Con un trago de agua da por cerrado el Partido Popular la polémica y posterior renuncia por la propuesta de José Manuel Soria para el Banco Mundial. Mariano Rajoy ha hecho literalmente este gesto cuando el candidato del PP a lehendakari para el País Vasco, Alfonso Alonso, era interpelado por los periodistas en un desayuno informativo. "El asunto quedó cerrado ayer, no tengo demasiado más que decir", esgrimía Alonso ante el ademán impertérrito de Rajoy. No hay más palabras, ni explicaciones, tampoco sobre si esto perjudicará a los populares en Galicia y Euskadi en las elecciones del 25 de septiembre.
El motivo de la reunión no era la polémica entorno al extitular de Industria, Energía y Turismo. Alonso asistía para defender su candidatura para los comicios en su comunidad autónoma y el encargado de presentar la reunión era el presidente en funciones. Este se ha deshecho en varios elogios y palabras sobre su exministro de confianza. Esto, hasta que ha llegado el turno de los periodistas, cuando tanto Rajoy como Alonso han hecho evidente la voluntad de pasar página. No es habitual que el introductor –en este caso Rajoy– intervenga, pero los populares cierran así filas ante las informaciones sobre su malestar interno sobre la renuncia del político canario.
Así las cosas, buena parte de la dirección del partido y del gobierno han asistido al encuentro y algunos han celebrado la acción del exministro. El vicesecretario general, Javier Maroto, ha indicado que "rectificar es de sabios" y la ministra en funciones de agricultura, Isabel García Tejerina, ha afirmado la "lealtad" que el gesto de Soria indicaba respecto a su compromiso con el presidente y hacia su antigua formación.
El PP enfrentará unos comicios difíciles a partir de las 00.00 de este viernes. A la investidura fracasada y la emergencia de Podemos se suma la negativa del Tribunal Constitucional de revisar la posibilidad de que el candidato de EH Bildu, Arnaldo Otegi, liderara la lista para la lehendakaritza. Los populares no han ocupado nunca la primera plaza en el gobierno de Euskadi, aunque tienen las cartas puestas en el apoyo ofrecido al PNV para mantener un cierto control en la autonomía. Alonso ha reiterado este miércoles el ofrecimiento a su rival, Íñigo Urkullu, de apoyarle en la investidura vasca para la construcción de un gobierno "moderado" y que apueste por el crecimiento económico.
En Génova son conscientes de la deriva de los nacionalistas vascos cuanto al derecho a decidir. Este es el temor que planea sobre el PP y por el que quieren levantar un dique de contención hacia una alternativa de Podemos y EH Bildu –reforzado en el mundo abertzale por la inhabilitación de Otegi– y el PNV. Por ejemplo, Alonso recordó que estas tres fuerzas se apoyaban en algunas alcaldías y ayuntamientos. Así las cosas, el discurso del candidato ha ido dirigido a hablar sobre los presuntos peligros de aquellos que quieren "convocar consultas ilegales de separación de España y de Europa. Medidas populistas que han fracasado en todo el mundo". El extitular de Sanidad ha apelado a los jeltzales y a esa "mayoría moderada que quiere estabilidad, a los vascos que no quieren dejar de ser españoles y europeos".
La investidura en Euskadi no parece desligable de la española. El Nacional ha preguntado a Alonso sobre si veía factible que los nacionalistas vascos se abriesen a apoyar a Rajoy tras el 25 de septiembre. Los populares hacía días venían insinuando tal posibilidad como un intercambio entre ambas, hasta que el portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, explicó que no se produciría. Alonso respondió que "no habría un intercambio de cromos" porque la cuestión era "vertebrar un proyecto para España". "Un gobierno vasco débil sólo irá en detrimento de los ciudadanos vascos", expuso.
Ante las críticas de Alfonso a la alianza en favor de la autodeterminación, algunos periodistas le han preguntado sobre por qué tiene temor si Urkullu, lehendakari vasco, se define como una fuerza "moderada". "El nacionalismo es moderado hasta que tiene riesgo de perder el sillón. Le pasó a Artur Mas, a Ibarretxe... eran moderados", decía, ante un silencio de Rajoy que se ha mantenido en todo momento.