Los tambores de adelanto electoral suenan con algo más de fuerza en Catalunya. Parece que al PSOE podría interesarle y para el PSC no supone ningún problema poner el Parlament y la Generalitat al servicio de los intereses de su partido matriz. A medida que esta posibilidad vaya ganando fuerza, veremos cómo se publican encuestas de todo tipo, la mayoría centradas en la intención directa de voto y algunas intentando explicar determinados comportamientos electorales. Estas últimas son interesantes porque dan alguna pista para entender qué piensan y cómo votan los catalanes, y también, y sobre todo, para entender que existen comportamientos electorales relativamente estables, que pueden cambiar de opción política, pero no de comportamiento.
Un ejemplo: desde hace unos quince años dentro del independentismo existe el voto protesta. Un voto que pueden representar distintas siglas políticas según el momento, hasta el punto de llegar a reflejar extremos ideológicos como la CUP y Aliança Catalana. Tienen su origen en comarcas con una identidad catalana fuerte, con una cultura localista muy marcada —empiezan en los ayuntamientos— y canalizan el voto protesta. Una vez que dan el salto a la política catalana, irrumpen en el Parlament con un 3-4% del voto. En el caso de la CUP, fueron unos 126.000 votos y 3 diputados —Girona, Tarragona y Barcelona— y en el de AC fueron unos 118.000 votos y 2 diputados —ambos por Girona—. La entrada en el Parlament se produce mayoritariamente por circunscripciones distintas a la de Barcelona.
Desde hace unos quince años, dentro del independentismo, existe el voto protesta. Un voto que pueden representar distintas siglas políticas, según el momento, hasta el punto de llegar a reflejar extremos ideológicos como la CUP y Aliança Catalana
Una vez en el Parlament, se produce el gran descubrimiento para el conjunto de la población. La CUP destacó entre los votantes más jóvenes por liderazgos alternativos y Aliança tiene un votante más transversal y un liderazgo muy personalista. Del 3,8% de los votos de 2012 (3 diputados), la CUP pasó al 8,2% del voto en 2015 (338 mil votos y 10 diputados). Aliança obtuvo el 3,8% de los votos en 2024 y todas las encuestas pronostican que podría acercarse al 10% en próximas elecciones. Terminemos de explicar la historia de la CUP antes de entrar en el análisis de esta semejanza. En 2017 la CUP bajó a 4 diputados, en 2021 se recuperó hasta los 9 y en 2024 volvió a los 4 diputados, como resultado de 128 mil votos, un 4%. Igual que en 2012.
Los motivos de la bajada se deben a que la CUP es quien más ha pagado la caída del procés. Creció por ser el voto protesta del procés y ha bajado con el procés. Además, se ha demostrado poco efectiva y ahora muchos la ven institucionalizada. ¿Qué lectura pueden hacer los partidos más sistémicos del proceso para saber cómo relacionarse con el voto protesta? ¿Qué lectura debería hacer Aliança para que no le acabe ocurriendo lo mismo que a aquellos con los que comparte unos inicios tan parecidos? El voto protesta ha pasado del procés a la decepción del procés. Ha pasado del antisistema a la crisis migratoria. ¿Y si solo se trata de eso, de un voto protesta? Pero, ¿y si es estructural? Vale la pena prestarle algo de atención e intentar entenderlo.
