Insultos, vivas al Rey, patadas en los escaños... La portavoz de EH Bildu en el Congreso de los Diputados, Mertxe Aizpurua, casi no ha podido ligar ni dos frases seguidas sin que la derecha saltara de su bancada. En medio de una lluvia de faltas de respeto, que ha durado de principio a final, la diputada abertzale ha apostado por la vía del diálogo y ha advertido al candidato Pedro Sánchez que esta es la última oportunidad de los socialistas. "Fuera, fuera", han gritado los diputados conservadores al acabar su intervención. Incluso se han oido gritos de "muérete". 

De principio a final, el discurso se ha visto enfangado por las interrupciones constantes, sobre todo con gritos de "asesina" que provenían de la bancada de las tres derechas. "¡Nos matabais a nosotros!", le ha llegado a decir el líder de la oposición, Pablo Casado, que no ha parado de interrumpir a Aizpurua. El portavoz de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, le ha dicho que "tiene las manos manchadas de sangre". El diptuado del PP Mario Garcés le ha llegado a gritar "muérete".

Tanto es así que la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, ha tenido que intervenir hasta dos veces. "La libertad de expresión y el pluralismo son fundamentos de nuestra Constitución", ha recordado Batet la primera vez, que ha recibido el aplauso del PSOE y Unidas Podemos. Pero aun así los insultos han continuado. La segunda vez ha tenido que recordar que, en un parlamento, las posiciones se defienden "mediante la palabra y no el insulto".

A pesar de su abstención, Mertxe Aizpurua ha advertido que no son ingenuos. Se ha limitado a recordarles que esta es la última oportunidad: "Usted y su gobierno son la última oportunidad del Estado para demostrar que es posible resolver democráticamente la cuestión nacional vasca, catalana y gallega". En este sentido, ha añadido: "Ustedes son el último tren hacia la última estación. No dejen pasar la oportunidad".

Aparte de la agenda social, la portavoz de EH Bildu en el Congreso ha reclamado dos agendas. Primero, "una agenda que desde el diálogo y el acuerdo respete el carácter plurinacional del Estado y el derecho de sus viejas naciones a decidir libremente su futuro". La segunda, "una agenda para la paz y la convivencia, que pasa también por un cambio en la política penitenciaria, que la ajuste a la legalidad y la rescate definitivamente de la excepcionalidad y la venganza en que la han instalado".

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