Está el ambiente político y está la realidad política. Lo primero lo impregna la visita de León XIV; lo segundo, la aceleración de las causas judiciales y dos meses por delante que no darán tregua al PSOE ni al Gobierno. La visita papal es inédita y la más especial que se recuerda. Hace quince años, Benedicto XVI se conformó con el recibimiento a pie de pista del entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero, acompañado por Mariano Rajoy, y una reunión bilateral en la Nunciatura Apostólica de Madrid. Este viaje juega en otra dimensión: es el segundo más largo desde Juan Pablo II, el más simbólico y el de mayor impacto político y calado moral. Con una agenda repleta de paradas en Madrid, Barcelona y Canarias, León XIV ha construido un recorrido cargado de mensaje. Acompañado por miembros de Gobierno en cada parada, cerrará el viaje como lo empezó. Llegó a Madrid por la puerta de atrás, en un centro del humilde barrio madrileño de Lucero, recibiendo a migrantes sin hogar y sin papeles, y volará de regreso a Roma tras la foto en Arguineguín, uno de los enclaves más duros de llegada de migrantes a España. Entre ambos escenarios, una enmienda contundente al ruido político de estos días.
Más allá de los mensajes tradicionales de la Iglesia sobre el aborto y la eutanasia —sin mencionarlos como tal—, el énfasis de León XIV está en la dignidad humana y la inmigración, el debate más divisivo en España y Europa. “Es el Papa fragmentado”, decía este lunes Carlos Alsina. Del que se toma lo que interesa mientras se reconoce, y ahí reside lo inédito, el baluarte ético y señalador de pecados ajenos. No han faltado ni ERC ni Bildu. Y todos han encontrado acomodo en sus palabras. Santiago Abascal se ha borrado de prácticamente todos los actos, salvo el discurso en las Cortes, que despachó con un escueto "una cosa es la teoría y otra la práctica". No es que no hayan entendido el mensaje, es que el programa de Vox choca frontalmente con el ADN de casi cada frase pronunciada por León XIV.
El larguísimo aplauso al Papa tiene su lado hipócrita, fundamentalmente la prioridad nacional en la derecha, y la necesidad de catarsis. Esto, en el centro neurálgico de la crispación, dice mucho del momento actual. Los dos grandes bloques, la derecha y el resto del arco parlamentario, son universos irreconciliables en este Parlamento. La paradoja es que un discurso cristiano eleva la política. Esa misa recibida por todos ha tenido mucho de dignificación parlamentaria en su particular coma clínico.
El PSOE quiere personarse como perjudicado ajeno a un escenario donde las siglas se pueden ver señaladas por presunta organización criminal
Una tregua fugaz, en cualquier caso. Durará prácticamente toda la semana y el Gobierno despertará ante su peor verano por venir. El juez Santiago Pedraz ya ha calentado el calendario estival con una batería de citaciones y diligencias. El mapa de la corrupción de Leire Díez y Santos Cerdán no ha emergido en su totalidad. Es probable que, tras la comparecencia de Zapatero en la Audiencia Nacional el 17 y 18 de junio y días antes o después de la comparecencia de Pedro Sánchez el día 24 de junio, se impute al Partido Socialista como sujeto jurídico. El PSOE quiere personarse como perjudicado ajeno a un escenario donde las siglas se pueden ver señaladas por presunta organización criminal. Pura nomenclatura penal, porque no es todo el partido el que montó la trama, pero desde la caja de Ferraz y su número tres se pudo operar para coordinar a un grupo, todavía por determinar, que intentó malversar causas judiciales y alterar procesos.
Los informes de la UCO elevan las tesis a máximos —siempre lo hacen—. Le pasó a Esperanza Aguirre, investigada tres años por financiación irregular, en la cúspide de la organización según la UCO, y acabó indemne. Ahora será el juez Pedraz quien vaya aterrizando y separando lo penal de la responsabilidad política. Discernir el relato público de las causas que intentó construir el círculo comandado por Cerdán de las acciones delictivas para llevarlo a cabo. Mientras tanto, al Ejecutivo le quedan muchas explicaciones por dar y a las que se comprometió el PSOE una vez se levantara el secreto de sumario. Y como señalan fuentes de la Fiscalía y de la Guardia Civil, acosados por Leire Díez, falta una disculpa pública del presidente. Sin ese perdón expreso a los funcionarios públicos señalados, entienden que elige el encubrimiento.