Madrid ha acogido el Día de la Hispanidad en medio de una ingobernabilidad que se alarga desde hace casi un año y una lluvia persistente. Las condiciones climáticas no han impedido la presencia del gobierno en funciones y de los Reyes. Sin embargo, las circunstancias políticas sí se han hecho notar con la tímida asistencia del presidente de la gestora socialista, Javier Fernández. El líder provisional del PSOE ha acudido difuminado entre las autoridades y a pocos metros de un Mariano Rajoy que ya se ve cerca de revalidar como presidente.

La ceremonia empezaba con el paso firme del monarca y de Rajoy avanzando ambos sin paraguas bajo una lluvia pronunciada. El Rey pasaba revista a las tropas y después acompañaba a la reina y las princesas Leonor y Sofía a los asientos de la Tribuna Real. Es entonces cuando el simbolismo hacía aparición en el cuadro que se componía con la presencia del gabinete ministerial de Moncloa. La presidenta del Congreso, Ana Pastor, llevaba un vestido V.E.R.D.E., al igual que el color de la corbata del ministro de Justicia en funciones, Rafael Catalá. Es decir, el acrónimo de "Viva El Rey de España".

FOTO: Estefania Molina / Madrid

Catalá y Pastor no eran los únicos que resaltaban por la indumentaria. El ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández, llevaba unas gafas negras que causaban inquietud porque el sol no se ha dejado ver. A su lado estaban el ministro de Defensa en funciones, Pedro Morenés, y el de Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo. Margallo miraba serio y a ratos aguantaba la cabeza con la mano. Más desapercibidos han pasado para algunos ciudadanos el presidente del Tribunal Constitucional, Pérez de los Cobos, o el del Supremo, Gonzalo Moliner.

El primer homenaje era a los dos símbolos que identifican a un país: la bandera y el himno. Una 'rojigualda' de grandes dimensiones era izada a ritmo de la música nacional por tres guardias de los ejércitos de tierra, mar y aire. La lluvia no cesaba, acompañando el grito de "Viva" de las tropas.

Acto seguido, el monarca se aproximaba a la tarima para rendir homenaje a los soldados caídos en las misiones militares. Felipe VI colocaba en el altar un centro de flores y de pronto un ruido intenso eclipsaba la plaza de Neptuno, sin previo aviso para el público no acostumbrado a este tipo de acontecimientos. Tres aviones sobrevolaban el Paseo de Recoletos dibujando con humo de colores la bandera de España. El monarca esperaba en posición solemne, mientras el cielo de la capital se iluminaba por primera vez en toda la mañana, tras quedar oscurecido por las nubes.

Después del acto, el Jefe del Estado ha vuelto a la tribuna para saludar a los diferentes cuerpos que iban desfilando por la avenida. La Guardia Civil, el Ejército, la Legión, entre otras formaciones, pasaban ante el monarca, quien les hacía el saludo militar. Como rige la liturgia en este tipo de actos, los que llevaban una bandera española la bajaban justo delante de Felipe VI y este agachaba la cabeza, así como también lo hacía la Reina, en señal de respeto. Los soldados, a pie o a caballo, gritaban "Viva" frente al Rey, quien también es el Jefe de las Fuerzas Armadas del Estado.

Los Hernandos o la metáfora de la investidura

Entre el público y más alejados del pulso del poder, una imagen ha actuado de metáfora sobre el previsible destino de la ingobernabilidad en el Estado. Los dos portavoces del Congreso, y amigos, Rafa Hernando y Antonio Hernando, respectivamente de PP y PSOE, se han visto compartiendo un paraguas gigante. El segundo ha revalidado en el cargo a pesar de la dimisión de Pedro Sánchez, de quien era mano derecha. Ahora le tocará la tarea de -quizás- defender la abstención de su formación después de abogar por el 'no' a Rajoy. A su izquierda había también el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, y a la derecha, María Pico, una de las poderosas asesoras de la vicepresidenta en funciones Soraya Sáenz de Santamaría.

FOTO: Europa Press

Entre los ausentes al acto se cuenta a Podemos, como tampoco ha ido la alcaldesa de la capital, Manuela Carmena. Algunas voces insinuaban que Carmena quería evitar la pitada por su intento de retirar el nombre de la calle Millán Astray, que es el fundador del cuerpo de legionarios. Sí ha acudido la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, que se ha situado no muy lejos del gestor provisional, Fernández. Y así, bajo el agua incesante y con un gobierno en funciones, el Día de la Hispanidad se ha celebrado sin ninguna figura que simbolice con concreción a la oposición y al PSOE, el segundo partido del Estado.