La sangre no ha llegado al río sino al Parlament de Catalunya. Lo ha hecho literalmente -el Banco de Sangre ha instalado un punto de donación causante de más de un mareo a algún diputado- y también metafóricamente, con la decapitación del director de la Oficina Antifrau, Daniel de Alfonso.
En un pleno de resaca electoral, las tensiones de los 15 días de campaña y la sumarísima intervención para destituir a De Alfonso han marcado la jornada. La sesión de control al president ya ha encendido a un Puigdemont que ha apuntado: "El principal antisistema" es el Estado español.

Romeva y Comín fotografiando el momento de la votación de la destitución de De Alfonso /EFE
La voz solista del PP
En el FernandezGate, el PP se ha quedado solo: dentro y fuera del pleno. Ha sido el único grupo que ha votado en contra de la revocación del director de la Oficina Antifrau.
El diputado del PP Santi Rodríguez ha insistido en abonar la teoría de la conspiración contra el Estado de derecho de la que, en referencia a este caso, tiene la patente el ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández.
"El único hecho delictivo es la grabación de una conversación en el despacho del ministro del Interior. ¿Ningún diputado está preocupado por eso?!", ha exclamado el diputado, que también ha insinuado que todo es una conjura del resto de grupos parlamentarios para silenciar al magistrado que los podría perjudicar haciendo públicos posibles casos de corrupción.
La estrategia del calamar
La antítesis del 'solo' del PP ha sido la polifonía perfecta del resto de grupos del Parlament. Ciudadanos ha tildado de chapuza las artes del ministro, Rabell (CSQP) ha subrayado la "negligencia claramente demostrada" de De Alfonso que, desde JxSí, Marta Rovira ha condenado para sumarse a las críticas de la CUP, que ha puesto el acento en la tolerancia de algunos estamentos a las "cloacas del Estado". Desde el PSC, Ferran Pedret ha definido la respuesta de De Alfonso y el ministro como "la estrategia del calamar": que extendiendo la suciedad, intenta camuflar lo que es realmente importante.
La escapada de Arrimadas y Puigdemont
La defunción institucional del magistrado De Alfonso y la condena del ministro Fernández, ha dado una tregua al debate que la líder de la oposición, Inés Arrimadas, ha aprovechado para tomar un café. Casualmente, el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha encontrado oportuno acompañarla y, según fuentes consultadas, han aprovechado el momento para compartir impresiones sobre la campaña y la actualidad política.

Carles Puigdemont y Inés Arrimadas marchándose al bar /EFE
Un café entre Trumps
¿Cómo debe ser hacer aquello que los napolitanos denominan un bel' caffè con el populista republicano Donald Trump? ¿Y consigo mismo delante del espejo? Porque es precisamente con quiénes se han comparado los dos en una disputa dialéctica en qué se han tirado los trastos a la cabeza. También con Le Pen. No consta, al menos a los barmans, que uno de los dos haya acabado literalmente quemado por la bebida.
A pesar de todo también ha recibido flores. Al menos para Puigdemont, a quien Albiol ha puesto al nivel de David Cameron. Tampoco lo querían pintar como positivo los de la bancada popular, hablando del temido hombre del saco de Europa. Pero el president se ha puesto chulo, orgulloso, porque Cameron es un gentleman que pone urnas y que asume responsabilidades. Un hombre con quien tomaría mil y un tes (y no sólo un café). "Recomiendo que el próximo gobierno siga el modelo Cameron, porque nos iría mucho mejor", ha replicado.
El mundo 'in black and white'
No es el título de una canción, aunque una de Michael Jackson se parezca. Es la letra de un agarrado discurso de Puigdemont, en una cuadrada coreografía en que ha asegurado que a Catalunya le conviene el color. No porque ayer fue el día del orgullo LGTBI, sino porque la oscuridad de otras épocas no la quiere volver a ver en el Parlament.
Y es que después de votar el domingo, el convergente lo ve negro como el carbón. "La única alternativa es caminar decididamente hacia un Estado independiente, europeo, democrático", ha asegurado hoy, lamentando que el referéndum ahora, y no una Catalunya independiente, vagará por el famoso espacio sideral de García Margallo por los tiempos de los tiempos. Además, ha dicho que tiene amigos en España que lo entienden.
Referéndum de microondas
El de Girona no es de comer precalentado, y más si tiene que esperar cuatro años, cuando esté caducado. Lluís Rabell le ha insinuado que ponga el derecho a decidir en el congelador, que fraternalmente lo sacarán más tarde. Pero Puigdemont hace tiempo que escogió ir de menú. Le falta redecidir (con la CUP) en qué restaurante.
'Si quieren venir que vengan', parece que diga, mientras se marcha lentamente hacia la puerta con la vista puesta en el retrovisor. "No será posible la hoja de desconexión", le ha respondido Rabell, reiterando la reconstrucción de una amplia mayoría social y reconociendo, con aires de resignación, que las cosas no fueron bien el domingo.
El cinismo de Diógenes
Como el vicepresident, Oriol Junqueras, no osa ser menos, ha tenido su particular disputa tradicional con el ecosocialista Joan Coscubiela. Este le ha dicho que era un cínico y un Diógenes, que está engañando con las consecuencias de la prórroga presupuestaria. Junqueras ha subido tanto el tono para decirle que es un "desvergonzado", que la socialista Alícia Romero, que venía después, ha bajado tímida a su intervención, señalando como podía acabar la tarde si se seguía en esta línea.
El verde y el republicano no se profesan mucha simpatía, aunque en las carcajadas mientras uno atacaba el otro se denotaba divertimento. Vendedor de humo, utilizar a la gente como un escudo humano o hombre de mala fe son algunos de los calificativos cruzados que se han ido regalando.