«Con un poder absoluto, hasta a un burro le resulta fácil gobernar»
Lord Acton
Hay desde hace tiempo un runrún subterráneo, y no tanto, que apunta a Óscar Puente como candidato a sucesor. Una especie de remedo de la costumbre de la adopción política de los césares cuando estos no tenían descendencia o desconfiaban de ella. La cosa es para dejarle a uno ojiplático, ciertamente, pretender que un hombre con esta falta de talante, con su deficiente gestión, con tal agresividad verbal, con su desenfreno para atacar hasta a los gobernados pudiera aspirar a liderar uno de los partidos sistémicos llamado a pasar a liderar la oposición o a gobernar si se tercia. Claro que en este último caso no habría necesidad de sucesor, ciertamente, excepto disposición final de los tribunales.
Pero yo hace tiempo que me prometí no tomarme a coña ninguna de estas propuestas. Ya lo hice la primera vez que un socialista canario me susurró la posibilidad de que Pedro Sánchez llegara a ser secretario general. De no creer, y menos yo, que ya había coincidido con él en tertulias en las que no era la voz más destacada, vive Dios. Pues ya ven mi ingenua incredulidad dónde terminó, con un tipo en el que algunos quieren ver la reencarnación del líder áureo. Así que lo de Óscar Puente como aspirante a secretario general y/o a presidente del Gobierno, que hubiera despachado con un ¡quita! hace unos años, ahora me causa más inquietud que otra cosa. Una personalidad como la de este tipo no nos permitiría salir de este infierno de diatribas, invectivas e inacción, pero ni a Feijóo ni a ningún otro gobernante, del territorio que fuera.
Pareciera imposible que este país llegara aún más bajo en la calidad de sus liderazgos, y lo cierto es que no depende del país, sino de esa malhadada cosa llamada primarias que importó la izquierda, con un claro afán cateto, del sistema norteamericano, en el que, por cierto, ya llevan un tiempo pagando la destemplanza de que se encumbre como candidato a alguien por la imagen que da, sin que sus pares y compañeros de partido, que conocen el percal mejor que nadie, puedan detenerlo.
Entre si sí y si no, él no se corta de dar pábulo a esas interpretaciones y lo hace, no cabe duda, con cierta aquiescencia del One y la mirada avisa de Félix Bolaños, que, según se decía, también tenía aspiraciones, aunque no tiene madera sino de segundón maquiavélico. A la militancia, el Puente les pone, les levanta, les inflama y, al parecer, eso es lo máximo que se busca en estos tiempos. ¡Vaya con la militancia! La que se avecina puede ser tremenda.
Así que mientras Sánchez daba manos y se personaba en los incendios con madera de líder sin respaldo parlamentario, Puente se ocupó de incendiar. Poniendo, con dificultad, gesto de estadista, afeó la conducta a los que ahora dicen que la catástrofe incendiaria no es momento para andar con culpas y, si no me equivoco, eso lo ha dicho hasta su jefe. Nos lo dice, sin reírse, el tipo que, tras un accidente ferroviario de su negociado, en el que perecieron 46 personas, nos decía que "ante una desgracia de estas dimensiones, lo último que podemos hacer es tirarnos los trastos a la cabeza". Ahora, sin embargo, afirma que precisamente este es el momento de iniciar la pelea política y arrearle a Ayuso y al que pase por delante. El que rugió en su día, cuando se supo del problema en la vía, "yo no hago las soldaduras", y el que a estas alturas no ha asumido la más mínima responsabilidad ni por aquel siniestro ni por el desastre permanente en que tiene sumido al ferrocarril de todas las distancias. "Sólo el verano pasado, el 30% de las incidencias ferroviarias de este país tuvieron como origen los incendios que se producen en las zonas próximas a las vías", así que ya saben, no le den el coñazo con el tercermundismo de los trenes. Siempre hay donde aventar la culpa.
Mienten igual, incumplen igual, mal gestionan igual, y este, además, lo hace escupiéndonos en el ojo mientras nos empuja
Y es que les sentó mal que la presidenta madrileña se diera cuenta pronto de que estaba ante un incendio en el que no solo hacían falta medios nacionales, sino hasta internacionales. Ayuso no es santa a la que yo le ponga vela, pero en esto hizo caso a los especialistas, que llevaban razón. "Ahora han puesto sus ojos en la UME como la solución a sus problemas. La UME se ha convertido ya en el servicio de extinción de incendios de todas las comunidades autónomas", ladró Puente. El Estado es suyo y nos lo están demostrando. ¿De quién y para quién se cree este indocumentado que es la UME? ¿Quién la paga? ¿A qué ciudadanos sirve? "Exigen que esa ayuda se preste sin rechistar", añadió. No es una ayuda, botarate, es la utilización de los recursos que todos pagamos y se presta como ordenan las leyes y con el espíritu de colaboración que es debido a un gobernante decente. Si no viviéramos en el fango, no haría falta ningún pacto de Estado, bastaría con que se trabajara con solvencia y un objetivo común. Como vivimos en el fango, ningún pacto es posible con quien los incumple en cuanto se da la vuelta.
Podría seguir. Los ocho minutos de su alocución tuitera tocaron todas las cuerdas de la inanidad moral, la falta de responsabilidad, el irrespeto por el adversario político, la disforia psicológica, la desvergüenza y todos los adjetivos que se les ocurran para el que solo debería estar gobernando su casa, si es que puede. No tuve la desgracia de disfrutarla toda. A mí, como a decenas de miles de ciudadanos, el ministro con aspiraciones nos ha bloqueado en la red social. En mi caso, lo hizo básicamente para poder acosarme, faltarme y poner en duda mi profesionalidad sin que pueda responderle. Recuerden que tuvo que ampararme la Asociación de la Prensa. En otros, simplemente porque el ministro solo tolera y se debe a sus correligionarios y cree que su alta dignidad y la del Gobierno es un corral que solo franquea el paso a los amiguetes, de lo que ya vamos teniendo pruebas de sobra.
Este espécimen dice que aspira a suceder al otro. Mienten igual, incumplen igual, mal gestionan igual, y este, además, lo hace escupiéndonos en el ojo mientras nos empuja. Lo cierto es que están bastante desesperados. Tanto que ya no conservan ni el más mínimo baño de respeto a la verdad y cortesía institucional o real. Mientras este ataca, el otro se despide camino a sus vacaciones interminables, contándonos con voz meliflua lo de siempre: que le persiguen, que su hermano y su mujer son grandes profesionales, que la economía va mejor que nunca y que lo de Plus Ultra fue intachable. Y eso que sabe la que se avecina.