De buena mañana, los días laborables, un señor pasaba siempre a la misma hora por delante de la casa de Oriol Junqueras, en Sant Vicenç dels Horts. Un hombre discreto, con las manos en el bolsillo, subía aquella calle empinada, desde hacía años. A menudo Oriol se lo encontraba. Un día, de invierno, a la salida del sol, volvieron a coincidir en la puerta por enésima vez. Pero aquel día fue diferente. Aquel hombre se giró hacia Oriol y le interpeló. "Oriol, tú eres un tío honrado y por eso te voy a votar", exclamó de repente. Oriol se quedó sorprendido. Todos, de hecho. Empezando por el escolta que siempre lo esperaba a pie de calle. Oriol encajó aquellas palabras con una sonrisa y agradecido contestó: "¿Y por qué motivo usted dice eso?". Y aquel hombre respondió: "Porque yo hace diez años que paso por delante de la puerta de tu casa y tú no te has cambiado el coche".

Oriol, que es un hombre austero, solía contar esta anécdota para explicar que los motivos que pueden condicionar el voto de una persona son muchos y que todos los votos y su motivo son igual de válidos. En la urna todos valen lo mismo. Tan cierto como que cada persona es un mundo. Tanto es así que un día Oriol le explicó la anécdota a Justo Molinero y este, para mayúscula sorpresa, respondió: "Serás tacaño. Anda, haz el favor de comprarte un coche nuevo que vas a arruinar la industria del automóbil". Al final, Oriol se compró el coche nuevo, cuando nació Joana, su hija pequeña.

Los votos y las simpatías se generan por una infinidad de motivos. Pero hay valores que son universales, como la honradez. También el hambre de justicia y la sed de libertad, una frase muy de Oriol. Aunque son valores que no todo el mundo encarna y que no todo el mundo vive de la misma manera.

En este país nuestro no es lo mismo que gobiernen las derechas o las izquierdas. Los republicanos o los herederos de otras tradiciones. Porque ante un mismo hecho no actúan igual

Hoy hemos estado en Prats de Lluçanès, hemos visitado el Soler de n'Hug (una modesta explotación ganadera) y hemos aprovechado para visitar los Espais de la Memòria que había cerca. Precisamente Prats de Lluçanès ha liderado los últimos años la recuperación de la memoria histórica. Al menos hasta el mayo de este año, con el cambio de gobierno las prioridades han sido otras. Hace dos años Oriol Junqueras y Raül Romeva participaron en una abertura de fosas en Prats, se habían encontrado cuatro cuerpos de cuatro jóvenes republicanos que fueron ejecutados por el ejército franquista. Allí, en la carena de Sant Sebastià, junto al Soler de n'Hug, murieron 300 republicanos, una carnicería.

Andábamos en compañía de Artur Junqueras, el padre de Oriol, de unos compañeros (Pedro y Vicenç) del Free Junqueras de Sant Vicenç dels Horts y nos acompañaba el exalcalde Isaac Peraire, que nos enseñaba orgulloso el trabajo hecho. Los espacios están correctamente señalizados, pero ya se veía que hace días que allí no se hace nada. Le he preguntado si ya no había más cuerpos por recuperar. Y se ha encogido de hombros mientras respondía lacónicamente: "Ahora las prioridades parece ser que son otras". Todos hemos quedado decepcionados, quien más quien menos de los presentes tiene antecedentes republicanos. En mi caso, el tío Mario, hermano de mi abuela Neus, voluntario de la Columna Macià Companys que murió en el Ebro defendiendo Catalunya, defendiendo la República. Mi abuela Neus murió triste, con el pesar de no haber podido despedirse de su hermano dejando un ramo de flores en su tumba.

Hace cuatro días exhumaron a Franco con todos los honores de un jefe de Estado. El gobierno del PSOE nunca ha demostrado ningún interés real en encontrar a los miles de desaparecidos. De aquí que fuera tan importante el empeño del Govern de Catalunya y en particular de Raül Romeva. Y la colaboración entusiasta de muchos ayuntamientos. Y de muchos particulares, con iniciativas como el Banc d'ADN de Roger Heredia, entre muchos otros. Desdichadamente no todo el mundo responde igual ante la demanda de sacar a los republicanos de las cunetas. Tampoco las instituciones. Después, algunos dirán que todo eso de las derechas y las izquierdas tanto monta, que todo es lo mismo o que no tiene ninguna importancia. Pues no, no es lo mismo. En este país nuestro no es lo mismo que gobiernen las derechas o las izquierdas. Los republicanos o los herederos de otras tradiciones. Porque ante un mismo hecho no actúan igual. Hay valores y tradiciones que no se viven igual porque no los hemos vivido igual en un país donde la represión que se cernió sobre los republicanos fue de una brutalidad sin precedentes. Lo que vivieron las familias republicanas, sobre todo en la posguerra, fue de una dureza represiva que incluso los invitó a la amnesia durante años. No se hablaba, el miedo les tenía atenazados. Y los condenó a una existencia precaria, a sufrir en silencio, sobre todo a las familias trabajadoras. Porque a estas les golpeó una doble represión: la pobreza acentuada por la carestía y su condición de perdedores de la guerra, de republicanos.

El hambre de justicia y la sed de libertad, que decía Oriol, no todo el mundo lo vive igual.

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