Al límite entre el barrio de Triana y el de Los Remedios, acaba de instalarse en un nuevo local el Casal Català de Sevilla. Es el único espacio de este tipo en toda Andalucía y trabaja para mantener desde aquí la cultura y las tradiciones catalanas. El acto que más éxito tiene cada año es la 'calçotada', en la que participan cerca de 150 personas, pero también celebran Sant Jordi, la Castañada o Sant Joan.

Su presidenta, Marta Strohecker, de abuelo alemán, vive en Sevilla desde 1980 cuando se trasladó con su marido después de haber vivido una temporada en Catalunya. Cuando su marido murió, en 2001, decidió impulsar el casal, animada por una amiga que se encargaba del Lugar Canario en la capital andaluza.

Durante muchos años, Marta había llevado una floristería en la calle San Marcos -una de las principales y más céntricas de Sevilla-. "Cada vez que escuchaba gente hablar en catalán, enseguida salía de la parada a preguntar si podía ayudarlos y así hablar un poco [el catalán] porque lo echaba de menos", explica, recordando uno de los motivos que la llevaron a abrir el casal.

Ahora, en los bajos soleados de la calle Niebla, donde se están instalando, se habla catalán pero también se enseña. La encargada es Adela, que hace de profesora a la vez que lo combina con el trabajo en una tienda. En Andalucía es difícil encontrar lugares donde estudiar el catalán, pero aseguran que la demanda no es baja. "A los cursos que organizamos, viene gente de toda Andalucía", destaca Adela.

Los principales motivos por los que andaluces quieren aprender catalán son para trasladarse a Catalunya a vivir, para poder presentarse a oposiciones públicas allí -en muchos casos es necesario el nivel B1 o B2- o por motivos sentimentales (tienen parejas o familiares catalanes). Sin embargo, también hay hijos de catalanes que han nacido en Andausia y han hablado siempre el catalán en casa pero no lo han escrito nunca.

"El 155 lo paró todo"

Si hablamos de política se declaran "apolíticos" y sienten un cierto cansancio hacia este tema. "Siempre se enfadan unos o se enfadan los otros", se quejan. Sin embargo, Raül, el tesorero, aprovecha para apuntar que el casal "tendría más posibilidades si fuéramos independientes", dice aludiendo a los casales catalanes en el extranjero como el de Bruselas o Ginebra. "Los casales en Europa tienen mucho 'poderío'", asegura.

Mientras, el Casal Catalán de Sevilla vive de las cuotas (5€ al mes) del centenar de socios que tienen y recibe una subvención anual del Govern, junto con el casal catalán de Bilbao, el de Madrid y el de Zaragoza. Hace unos meses, con la aplicación del artículo 155 y la suspensión de la autonomía de Catalunya, esta financiación quedó bloqueada, amenazando la supervivencia del casal. "El 155 lo paró todo", recuerda Marta.

A día de hoy, poco a poco, se ha ido recuperando la normalidad, aunque explican que su presencia no está bien vista por todo el mundo. "A ver, no hacemos gracia", asegura Adela, que dice que se nota "cierta manía". Esta sensación se disparó durante las semanas previas al referéndum del 1-O, cuando los balcones de la capital andaluza se llenaron de banderas españolas, muchas de las cuales todavía siguen estando allí más de un año después.

Por todo eso, aseguran que prefieren desvincularse de la política: "Más vale trabajar por Catalunya, que por eso estamos aquí", concluye Marta.

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