Julio ha sido el mes de mayor riesgo para el Gobierno. Toda la tensión política se ha concentrado en una pregunta: si la legislatura aguantaría o si Pedro Sánchez acabaría viéndose obligado a convocar. El PNV ha puesto el temporizador de los Presupuestos y Junts no ha querido saber nada de la moción con el PP. Superado ese primer examen, las elecciones generales vuelven a ser el gran asunto: cómo llegar a ellas y con qué candidatura. Con todo, las elecciones generales continúan siendo el gran asunto —cómo y cuándo— y, a estas alturas, la izquierda debía tener resuelta la fórmula y los liderazgos. La primera pieza se puso sobre la mesa el pasado 21 de febrero con la presentación de la candidatura unitaria de Sumar, IU, Compromís y Más Madrid. En paralelo, Gabriel Rufián lanzaba el globo sonda del frente amplio articulado "provincia a provincia", con una candidatura plurinacional que incorporara a ERC, Bildu, Podemos, BNG y otras fuerzas.
En lugar de clarificar el escenario, estos meses han multiplicado las incógnitas. Han ido cayendo o retirándose dirigentes sin que el proyecto avanzara un solo paso. Hay más confusión ahora que en el pistoletazo de salida. La dinámica, en lugar de centrípeta, ha sido centrífuga. La vicepresidenta Yolanda Díaz, principal activo político del segundo Gobierno de coalición, anunció su retirada pocos días después del acto de presentación de la nueva alianza. Gabriel Rufián, el enfant terrible con mayor capacidad para marcar la conversación pública en la izquierda, se ha replegado a las filas de Esquerra después de haber defendido con más ímpetu que nadie la necesidad de recomponer ese espacio. La excursión por actos con militantes y futuras candidatas generó más atención mediática que construcción orgánica; tuvo más de streaming viral que de aterrizaje de proyecto. Al final, entre la apuesta por un movimiento de difícil aterrizaje y Oriol Junqueras, Rufián ha optado por volver a casa. Entre liderar un movimiento de imposible aterrizaje y la seguridad de la casa madre, se queda con lo viejo conocido.
Para cubrir el vacío de Yolanda Díaz, la asamblea extraordinaria de Movimiento Sumar ha elegido a Verónica Martínez Barbero y Rosa Martínez como nuevas responsables orgánicas. Y asumen la dirección de un espacio que, paradójicamente, todavía no tiene el nombre con el que concurrirá a las próximas generales. Izquierda Unida resolvió su liderazgo con Antonio Maíllo, mientras que Más Madrid sigue sin despejar la incógnita nacional. La ministra Mónica García será la candidata para disputar la Comunidad de Madrid, pero continúa libre la referencia para encabezar una eventual lista al Congreso. El ministro Pablo Bustinduy sigue apareciendo en todas las quinielas por su buena relación con las distintas familias del espacio.
En el futuro a la izquierda del PSOE, casi todo son hoy plazas vacantes y viejas disputas
Podemos ha optado por el silencio hasta después del verano. "Nos hemos conjurado para no hablar de esto hasta que no haya algo que contar", resume una fuente de la dirección. La integración en la candidatura unitaria con sus antiguos socios es hoy muy improbable y la dirección atribuye esa distancia a diferencias estratégicas de fondo. "En una de las primeras reuniones, Yolanda Díaz fijó como prioridad la buena sintonía con el PSOE. Pasamos de Unidas Podemos a Sumar con un cambio de nombre, de liderazgo y de estrategia. El tiempo ha demostrado que no ha funcionado", sostiene un dirigente del partido. El margen de maniobra de Podemos es reducido. Puede intentar ir en solitario a por el 5 %, el umbral que permite grupo parlamentario propio, o confiar en el milagro del frente amplio que planteó Rufián, una posibilidad que solo los morados siguen contemplando. Todavía no se han convocado primarias, pero Ione Belarra ya ha anunciado que encabezará la candidatura por Madrid y señaló a Irene Montero como la apuesta para las elecciones generales.
En el futuro a la izquierda del PSOE, casi todo son hoy plazas vacantes y viejas disputas. Mientras Vox disputa el techo de un 20% que todavía parece inalcanzable y se mueve en torno al 18% en sus mejores resultados, quienes hicieron posible las primeras coaliciones de gobierno de la democracia ni siquiera están hoy en condiciones de garantizar por separado el 5% que asegura la supervivencia parlamentaria. El reto ya no es quién liderará ese espacio o bajo qué siglas concurrirá a las elecciones. Unos deberes que debían haber estado resueltos antes de verano. La duda es si llegarán a tiempo de reconstruirse antes de la llamada a las urnas para las generales.
