A petición de la afectada, hablaré en primera persona, a pesar de que la odisea la viví en segunda. La protagonista principal, sin embargo, no somos ni yo, ni mi amiga: vuelve a ser la maldita Renfe y su indetectable manía de hacernos perder tiempo de vida y dinero en el momento menos esperado. Empiezo usando la primera del singular para deciros que yo tenía que coger un tren el domingo a las 20:03 h desde Zaragoza y llegar a Figueres a las 23:58 h, con transbordo en Sants Estació. Y acabo haciéndoos una revelación anticipada: llegué al día siguiente, lunes, llegando tarde al trabajo, claro, y pagándome yo el hotel en Barcelona.
El billete en cuestión era unificado, dato importante: un único billete para hacer los dos trayectos, cosa que asegura al viajero (ahora ya se ha visto que no) que si hay alguna incidencia que le haga perder el enlace, Renfe le debe garantizar el desplazamiento hasta casa, de una manera o de otra. El caso es que me avisan que el tren procedente de Madrid, a causa de un atropello, lleva un retraso enorme (acabó siendo de 120 minutos). Al recibir la correspondiente notificación de esta demora, una amiga —corriendo tanto como podía y haciéndome un gran favor— me llevó con su vehículo particular hasta Lleida, con la intención de adquirir un billete para un Alvia que, procedente de Bilbao, iba dirección Barcelona Sants y conseguir, así, poder llegar a tiempo de coger el Avant hacia Figueres.
En Lleida, en la taquilla, se nos informa que no había plazas para el mencionado tren (lo habíamos intentado infinidad de veces por la web y no hubo manera). En el centro de servicio una amable trabajadora me aseguró —previa llamada a Barcelona para comprobarlo— que, si perdía el enlace con Figueres (cosa evidente viendo el retraso que llevaba el AVE) en Barcelona se me pondría a disposición un taxi para hacer el último trayecto (de Barcelona a Figueres). Finalmente, pues, y con esta promesa se me reubicó en otro AVE procedente de Sevilla, a pesar del escepticismo de la amiga que me había llevado hasta Lleida en coche.
A bordo de este convoy, contacté con hasta dos interventores para explicarles mi situación y ambos me confirmaron nuevamente la obligación de Renfe de poner a disposición un taxi que me llevara a casa, a Figueres, fuera la hora que fuera, argumentando también que era la política habitual y que estaban hartos de verlo. Este AVE en cuestión, que tenía que llegar a Barcelona Sants a las 23 h, lo hizo con una media hora de retraso, haciendo imposible, nuevamente, que pudiera subir al Avant que me tenía que llevar a Figueres (el AVE comprado inicialmente acabó llegando pasada la medianoche). Al dirigirme al centro de servicios de Sants Estació, y contradiciendo todas las afirmaciones recibidas anteriormente por personal de Renfe de otras estaciones, se me informa que hacía justo un mes que el convenio con los taxis había finalizado y que no podían hacer nada más por mí.
Así las cosas, me vi obligada a pasar la noche en Barcelona, alojándome en el hotel de la misma estación (Hotel Barceló Sants). No era el más barato (174 €), pero a aquellas horas de la madrugada y con el cansancio, no es cuestión de hacer una romería a pie o en metro en busca de una pensión más económica, con el riesgo o la certeza de que no tuvieran recepción nocturna. Me marché hacia Figueres el día siguiente, lunes, con el Avant de las 8:05 h y con un billete que me proporcionó la oficina de la estación (intercambiándolo por el original). Este hecho, claro está, supuso que llegara una hora tarde al trabajo.
Un trayecto de 4 horas en AVE se convirtió en una odisea de 12 horas que terminó al día siguiente. Si esto le hubiera pasado a un diputado catalán volviendo de Madrid, ya veríamos si no hubiera sido portada de algún telediario
Pasadas más de 24 horas preceptivas, acudí a la estación de Figueres Vilafant para solicitar la devolución del importe del billete, por haber superado la demora permitida. Allí, se me informó que no era posible, alegando que, al proporcionárseme el billete Barcelona-Figueres del lunes por la mañana, había quedado anulado todo el billete anterior en su conjunto (trayecto Zaragoza-Barcelona incluido). De hecho, ¡ya no aparece como billete en la aplicación! Las dos personas que me atendieron, además, me reiteraron el error que supuso no facilitarme un taxi para hacer el trayecto Barcelona-Figueres el domingo por la noche. Según ellas, este servicio todavía está vigente y no depende de ningún supuesto convenio.
Se debería garantizar que un pasajero pueda llegar al final de su trayecto en unas mínimas condiciones de dignidad y dentro del día de viaje, cuando tienes un billete con un enlace asegurado. Es lamentable que un tren vaya con más de 2 horas de retraso. Es vergonzoso que no se me pueda reubicar en otro convoy que me haga llegar a Sants a tiempo de coger el enlace (incluso desplazándome yo misma en vehículo particular hasta la siguiente estación). Y es incomprensible e indecente el abandono al que fui sometida por parte del servicio de atención al cliente de la estación de Sants, que me dejó tirada a mi suerte a las 12 h de la noche, sin reubicarme en un taxi y sin posibilidad de llegar a Figueres a la hora que yo había contratado con Renfe, pagando el correspondiente billete. La vulneración de derechos es intolerable.
Si comenzaba el artículo diciendo que intervendría en primera persona —en nombre de la afectada—, ahora vuelvo a ser yo, quien firma el artículo, quien querría acabar explicándoos que la amiga damnificada ha presentado la correspondiente reclamación, exigiendo que le sea devuelto el importe total del billete de tren inicial Zaragoza Delicias - Barcelona Sants y que le sea abonado el gasto total del hotel que se vio obligada a reservar la madrugada de domingo a lunes. Dice ella que, en caso de no ser así, se reserva el derecho de emprender las acciones legales necesarias y de hacer las denuncias públicas pertinentes a oficinas de consumidores y a medios de comunicación. Esto último ya he querido hacerlo yo antes de que le respondan —si es que lo hacen— y que sepan que de brazos cruzados no se quedará porque la alternativa de no hacer nada es aún peor y la dignidad como ciudadanos y usuarios se tiene que defender. Renfe nos roba: dinero y tiempo de vida.
PD. Si esto le hubiera pasado a un diputado catalán volviendo de Madrid, ya veríamos si no hubiera sido portada de algún telediario...