Uf! Pueden irse preparando: ésta va a ser la legislatura del "¡Váyase señor Mas!". Porque la comparecencia del president de la Generalitat en funciones ante la Diputació Permanent del Parlament consistió básicamente en éso. Una oposición armada hasta los dientes después de la operación de la Guardia Civil contra Convergència en busca de pruebas para poder trenzar una causa judicial de cobro irregular de comisiones a cambio de concesiones de obra pública. Los presidentes o portavoces de los grupos parlamentarios de Ciudadanos, PSC, Catalunya Sí que es Pot y Partido Popular, que suman 63 escaños en la nueva Cámara legislativa a catalana, cuya solemne sesión constitutiva tendrá lugar el lunes, pidiéndole que renuncie a su candidatura y a un nuevo mandato en la Generalitat antes de que se constituya el Parlament surgido de las urnas el pasado 27S no deja de ser algo más que una novedad. Para que conste en los archivos, es la segunda ocasión en la misma semana en que políticamente coinciden los cuatro grupos de la oposición que llevan como santo y seña su oposición a la independencia de Catalunya.
No se va a ir Mas a casa, por lo que él mismo ha explicado en numerosas ocasiones en las últimas semanas. Y no es una posición movible, por lo que aseguran los que han hablado con el president. Pero es evidente que la próxima presidenta del Parlament, Carme Forcadell, va a tener un trabajo extra a sumar a su quehacer ordinario consistente en hacer de la Cámara catalana un espacio de debate de diferentes puntos de vista, que rebaje la crispación que ya se ha vivido en cuestiones como la confección de la Mesa del Parlament o la distribución de los escaños a ocupar en el hemiciclo.
De las once legislaturas habidas desde 1980 ninguna es políticamente hablando tan trascendente como la actual y ninguna ha tenido, a priori, un desarrollo tan incierto. Si la que ahora se abre ya era una legislatura comprimida en el tiempo porque las fuerzas políticas ganadoras le habían situado un horizonte máximo de 18 meses, la hipótesis de que no llegue a arrancar políticamente hablando porque no haya un acuerdo político para una investidura del president es una posibilidad real. Posibilidad, creo sinceramente que más en la teoría que en la práctica, pero si no la descartan del todo públicamente en la candidatura de Junts pel Sí y en la CUP por alguna razón será. Y mientras llega o no el acuerdo, la legislatura tendrá el relato de la oposición: "¡Váyase señor Mas!".