"Estados Unidos no tiene amigos ni enemigos permanentes, solo intereses"

H. Kissinger

 

 

A lo mejor Trump tiene una forma legal de hacerse con Groenlandia frente a la que ni Dinamarca ni la UE tendrían nada que alegar. O sea que puede que nos estemos inflamando con las amenazas y, tras lo de Venezuela, veamos una invasión inminente de territorio europeo y, sin embargo, los norteamericanos le hayan dado alguna vuelta más.

Cabe, en primer lugar, aclarar dos cosas: que Groenlandia no forma estrictamente parte de la UE, ellos mismos votaron en 1985 dejar de serlo —el primer territorio en salir antes del Brexit—, y que tiene una carta que le permite independizarse de Dinamarca, si así lo decide su parlamento, mediante un referéndum al que los daneses no podrían oponerse. Y que lo cierto es que todos los partidos representados ahora mismo en ese parlamento, incluido el gobernante, son independentistas, aunque difieren en las prisas, los plazos y los modos, pero en nada más. La relación con Dinamarca se ha clarificado, pero subsisten los viejos resquemores coloniales, que incluyen la política de esterilización forzosa de groenlandesas llevada a cabo por los daneses, que, finalmente, lo reconocieron y pidieron perdón. No es amor de corazón lo que late allí, es más bien atemperamiento y conveniencia. ¿Quién dice que Trump no pudiera meter mano por ahí? En realidad, si la independencia está aparcada ahora mismo, es más por problemas económicos de Groenlandia para sostenerse que por otra cosa.

Veo que España y otros países de la UE se han puesto ya en primero de firmes para plantarse al lado de Dinamarca y contra Trump. Genial. Pero pudiera ser que los planes del narciso norteamericano fueran menos brutos de lo que su chulería innata nos demuestra. Hemos dicho que Groenlandia, en realidad, tiene el mismo estatus dentro de la UE que, por ejemplo, Polinesia. Es un PTU (país y territorio de ultramar), sus ciudadanos, como daneses, son ciudadanos comunitarios a título individual, pero el derecho de la UE no se aplica automáticamente allí ni el espacio Schengen. Mantiene acuerdos preferenciales, sobre todo pesqueros y económicos, y está protegida, eso sí, por el escudo OTAN.

Si los norteamericanos consiguieran estimular la petición legal de independencia, mediante moción del pequeño parlamento, nada podría parar el proceso

Vamos a hacer, pues, política ficción, que con menos de esto te montan una serie de culto en Netflix. Imaginemos que Trump aumenta la presencia en la base de Thule —que se redujo mucho tras los movidos años de la detección de misiles— y que hombrecillos verdes norteamericanos comienzan a hablar y a convencer a la población nativa. No son muchos para un territorio tan inmenso que, repitamos, no es independiente porque no tiene consistencia económica y eso se lo aporta Dinamarca en presupuestos. Podrían aportárselo otros. Si los norteamericanos consiguieran estimular la petición legal de independencia, mediante moción del pequeño parlamento, nada podría parar el proceso. La Ley de Autogobierno de 2009 recoge el procedimiento tras la decisión del Inatsisartut, que pasaría por un referéndum vinculante en Groenlandia, solo votarían los isleños, con la única pregunta de "Independencia sí o no". De ganar el sí, se abriría una negociación bilateral para el reparto de competencias finales y el fin de las subvenciones danesas, deuda de infraestructuras, etc. Tal acuerdo debería ser ratificado por el parlamento groenlandés y por el Folketing danés. Y a correr: Groenlandia sería un Estado soberano sin nada que ver con la Unión Europea.

Una vez independizada Groenlandia, ¿qué le impediría suscribir una Compact of Free Association con Estados Unidos como la que sostiene, por ejemplo, Palau? Un acuerdo de ese tipo les aseguraría independencia completa, colaboración estrecha en defensa y economía, el compromiso norteamericano de defenderlos y una ayuda económica significativa y probablemente más alta que la prestada por Dinamarca. Los groenlandeses tendrían derecho a vivir o estudiar en EE. UU. sin visa, como residentes, no como inmigrantes, pero sin ser territorio estadounidense, con total soberanía.

Hasta aquí, en esta nuestra serie de ficción, no se ha dado ni un solo paso que vulnere la legalidad internacional. Lo cierto es que lo que suceda no depende tanto de la UE como de los propios independentistas daneses. Trump debe saberlo también, aunque hable de trineos, de conquista americana por los inuits y de todas estas cosas que a él le sirven para amedrentar y dejar su deseo y su idea flotando en el ambiente. Así que a lo mejor tanta baladronada tiene un trasfondo más estudiado. Intentaron la compra en 2019, pero es que Dinamarca ni siquiera podría vender este territorio legalmente; eso también dependería de la propia Groenlandia.

Lo que trata Trump es de recuperar la oportunidad que se perdió allá por 2009, cuando los gobernantes groenlandeses intentaron explotar sus recursos mineros para no depender tanto de la pesca. Casi nadie les hizo ni puñetero caso. Solo los australianos, tan radicalmente mineros ellos, y los chinos aceptaron financiar el esfuerzo. El proyecto Kvanefjeld es un claro ejemplo, gestionado por australianos pero con apoyo financiero significativo de la china Shenghe Resources. Así que sí, lleva razón Trump cuando dice que todo aquello está lleno de barcos chinos, lo que oculta es que su país miró hacia otro lado en aquel momento y que ahora la cosa pinta diferente.

Todo se lio cuando China se mostró interesada en extraer la magnífica arena groenlandesa, de origen glaciar, porque carecen de ella y la necesitan como locos para hormigonar sus macroproyectos. Y ahí Dinamarca vio que no eran solo cositas comerciales sino estratégicas e hizo valer su poder de control sobre este punto, no sin que los americanos presionaran lo suyo para impedir a sus rivales chinos hacerse con el botín.

El tablero es, pues, complejo, viene de lejos y no es un capricho meramente impulsivo de Trump. Y no tiene por qué ser violento. Le bastaría con camelarse a los indepes groenlandeses, que son casi todos, y que su oferta fuera mejor que la danesa. Todo puede ser en este Risk en el que se ha convertido el mundo. No preparen todavía la resistencia armada europea, a lo mejor nos la pega con la ley en la mano. O puede que todo esto sea solamente un telefilm interesante, que tampoco estaría mal al precio que pagan los guiones.