"Justicia sin misericordia es crueldad"
Santo Tomás de Aquino

No hay ninguna necesidad de que Jordi Pujol, al filo de los 96, se traslade a Madrid, madrugue para estar en Alcalá de Henares a las nueve y media de la mañana, y sea así sometido a un nuevo reconocimiento por un forense de la Audiencia Nacional que determine si está en condiciones cognitivas de declarar como procesado por dos delitos de asociación ilícita y blanqueo de capitales por los que se le piden nueve años de cárcel. No la hay porque puede ser reconocido de nuevo por los forenses catalanes, para que establezcan si su estado cognitivo le permite declarar con todas las garantías y si su estado físico aguanta un viaje de este tipo. De todo esto, quizá lo más notorio sea el establecimiento de un estadio de credibilidad superior para los profesionales médicos del foro destacados en la Audiencia Nacional que en los juzgados de Catalunya.

Diríase que el tribunal no confía en ellos o que piensa que son pujolistas o que están presionados o acogotados por el ambiente de Barcelona, y sus dictámenes, aseverando que Jordi Pujol no está en condiciones de ser juzgado, no son demasiado fiables en Madrid. Otra cosa no se me alcanza. Y es que lo normal es que se hubiera practicado un nuevo examen forense antes de desplazarlo hasta Madrid o, si me apuran, que se hubiera desplazado un forense de la AN, si es que, en efecto, no dan crédito al examen de los de allí. Esto último me parece muy cabreante para los que han actuado y para todos los demás. Cualquiera de los dos facultativos pertenece al Cuerpo Nacional de Médicos Forenses y sus informes deberían tener la misma validez.

La cuestión que debe sopesar el tribunal no es solo la de la edad, sino la de la capacidad cognitiva del individuo. Los jueces no se pueden arriesgar a poner en riesgo los derechos fundamentales de un procesado que no sea capaz de distinguir en su declaración si en sus respuestas se está incriminando. No puede someter al reo a un espectáculo que afrente su dignidad ni hacer peligrar su derecho a no declarar contra sí mismo. Por otra parte, Pujol tiene derecho a no declarar; es decir, que podría desplazarse a Madrid, ser reconocido de nuevo, para acabar sentado en la sala de vistas diciendo que no va a contestar a las preguntas. En ese caso, lo que quedará será el paseíllo.

No se sabe muy bien cómo la cuestión se ha convertido de nuevo en un burladero ideológico. Veo a los medios progresistas muy empeñados en demostrar que no es un caso único y que tampoco batirá el récord de edad para sentarse ante los jueces. Es cierto, un hombre de 97 años ya fue juzgado en Cuenca por arrearle un martillazo en la cabeza a su mujer. Incluso estaba en prisión preventiva y, con mucha visión de futuro, fue condenado a once años de prisión y otros tantos de libertad vigilada, lo cual, de haberse cumplido, le hubiera llevado a ser uno de los españoles más longevos. Lo cierto es que era un crimen de sangre cometido ya a esa avanzada edad, lo que lo cambia todo. Primero, porque si el agresor era imputable, era porque estaba bien de la cabeza; y segundo, porque no se puede mandar el mensaje social de que a partir de determinada edad puedes hacer todo lo que te apetezca —igual matar que torturar o yo qué sé— porque resulta impune. Nadie quiere hordas de nonagenarios con martillos o hachas buscando a sus enemigos reales o supuestos.

Lo normal es que se hubiera practicado un nuevo examen forense antes de desplazarlo hasta Madrid o, si me apuran, que se hubiera desplazado un forense de la AN

Lo de Pujol no es el caso. Álvaro Lapuerta, tesorero del PP, fue eximido por demencia sobrevenida de ser sometido a juicio por la Audiencia Nacional en Gürtel. Por muy repulsivos que sean los delitos que afectan al fisco, no hay ninguna comparación posible con los de sangre. Así que la clave reside en el estado mental de Jordi Pujol y en su capacidad física para someterse a un viaje hasta Madrid. Hasta el momento, el tribunal ha asumido que tenía limitaciones funcionales severas y le ha permitido seguir el procedimiento desde su domicilio. ¿Qué ha cambiado ahora? ¿Por qué no solicitar auxilio judicial para que declare desde un juzgado catalán?, o, si me apuran, ¿por qué no desplazarse el tribunal? Que no será la primera vez que un tribunal de la Audiencia Nacional se constituya hasta en Francia para tomar declaración. Ciertamente, lo de sacarlo a votar en las elecciones del Barça no fue la mejor idea, que los jueces pueden pensar que si está para meter papeletas en urnas, también lo está para el banquillo.

Muchas veces los ciudadanos se preguntan si todos somos iguales ante la ley y casi siempre se responden que no, que no lo somos. Normalmente, piensan que es la gente de a pie la discriminada, la que obtiene peor trato, pero no deja de ser cierto que a veces los que han tenido poder dejan de serlo porque son utilizados de forma ejemplarizante. Es muy probable que si Pujol hubiera sido un acusado de fraude fiscal de esa edad, con esos informes y totalmente desconocido, se hubiera arbitrado alguna fórmula para evitarle lo que muchos ven como una humillación y yo veo como un riesgo. El propio tribunal debe cruzar los dedos con fuerza para que no le suceda nada mientras esté cumpliendo sus órdenes. No en vano, y sin que se haya explicado, se le ha instruido al forense para que, de llegar a producirse esa declaración, permanezca en todo momento a su lado. Que declarar con abogado es lo normal, pero con médico es mucho más raro. 

Pujol, incluso si es condenado, tiene aún dos recursos por delante. De llegar a ver la sentencia firme, tampoco ingresaría en prisión, porque en España no se ingresa a las personas para que mueran en prisión; es más, normalmente se las excarcela llegado el momento para que fallezcan en libertad, ya que se considera más humanitario y acorde con las premisas de derechos y dignidad que rigen nuestro sistema.

No hay verdadera necesidad de ese viaje más allá del paseíllo o más allá de reafirmar que la justicia avanza, que es igual para todos y no se deja engañar por nadie. El tribunal puede acordarlo, como acordó Peinado ir a la Moncloa, y eso no fue óbice para que a mucha gente le pareciera una pasada. Ahí vuelvo a lo de no confiar en los forenses catalanes, porque eso sí que está muy feo.