Si los líderes de ERC y DiL se sintieran seguros del país y la causa que representan, investirían gratis a Pedro Sánchez, incluso aunque el presidenciable del PSOE no lo quisiera o no los necesitara. Votar a Sánchez sólo puede traer ventajas desde el punto de vista de la independencia. Siempre, claro, que la idea sea hacerla ahora. Si la idea es separarse del Estado los próximos meses, con España nos interesa ser generosos de una manera inteligente. Sería un error dejarnos arrastrar por el sistema de prejuicios que nos ha llevado hasta el colapso, tanto en Madrid como en Barcelona. Desde la mediocridad no se ha alcanzado nunca ningún hito. La mediocridad se alimenta de las vacas gordas y en los tiempos difíciles acaba consumiéndose ella misma. Sólo hay que ver cómo ha acabado el presidente Rajoy. El PP empezó utilizando los jueces y la corrupción para doblegar al independentismo y ha acabado por envenenarse con su propia medicina. Evidentemente la corrupción es pecado, pero ha permitido que España mantuviera la paz social y la soberanía respecto de los mercados anglosajones. Si ERC y DiL dieran su voto gratis a Sánchez, quedaría claro que la independencia no se hace contra nadie, ni siquiera contra los que nos quieren sometidos. Como dicen las encuestas, la fuerza del líder socialista viene del impulso inesperado que el referéndum ha dado a Podemos. Si hay que repetir las elecciones, el partido de Pablo Iglesias subirá junto al PP. En cambio, el PSOE y Ciudadanos se convertirán en partidos irrelevantes, puramente estéticos. Tarde o temprano los socialistas tendrán que escoger si quieren convertirse en el partido alfa de un Estado respetuoso con las naciones peninsulares o en el apéndice de un PP corrupto, autoritario y enfrentado con la mitad de los ciudadanos de su país. Poco a poco veremos que, en realidad, el referéndum divide a España, no a Catalunya. Vale más que ERC y DiL echen una mano a Sánchez. Sobre todo porque los suyos no lo harán. Y si lo hacen, todavía mejor para nosotros.