Inexorablemente, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno del Reino de España, será citado más pronto que tarde por uno o varios jueces como testigo o incluso como investigado por cualquiera de los asuntos que afectan al Partido Socialista. Es difícil imaginar cómo puede resistir un presidente sometido al interrogatorio de un juez, pero, de momento, el jefe del Ejecutivo español ha decidido pasar al contraataque mediante dos estrategias paralelas.
Con diversas ayudas políticas y mediáticas, Sánchez ha conseguido que una parte de la opinión pública favorable considere que lo que está ocurriendo no es más que una conspiración de los poderes fácticos del Estado contra el "Gobierno más progresista de la historia" (sic). Asimismo, en su intervención ante el Cercle d’Economia, anunció la presentación de un nuevo proyecto de presupuestos, una manera de dar una patada hacia adelante para mostrar capacidad de iniciativa política con propuestas que lo identifiquen como referente de la izquierda europea. Sin duda, el proyecto incluirá un festival de inversiones y gasto público. Seguramente las cuentas no prosperarán, pero forzarán debates y servirán, al menos, como programa electoral.
La mejor defensa es un buen ataque, según Hansi Flick, y a veces es la única opción, pero no está nada claro que Sánchez vaya a salir adelante por dos motivos. Porque quienes quieren hacerlo caer son poderosos y, tengan o no razón, no desistirán en su persecución. Y porque han trascendido suficientes historias que cargan de argumentos a los perseguidores. La única, aunque importante, ventaja que tiene Pedro Sánchez es la presunta solidez de la mayoría parlamentaria favorable que, a día de hoy, más allá de algunas comedias mediáticas, parece imposible de desarticular gracias a Vox.
El jefe del ejecutivo español ha decidido pasar al contraataque a base de denunciar la conspiración del Deep State y presentar unos presupuestos con festival de inversiones y gasto público
La moción de censura ni está ni se la espera. De hecho, solo al PSOE le interesa, precisamente porque Feijóo tiene asegurada la derrota en la votación y también corre el riesgo de perder el debate parlamentario, lo que volvería a poner en duda su liderazgo.
Sin embargo, ha causado sorpresa y nerviosismo en las cúpulas de algunos partidos que el Partido Nacionalista Vasco (PNV) dé la legislatura por terminada y exija a Pedro Sánchez que convoque elecciones anticipadas apelando al interés general. Sorprende porque nadie se cree que el PNV esté dispuesto a apoyar la estrategia del Partido Popular y Vox para derribar cuanto antes al Gobierno de Pedro Sánchez. La inquietud del PNV, que también debería preocupar al resto de los aliados minoritarios, muy especialmente a Junts y ERC, es la posibilidad de que la batalla política entre izquierda y derecha altere la normalidad de las elecciones municipales previstas para mayo de 2027.
Si Sánchez aguanta hasta después de Navidad, la efervescencia política se situará en la batalla derecha-izquierda, y eso no le conviene al PNV, que observa cómo Bildu, partido inequívocamente de izquierdas, le va recortando distancias. Tampoco conviene a Junts ni a ERC si las elecciones se españolizan y derivan en un combate PSOE-PP en el que el PSC tiene todas las de ganar.
Los partidos de la mayoría parlamentaria no moverán un dedo por Feijóo, pero especialmente el PNB observa como una puñalada la estrategia de Sánchez que amenaza con españolizar y por lo tanto desvirtuar las elecciones municipales del próximo año
Y aún más. Las encuestas prevén que las elecciones municipales tendrán un resultado muy negativo para los socialistas, igual que ha ocurrido en las autonómicas de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. Y según cuál fuera la magnitud de la derrota, la crisis en el PSOE sería la más grave de las conocidas hasta ahora y Sánchez se convertiría en el principal responsable de un hundimiento socialista justo antes de las generales. En cambio, algunas encuestas de ámbito estatal todavía contemplan la posibilidad de que el PSOE sea la lista más votada. Una forma de ayudar a los alcaldes y candidatos municipales socialistas sería convocar elecciones generales el superdomingo del 23 de mayo. Sánchez sería la carta ganadora de muchos candidatos municipales socialistas, que ahora temen lo peor. La clave de las elecciones generales dominaría absolutamente la campaña y el sentido del voto.
Sin embargo, esta posibilidad supondría una auténtica puñalada para los partidos que han mantenido a Sánchez en la Moncloa, como el PNV, Junts, ERC, BNG, Compromís y también Sumar y Podemos. En el caso de Catalunya, ERC y Junts serían los más perjudicados porque el PSC arrasaría en todo el territorio. En el caso del PNV, una confrontación encarnizada entre izquierda y derecha alteraría incluso las elecciones a las Juntas Generales de las Diputaciones Forales, las que gestionan el concierto económico.
Así que esta mayoría parlamentaria presuntamente sólida tendrá que ser gestionada por los aliados de Sánchez de otra manera a partir de ahora, con advertencias disuasorias y exigencias más elevadas. Quizá por eso Sánchez ya se ha apresurado a decirle a Junts, desde el Cercle d’Economia, que aún le queda por resolver, además de la amnistía, el conflicto político con Catalunya. Habrá que ver qué clase de conejos saca el mago Sánchez de la chistera. Palomitas para todos. El espectáculo debe continuar.