Colonia, Frankfurt, Hamburgo, Dusseldorf o Stuttgart son algunas de las ciudades alemanas donde la noche de Fin de Año grupos de hombres organizados realizaron acosos sexuales masivos contra centenares de mujeres y también algunas violaciones. Ocho días después, y gracias a los centenares de denuncias que han presentado las mujeres agredidas, empezamos a saber la magnitud del ataque.
Se habla de pasividad policial, pero parece que el problema fue que las fuerzas de seguridad se vieron desbordadas por un ataque llevado a cabo por unos mil hombres que, en pequeños grupos, se dedicaron a realizar tocamientos y a robar a todas las mujeres con las que se tropezaban.
Y ahora viene la parte delicada del tema. Los ataques fueron hechos por hombres "norteafricanos y árabes". Y, a partir de aquí, el debate toma otra dimensión porque se lo intentan apropiar los yonquis de la ideología, que son aquellos seres que aprovechan cualquier hecho para pasarlo por su cedazo sectario y usarlo como propaganda. Y así tenemos:
– Unos aprovechando para criminalizar a todos los árabes y mezclando por el medio la religión. Es la guerra de una Europa cristiana identitaria que ve cómo lo invaden hordas de infieles maleducados que vienen a conquistarlos.
– Unos aprovechando para cargar contra los refugiados en general, cuando entre la masa podría haber refugiados, pero no todos lo eran. Y aunque lo fueran, no todos los refugiados que viven en Alemania participaron en la barbarie.
– Unos aprovechando para defender que entre los salvajes no había ningún refugiado, con este tipo de sentimiento de sobreprotección que algunos denominan buenismo y que hace que cualquier inmigrante sea bueno por naturaleza y que son los racistas quien les quieren culpabilizar de todo.
– Unos aprovechando para semidisculpar unos actos que, si los hubieran hecho europeos, condenarían sin matices.
Y así es como esta guerra entre ideologías que no aceptan que en la vida no todo es blanco ni es negro hace que no se afronten las soluciones, porque nos perdemos en debates simples que los extremos acaban imponiendo. Los unos nos quieren vender una Europa pura, blanca y temerosa del Dios cristiano. Los otros viven y nos quieren hacer vivir un mundo "teletubbie" donde todo el mundo es bueno y va por el mundo dándose abrazos entre litros y litros de mimosín. Y los de más allá nos quieren imponer su ley basada en una interpretación falsa, sectaria e interesada del Corán. Y después está la realidad.
Y la realidad dice que alguna cosa estamos haciendo mal cuando un alto porcentaje de chicos adolescentes encuentran normal espiar el teléfono de su novia y esta... ¡¡¡también lo encuentra normal y lo acepta!!! ¿Un detalle mínimo? No. Ni mucho menos. Actitudes como esta son el origen de actitudes más graves. Alguien que se cree con el derecho de controlar el móvil su pareja, un día puede considerar que también puede controlar cómo viste, dónde va, con quién va, qué estudia... Ah, y por cierto, un 29% de las adolescentes se sienten controladas por sus novios. Incluya aquí las que lo están, pero no se sienten.
Y si dices que todo es un problema de educación a la escuela, muchos te responden que quien tiene que educar son los padres. Seguramente, pero si los padres no están educados ni saben cómo educar porque el fracaso ya viene de lejos y los afecta de lleno, ¿alguien lo tendrá que hacer, no? ¿Qué tal si lo hace la sociedad a través de la escuela? Va, empezamos de cero y trabajamos a largo plazo. Aplicamos desde P4 planes de educación que ya funcionan en otros países y en 40 años tendremos unas cuantas generaciones de gente "normal" que sabrá educar a unos hijos "normales". Y dentro de esta "normalidad" se incluye, entre otras cosas, la erradicación del machismo. Y mientras tanto, apliquemos la ley y sin manías a quien la vulnera, sea cristiano árabe, musulmán blanquito, originario del país, refugiado, o ninguna de estas cosas.