Por segunda vez en tres semanas, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha conseguido situar al PSOE contra las cuerdas en su intento por acercar un poco más a su secretario general directamente al Palacio de la Moncloa. En aquella primera ocasión, el 21 de enero, aprovechó su audiencia con Felipe VI para anunciar a su término que ofrecería a los socialistas un gobierno de coalición con él como vicepresidente y varias carteras claves para la formación morada. Este lunes, ha sido la segunda, y el temblor en la estructura del PSOE ha sido importante. La causa, que el documento entregado por Podemos para la negociación incorpora como una cuestión imprescindible la convocatoria de un referéndum con garantías en Catalunya. Una auténtica línea roja para Pedro Sánchez y su equipo de colaboradores.
Hay que agradecer a Pablo Iglesias que sintonice con el carril central de la sociedad catalana (donde se encuentran los independentistas y los partidarios del referéndum) aunque hay serias dudas de que la investidura vaya al final a resolverse por esta cuestión. O lo que es lo mismo, que Iglesias lleve este planteamiento hasta sus últimas consecuencias. Por dos motivos: en el seno de Podemos no es ese el espíritu dominante, tampoco en Izquierda Unida; y porque el caramelo de un gobierno de coalición es muy goloso, incluso para los que dicen no querer hablar de sillas y lo primero que hablan son de cargos.
Es obvio que tanto DiL como ERC encontrarían un anclaje en el referéndum que propone Iglesias para votar a favor de Sánchez en la investidura que se iniciará el día 2. También que esa posición que hoy suena tan extraña en las filas socialistas era defendida no hace tanto tiempo por el PSC. Pero actualmente el terreno de juego de la política española es lamentablemente otro, e Iglesias, buen estratega, parece haberse especializado en practicar con los socialistas, cada vez que puede, el abrazo del oso: gano si se aceptan mis propuestas y gano si hay nuevas elecciones. O eso cree. Pero la política no es tan lineal, y en poco tiempo saldremos de dudas y veremos si todo era un farol negociador. O no.