Aunque de todas las combinaciones posibles para la formación de gobierno en España, en ninguna entran en juego diputados de los partidos que ganaron las elecciones al Parlament del pasado 27 de septiembre, Catalunya se juega mucho en los comicios de este domingo. Por paradójico que pueda parecer, los resultados acabarán teniendo un impacto importante en los partidos que aprobaron en el Parlament el pasado mes de noviembre la resolución de inicio de ruptura con España. Se da por descontado que aquella mayoría política y aritmética de 72 escaños sobre 135 y el 47,8% de los votos no se repetirá. Entre otras cosas porque una de las formaciones que ensanchó este espacio, la CUP, no se presenta a las elecciones españolas y ha recomendado a sus simpatizantes la abstención, en aras a beneficiar a la candidatura de En Comú Podem.

España escoge entre inmovilismo, cambio o ruptura. Las dos primeras opciones incluyen todas las combinaciones posibles entre tres formaciones: PP, PSOE y C's. Sólo en la hipótesis de Podemos como segunda fuerza política el domingo por la noche, un escenario de ruptura tendría alguna mínima chance. Obligaría a hacer mudanza a Mariano Rajoy y a Pedro Sánchez y se podría abrir un proceso constituyente más amplio que la reforma de la Constitución que tiene en mente el PSOE. Pero a la espera de las urnas parece que la ley d'Hondt acabará haciendo de red protectora de los retrocesos que tendrán populares y socialistas.

Con la CUP impidiendo la formación de un gobierno estable en Catalunya y debilitando a diario la imagen de credibilidad de CDC y ERC en sus respectivos electorados (sobre todo en el convergente), las elecciones españolas darán una idea del suelo de las formaciones que lideran Artur Mas y Oriol Junqueras ante unas hipotéticas elecciones catalanas en el mes de marzo. De ahí la importancia del resultado de Democràcia i Llibertat y de Esquerra Republicana, ya que serán el termómetro más preciso sobre el estado de salud del espacio independentista. Y eso quizás no le importa a la CUP pero sí debería preocupar a todos aquellos que votaron el 27S la candidatura de Junts pel Sí.