La situación de la Enseñanza es bastante preocupante. Incluso alarmante, si nos tomamos en serio los informes de organismos nacionales e internacionales sobre el nivel que alcanzan los alumnos al terminar los estudios. Los cambios que se han producido en la propia sociedad han afectado considerablemente la tarea docente. Se ha disparado la proporción de alumnos con necesidades especiales, ya sea por trastornos psicológicos, ya sea porque acaban de incorporarse al país y desconocen las lenguas, o por los hándicaps inherentes a la situación social de las familias. La labor de los profesores es la enseñanza y lo que no pueden hacer, además de enseñar, es ejercer de psicólogos, de trabajadores sociales o incluso de policías.
Las reivindicaciones de los profesores están justificadas porque efectivamente, como el resto de trabajadores con la crisis de 2008, perdieron poder adquisitivo, pero sobre todo porque su tarea se ha complicado muchísimo y la administración no les ha proporcionado los recursos ni los instrumentos para poder hacer su trabajo en condiciones satisfactorias tanto para los alumnos como para los propios docentes. Se han publicado suficientes testimonios de maestros y profesores que no se quejan tanto de su salario como de la frustración cotidiana que supone la impotencia de hacer llegar el conocimiento a los estudiantes.
El Govern de la Generalitat llegó a un acuerdo con los sindicatos minoritarios, CCOO. y UGT, que, más allá de su contenido, ha explicado muy mal y ha añadido iniciativas que han perturbado el debate. De entrada, lo presentó como un “acuerdo de país” cuando solo lo firmaron los sindicatos alineados con los partidos que apoyan al Govern. Al mismo tiempo que el Govern despedía educadores y trabajadores sociales de las poquísimas escuelas que los tenían, el Ejecutivo se sacó de la manga la falsa iniciativa de enviar policías a las escuelas, lo que ha provocado el rechazo de todo el mundo. De hecho, ya hace tiempo que existe un dispositivo de seguridad razonable que, precisamente para que sea eficiente, convenía que fuera discreto.
La acumulación de una diversidad de problemas ha llevado al sistema educativo al límite de sus posibilidades y la gestión gubernamental ha generado irritación en todos los ámbitos de la enseñanza, que ha sido aprovechada por el sindicato USTEC para arrastrar a todo el mundo a un ciclo interminable de huelgas
Podríamos decir que la acumulación de una diversidad de problemas ha llevado al sistema al límite de sus posibilidades y la gestión gubernamental, en lugar de marcar una estrategia adecuada, al menos para mostrar una disposición a resolver los problemas de manera progresiva, ha generado irritación en todos los ámbitos de la enseñanza, que ha sido aprovechada por el sindicato USTEC para arrastrar a todo el mundo a un ciclo interminable de huelgas.
Con una afiliación de apenas el 10 % de los docentes catalanes, el sindicato que se proclama mayoritario, USTEC, es una organización que se ha caracterizado por su combatividad. Es un sindicato tan combativo como incapaz de llegar a acuerdos. De hecho, nunca ha llegado a ningún acuerdo con ninguno de los gobiernos que se han sucedido en la Generalitat, salvo un preacuerdo inconcluso en 2023 aprovechándose de la debilidad política del conseller González Cambray, que acabó siendo destituido. El currículum de este sindicato es bastante significativo. Una referencia inequívoca del talante constructivo de USTEC fue, en tiempos del tripartito, cuando el conseller Ernest Maragall consiguió, entonces sí, un auténtico acuerdo de país en torno a la Ley de Educación de Catalunya (LEC), que fue aprobada en el Parlament con votos de CiU, PSC, ERC y Comuns. Ante este consenso, la respuesta de USTEC, dirigida por militantes de la izquierda prosoviética, fue... convocar huelgas contra la mayoría parlamentaria democráticamente expresada. Unos años antes, con el primer tripartito, Pasqual Maragall nombró conseller de Enseñanza a Josep Bargalló, sindicalista de USTEC, que incorporó a destacados miembros del sindicato al departamento de Educación. Debía ser, por tanto, un momento de entendimiento, pero tampoco entonces USTEC firmó ningún acuerdo y organizó diversas huelgas, siempre poniendo por delante el aumento salarial y la reducción de horas y días lectivos. Ahora, con lo que llevamos de curso, USTEC ya ha convocado 23 días de huelga y amenaza con dejar colgado el curso y suspender las jornadas de convivencia, lo que antes se conocía como colonias o campamentos. ¿Quiénes son y serán los perjudicados?
Las huelgas no sirven para defender la escuela pública, sino todo lo contrario. Una cosa es ejercer el derecho de huelga y otra muy distinta dinamitar el curso escolar. Esto ya lo ven y lo saben padres y madres, maestros y profesores, y directores de escuelas e institutos, que deberían tener el coraje de alzar su voz contra el abuso sindical sistemático que utiliza a los alumnos como rehenes de un chantaje básicamente económico
El derecho de huelga es un derecho constitucional, pero algunas huelgas en el sector público y especialmente las de enseñanza suponen una perversión del derecho. Existe una tendencia falsamente progresista a justificar cualquier protesta, pero una cosa es ejercer el derecho de huelga y otra muy distinta dinamitar el curso escolar utilizando a los alumnos como rehenes de un chantaje básicamente económico. Y que nadie se engañe, las huelgas no sirven para defender la escuela pública, sino todo lo contrario. Esto lo ven y lo saben padres y madres, maestros y profesores y directores de escuelas e institutos que deberían tener el coraje de alzar su voz contra un abuso sindical sistemático que bloquea cualquier progreso.
La educación es un derecho fundamental y la interrupción de su ejercicio no deja de ser una vulneración de este derecho que afecta a niños y adolescentes. En algunos casos, como lo que está pasando este año, la conflictividad laboral con tantos días de huelga está perjudicando seriamente, por ejemplo, a los estudiantes de los centros públicos que deben pasar la selectividad y que si quieren ser médicos o ingenieros necesitarán una nota alta para conseguir el acceso a la universidad que quieren elegir.
La docencia requiere vocación y compromiso. Una voluntad de servicio a la comunidad que nunca será suficientemente recompensada más allá de la satisfacción de haber contribuido al bien común que supone la formación de las nuevas generaciones. Ahora no estamos ante un conflicto laboral o sectorial. El sistema educativo es un asunto de interés nacional. Nos afecta a todos y nadie debería desentenderse. Obviamente hacen falta muchos más recursos, hacen falta educadores y trabajadores sociales que hagan el trabajo que no corresponde a los docentes, y se tendrán que aplicar medidas que requerirán consenso. Por tanto, hará falta la generosidad y complicidad de las partes en un asunto capital y, en todo caso, convendrá denunciar el boicot sistemático, que se ha convertido en un auténtico problema de país.