La calle ha empezado a hablar antes de que Pedro Sánchez decida si convoca las urnas. Miles de personas —500.000 según los organizadores y 70.000 según la Delegación del Gobierno— han salido este sábado a las calles de Madrid y de decenas de ciudades del Estado para exigir medidas urgentes contra la crisis de la vivienda y dar un paso más en una movilización que ha gritado bien alto cuál es su siguiente objetivo: una huelga general. La protesta llega solo 24 horas después de que el Congreso tumbara los dos decretos de vivienda del Gobierno y en un momento político especialmente delicado: Sánchez dedica este fin de semana a valorar si da por terminada la legislatura y convoca elecciones anticipadas. Y una de las cosas que está mirando es, precisamente, qué pasa en la calle. La lluvia, que había castigado Madrid durante la noche y primera hora de la mañana, ha dado una tregua justo cuando empezaban las marchas. El cielo se ha abierto al mediodía y ha permitido que las cuatro columnas avanzaran sin grandes tropiezos hacia Cibeles. Aun así, el tiempo inestable ha planeado sobre una convocatoria que los organizadores querían convertir en una nueva demostración de fuerza después de una semana de protestas. En las calles, entre batucadas, pancartas y llaves agitadas al aire, el ambiente ha sido más reivindicativo que solemne.
Plaza España abarrotada ahora mismo, justo antes de comenzar la manifestación.
— Euge (@eeugee_) October 3, 2026
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En Madrid, la movilización ha comenzado a las doce del mediodía con cuatro grandes columnas de manifestantes avanzando simultáneamente hacia Cibeles desde Atocha, la plaza de España, la glorieta de Emilio Castelar y el Hospital de La Princesa. La convocatoria tiene un lema que deja poco margen a la interpretación: "Hacia la huelga general por la vivienda". La protesta reclama, entre otras medidas, fuertes reducciones de los alquileres, poner fin a los desahucios y actuar contra los grandes fondos inmobiliarios. La imagen en el centro de Madrid vuelve a ser la de una ciudad ocupada por pancartas, gritos y llaves agitadas en el aire. Pero este sábado hay un elemento nuevo. Si las primeras protestas nacieron sacudidas por el desahucio de Maricarmen, la mujer de 87 años expulsada del piso donde había vivido durante décadas, ahora el movimiento intenta demostrar que aquella indignación no era solo una explosión puntual. Quiere convertirla en una movilización sostenida.
La huelga general llegará "pronto"
"Ahora toca huelga general" es una de las consignas que resuena en Madrid. El Sindicat de Llogateres ya habla abiertamente de este escenario. Su portavoz, Valeria Racu, ha asegurado este sábado que la convocatoria llegará "pronto" y ha explicado que mantienen conversaciones con los sindicatos laborales mayoritarios. Según Racu, estos comparten la necesidad de articular una respuesta más amplia a la crisis de la vivienda. El mensaje busca, además, desligar la protesta de un partido concreto: "Gobierne quien gobierne", advierten los convocantes, no aceptarán cuatro años más sin una respuesta a la crisis de la vivienda. La protesta reparte los reproches. En Madrid se oyen proclamas contra Isabel Díaz Ayuso y el alcalde José Luis Martínez-Almeida, pero también contra el propio ejecutivo de Sánchez, al que una parte de los manifestantes acusa de haber reaccionado demasiado tarde. Es probablemente esta transversalidad del malestar la que convierte la jornada en algo más que una manifestación sectorial.
Gigantesca manifestación hoy en Madrid contra los desahucios y por la vivienda digna. Impresionante.
— Fonsi Loaiza (@FonsiLoaiza) October 3, 2026
(📸 Santi Burgos El País) pic.twitter.com/lzcFv4koQb
Un termómetro para Sánchez
En la Moncloa miran atentamente la dimensión de la protesta. Sánchez todavía no ha decidido definitivamente si adelanta las elecciones, pero la posibilidad de una convocatoria inmediata está sobre la mesa después de la derrota parlamentaria de los decretos de vivienda. Según la mayoría de los medios, el presidente está analizando sondeos, escuchando a ministros, dirigentes del PSOE y socios del gobierno, pero también espera comprobar hasta dónde llega la ola de movilización social. La manifestación de este sábado es, en este sentido, un sondeo sin urnas.
La Moncloa quiere saber si la indignación que empezó con el caso Maricarmen y que ha acabado con la acampada de la Puerta del Sol es capaz de convertirse en un movimiento mucho más amplio. La dimensión de las protestas puede ayudar a Sánchez a medir hasta qué punto la vivienda ha desplazado otras preocupaciones de la agenda política y hasta qué punto la derrota de los decretos en el Congreso puede movilizar electoralmente a los votantes. La fecha también pesa. Si Sánchez decidiera disolver las Cortes inmediatamente, el 29 de noviembre sería la primera fecha posible para unas elecciones generales. El presidente no tiene agenda pública este fin de semana y la decisión podría llegar antes del lunes o el mismo lunes, coincidiendo con una reunión ya prevista de la ejecutiva socialista.
Cae la manifestación de l'Hospitalet
La presión, sin embargo, no se limita a Madrid. Las movilizaciones se han convocado este sábado en una cincuentena de ciudades de todo el estado, con actos en Valencia, Sevilla, Málaga, Zaragoza, A Coruña, Valladolid, Donostia, Vitoria o Palma, entre muchas otras. CCOO y UGT han hecho un llamamiento a participar y han anunciado que analizarán con sus órganos de dirección cómo articular una estrategia conjunta con movimientos de inquilinos, organizaciones sociales y entidades vecinales después de la derrota de los decretos.
En Catalunya, uno de los principales focos tenía que ser L'Hospitalet de Llobregat, donde había convocada una manifestación esta tarde, pero que se ha acabado aplazando al lunes que viene (19 h) por las lluvias torrenciales y las tormentas violentas que se esperan en la ciudad. El movimiento por la vivienda catalán hace días que reclama una huelga general y la portavoz del Sindicat de Llogateres, Carme Arcarazo, aseguró el viernes que esta debería ser "inminente". La convocatoria de l'Hospitalet llega, además, después de dos casos recientes de suicidio vinculados a procesos de desahucio que han sacudido la ciudad, el de Olga y el de José Antonio.
La prueba es saber si la protesta crece
Hasta dónde llegará el movimiento por la vivienda es probablemente la gran pregunta de este sábado. La Puerta del Sol ha completado ya una semana de acampada —varias informaciones situaban en cerca de 2.000 las personas concentradas esta madrugada— y la protesta intenta ahora saltar de la plaza a los barrios, a los centros de trabajo y a otras ciudades. Pasar de una acampada y unas manifestaciones multitudinarias a una huelga general, sin embargo, es un salto importante. Requeriría una implicación mucho mayor de los sindicatos laborales y demostrar que el malestar por la vivienda es capaz de arrastrar sectores sociales que hasta ahora no se han movilizado.
Precisamente por eso, las cifras y las imágenes de este sábado importan tanto políticamente. No solo para los convocantes, que quieren demostrar que el movimiento sigue creciendo después de la caída de los decretos. También para un Pedro Sánchez que observa la calle mientras decide si sigue intentando gobernar una legislatura cada vez más complicada o vuelve a poner el futuro del gobierno en manos de las urnas. Este sábado, por tanto, Madrid y el resto de ciudades no deciden si habrá elecciones. Pero sí que proporcionan uno de los datos que Sánchez ha decidido mirar antes de tomar la decisión.