positivamente y accedió a grabar sus reflexiones en torno a la situación política actual y que está muy marcada por el protagonismo que tiene el independentismo (y en especial Junts) en la gobernabilidad de España. Una gobernabilidad en la cual, como bien ha recordado, CiU tuvo un papel central bajo las presidencias de Adolfo Suárez y especialmente con Felipe González el año 1993 y José María Aznar en 1996.