Hemos quedado en el centro de Reus. Entre la plaza Prim y la del Mercadal, bajando por la calle de Santa Anna, hay una esquina con unas vidrieras grandes que muestran el interior de un local con unos colores, luz y ambiente que invitan a entrar.

En un espacio está la cocina. Toda a la vista. Un cristal la separa de una pequeña tienda de productos de aquellos que llaman “selectos”. Vinos de la tierra, quesos, aceite, autentica sobrasada mallorquina, café, te, chocolate, embutidos del país...

Recorriendo la fachada, giro y llego a la entrada del restaurante. Allí está él, de espalda. Abro la puerta, se gira y me recibe con su sonrisa característica, entre tímida y cálida.

Mientras Sergi busca encuadres para las fotos y Aleix mira donde podemos sentarlo para hacer la entrevista, me explica la gran aventura que ha hecho que un expresident del Parlament ayude siempre que puede al día a día de la cafetería y del restaurante que dirige y comanda su mujer, pero que es un proyecto vital conjunto.

Y es así como, de repente, me encuentro conversando con Ernest Benach de los problemas logísticos de una cocina, de como y donde encontrar buenos proveedores, de lo difícil que es encontrar buenos cocineros que quieran ir a trabajar a Reus, de que si te quieres dedicar a aprender a hacer buen pan tienes que ir a estudiar a Francia... Y le miro a los ojos y noto que habla con pasión, pero con aquella pasión serena que adquirió durante su paso por el segundo cargo más importante del país.

Cuándo Sergi y Aleix lo tienen todo a punto, nos sentamos y empezamos a gravar...

¿Dónde estamos?

- En Color d’Olor de Poma, una sinestesia sacada de un poema de Ferrater.

¿Y qué es Color d’Olor de Poma?

- Un restaurante-cafetería que también es tienda y que apuesta por el producto de proximidad.

Vaya, que es un proyecto...

- Y una idea, que comanda Àngels, mi pareja, y que apuesta por la cocina directa y próxima que cuida mucho el producto.

¿Y Ernest Benach qué hace aquí?

- Intento ayudar en lo que haga falta. Durante muchos años me dediqué a la política, que era una vocación y después fue una profesión. Y para hacerla bien tienes que dedicarle muchas horas. Eso requiere una complicidad muy grande de la pareja y de los hijos. Lo que estoy haciendo ahora es devolver todo aquello.

Dedicarse a la política requiere una complicidad muy grande de la pareja y de los hijos

La gente que pasa por delante de los grandes ventanales del local te ve. Y te conoce...

- Hay gente que se interesa y gente que dice “cómo es de éste no entro”. Pero se equivocan porque quien lo lleva es mi mujer. En todo caso creo que tienen que juzgarnos por las propuestas que hacemos.

¿Qué crees que transmites estando aquí?

- Lo mejor es la sensación de normalidad. Hay quien entra, me mira y me llama “¿de qué te conozco?". Y eso está muy bien.

¿Crees que te puedes convertir en un ejemplo?

- No lo pretendo en ningún caso y espero que no. No quiero ser héroe ni mártir de nada. Quiero ser una persona normal y corriente.

¿De todo lo que dijeron de ti cuando estabas en primera línea política, qué es lo que te dolió más?

- Todo aquello del coche, sin duda. El famoso reposapiés no existió físicamente. No lo vio nadie. Si durante siete años de presidente de la cámara, donde arranqué por ejemplo al Parlament 2.0, la gran crítica fue un reposapiés... piensas, ¿qué está pasando?

En algunas radios hablaban de ti como “ese jardinero”...

- Jiménez Losantos sí me lo llamaba, como si un jardinero no pudiera ser presidente del Parlament. A veces me llamaba basurero y a veces conserje. ¿Y si lo fuera, qué?

¿Para acabar, un restaurante se parece a un parlamento?

- Nada que ver. En todo tienes que poner pasión, pero cada lugar requiere sus especificidades. Podría buscar una metáfora, pero sería forzada. No, no, nada que ver.

Acabada la parte formal del encuentro, nos insiste para que nos quedemos a cenar. Durante la velada, como no podría ser de otra manera, hablamos de fútbol. Mantiene que eso del Barça es su único vicio, pero ahora va menos al campo porque sus hijos se van pasando los carnets. “Pero el pacto es que si yo quiero ir a un partido, entonces son para mí”.

Hablamos de castells. Ahora ya no va a los ensayos, pero los mismos que utilizan sus carnets blaugranas, sí. La saga familiar continua

Nos explica que el aceite del restaurante es suyo. Compraron unos cuantos olivos y la cosecha del año pasado fue de poco más de mil kilos.

Comenta con orgullo que no hace mucho fue un cliente que, después de mirarse una carta en la cual sólo hay vinos de la zona, le pidió un Rioja, y como consiguió que aquel hombre saliera convencido de la calidad del producto local.

No quiero ser héroe ni mártir de nada. Quiero ser una persona normal y corriente

Después de cenar charlo un largo rato con su mujer, que ha estado estudiando pastelería en Barcelona. Está con un papel y un bolígrafo haciendo garabatos porque hace días tiene en la cabeza hacer unas mini monas de Pascua. Me explica que por la noche ofrecen un menú degustación que cambian cada dos semanas. El de ahora; que incluye una ensalada de caballa marinada, unos mejillones que sirven dentro de un celofán, un fricandó y una sepia con patatas confitadas y ligeramente fritas, dejará paso pronto a platos de Semana Santa con presencia de bacalao y garbanzos. La espuma de crema catalana que elabora, sirve para hablar del menjar blanc y de un invento que al que le da vueltas desde hace tiempo. El bombón de chocolate hecho sin harina permite una larga conversación sobre alergias e intolerancias alimentarias y de cómo los restaurantes deben estar preparados para afrontarlas. En ese momento interviene Ernest y juntos recuerdan que no hace mucho tuvieron una mesa con cuatro personas, tres de las cuales tenían diversas alergias y que fue un reto.

Y después hablamos del café, que fueron a buscar expresamente a un proveedor... y del pan, que cuecen ellos y que presenta una miga compacta y fresca y una corteza crujiente... Y se nos hace tarde. Pero todavía tenemos tiempo para hablar de Periscope. Porque al inventor del Parlament 2.0 le siguen fascinando las nuevas tecnologías y está al día de todo lo que se cuece.

En la red y ahora también en la cocina.

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