Al alba de mañana jueves, 15 de octubre, hará ochenta años que asesinaron al president Lluís Companys. Y todavía es hora de que el estado español declare nulo el consejo de guerra que lo condenó. Un juicio exprés para humillarlo y condenarlo a la pena capital. El franquismo odiaba a Catalunya y a los republicanos.

Ochenta años de aquella madrugada en que el president Companys caminaba por última vez con paso firme, con los pies desnudos sobre la hierba fresca del cementerio de Santa Eulàlia, en el castillo de Montjuïc. La última vez que veía su querida ciudad, en aquel momento, profanada por el franquismo. De cara a sus asesinos, "Per Catalunya!". Los disparos atravesaron la dignidad del país, el alma de todo un pueblo. El único president escogido democráticamente en toda Europa que ha sido fusilado por el fascismo.

Ningún Gobierno ha hecho el gesto, ni el de Zapatero, ni mucho menos el de Felipe González que empleó sus energías en una guerra sucia que mató a diestro y siniestro. Y el actual, a pesar de la presencia de Podemos, tampoco ha propiciado un acto claro de reparación histórica. Ni del president Companys, ni del conjunto de las víctimas de la dictadura criminal.

El president Companys murió sirviendo a Catalunya y a la República, a la fraternidad y la justicia social, olvidarlo sería tanto como despreciar su legado

La memoria de Companys ha sido vilipendiada por la derecha española y menospreciada por la catalana, por muy catalanista que fuera esta derecha siempre lo ha tratado con desdén. Porque era de izquierdas y porque era republicano. Y con esta premisa han pretendido cuestionar sus convicciones patrióticas.

Después de 80 años seguimos recuperando la memoria a pedazos. Y menos mal que Raül Romeva se implicó e hizo un trabajo ingente en este campo. Su política de abrir lo que la derecha nacionalista quería mantener sepultado es el punto de inflexión que después han seguido Carles Mundó y Ester Capella, con más voluntad que recursos ante la inhibición del Gobierno y de un universo nacionalista que no siente al president Companys como uno de los suyos.

Hay que obligar a los tribunales españoles a investigar los crímenes del franquismo, los crímenes de lesa humanidad. Hay que derogar la ley de amnistía de 1977. Hay que considerar la desaparición forzada como una causa penal y no como un puro asunto administrativo. Hechos, no palabras. Basta de medias verdades. Basta de falsas promesas. ¿Cuánto tiempo más tenemos que esperar?

El president Companys murió sirviendo a Catalunya y a la República, a la fraternidad y la justicia social, olvidarlo sería tanto como despreciar su legado. Un legado que nos acompaña y nos señala el camino de la libertad.

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