La exalcaldesa de Barcelona Ada Colau, el concejal de ERC Jordi Coronas y otros miembros de la Flotilla que zarpó de la capital catalana a finales de agosto declaran esta semana en la Audiencia Nacional a raíz de una denuncia que han presentado contra el estado de Israel. Los políticos han denunciado a varios ministros del gobierno de Benjamin Netanyahu y otros mandos por las agresiones que aseguran haber sufrido al ser interceptados y detenidos por el ejército israelí el pasado mes de octubre. Colau comparece este martes y atenderá a los medios acompañada por la mujer de Saif Abukeshek, miembro de la Flotilla detenido por Israel el 29 de abril en aguas internacionales y que sigue aún encarcelado. El miércoles será el turno de Jordi Coronas, que denuncia a varios miembros del gobierno de Israel y mandos militares.
Jordi Coronas relata en detalle en su denuncia el trato recibido en la prisión de Ketziot. Asegura haber sido sometido a un régimen de "deshumanización sistemática" que incluyó tratos inhumanos, humillantes y degradantes. Las condiciones y abusos específicos que detalla en su denuncia incluyen el traslado a la prisión en un camión con un interior metálico y el aire acondicionado extremadamente frío, sin ropa de abrigo y con las manos atadas con bridas. El concejal republicano afirma que los confinaron en una jaula al aire libre, amontonados de tal manera que no podían ni sentarse, mientras militares armados les gritaban e insultaban.
Obligado a desnudarse
La denuncia también precisa que fue obligado a desnudarse completamente durante un registro, en presencia de personal de seguridad que se burlaba de ellos. Asimismo, el texto indica que le confiscaron todas sus pertenencias, medicamentos y documentos. En la celda se encontró en una situación de hacinamiento, compartir un espacio de seis por tres metros con 12 hombres más. Durmieron directamente en el suelo, no había ventilación y pasaron más de 48 horas sin poder salir al patio de la prisión.
Entre otras torturas, denuncia haber sido privado del sueño de forma intencionada, manteniendo la celda iluminada todo el tiempo. Coronas sostiene que, para evitar que durmieran más de dos horas seguidas, los guardias encendían y apagaban las luces expresamente o irrumpían de madrugada empujándolos contra la pared, apuntándolos con punteros láser y fuertemente armados con fusiles de asalto, ametralladoras e incluso perros. También se llevaban a compañeros en plena noche para generar terror e incertidumbre. El calor que sufrieron en la prisión, según el denunciante, fue extremo, y asegura que en tres días no comió nada.