En una de las típicas salidas del establishment, cuando se trata de debatir el problema territorial catalán dentro del Estado, hemos vuelto a oír por enésima vez en nuestra historia un "ahora no toca, el momento no es el adecuado". A causa del momento coyuntural, el que sea. En esta ocasión no han sido grupos de interés económico, como en otros tiempos, sino Margarita Robles, ministra de Defensa de España, que ante la parálisis en la que se encuentra la mesa de diálogo, la señora ha dicho que ahora mismo no es una prioridad, que no es momento de juegos florales.

Según la ministra y por extensión el Gobierno, la prioridad actual es aprobar unos presupuestos con el fin de reconstruir una España sometida a una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes a remolque de la pandemia.

Equiparar la mesa de diálogo con unos juegos florales, que consisten en certámenes literarios, muestra bien a las claras la categoría conceptual que se le otorga desde el Gobierno al problema político catalán. Pura literatura, puro teatro, que se disuelve como un terrón de azúcar enfrente de lo que se considera realmente importante, práctico y tangible: sacar adelante unos presupuestos excepcionales después del castigo económico que representa el coronavirus.

El estado español registra un gasto público desaforado, unos ingresos alarmantemente menguantes y unos niveles de endeudamiento extraordinarios, una crisis en toda regla. Y eso se produce en un entorno de crisis institucional sin precedentes, con exponentes de guerra sucia, de politización extrema de la justicia, de una corona a la que le baila la silla y un largo etcétera, culminado por significativos pronunciamientos de momias políticas del PP y del PSOE en defensa de una exjefe de estado sospechoso de corrupción, que se refugia en los Emiratos Árabes Unidos. Una crisis económica y política en mayúsculas, que veremos cómo acabará.

Calificar la mesa de diálogo de juegos florales ilustra de manera bastante clara que el valor que se le da por parte del Gobierno es próximo o igual a cero. El mismo que le da el resto del unionismo español. Con un agravante de carácter económico y político, que es que el Sr. Pedro Sánchez consiguió el principal objetivo que se había fijado, la presidencia del gobierno, con el apoyo de una parte del independentismo, que le tuvo confianza. Una vez alcanzado el objetivo, las geometrías pueden ser variables, si te he visto no me acuerdo. La cuestión es tener el poder, como ha demostrado magistralmente Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona en su periplo como alcaldesa.

Con el día a día de la fiscalía y, ahora, con los juegos florales de la mesa de diálogo, el PSOE parece decidido a prescindir para afrontar el reto colosal que tiene en frente

El estado español está en quiebra económica. Y lo seguirá estando durante muchos años. Para salvar la delicada situación, en el Congreso de Diputados, el PSOE ya no cuenta con el independentismo, sólo cuenta con partidos que pueden tener sentido de estado (español, claro). El independentismo molesta, porque lo que se necesita en estos momentos es pensar en España, en la gran política, en la reconstrucción, en conseguir una España mejor. Nada de todo eso está en sintonía con los objetivos de los independentistas, ni tampoco con rehacer ningún puente político como es la mesa de diálogo.

No soy político y tampoco tengo elementos para saber lo que harán los partidos independentistas ante el enorme problema económico español. Con el día a día de la fiscalía y, ahora, con los juegos florales de la mesa de diálogo, el PSOE parece decidido a prescindir para afrontar el reto colosal que tiene en frente. Como buen unionista, no creo que el Pedro Sánchez de la mascarilla con la bandera de España haga ningún gesto con respecto al problema político catalán. Y tampoco con respecto al trato económico que recibe Catalunya siempre por parte del Estado. Y si hiciera algún gesto, alguna promesa, no es nada de fiar.

Ante esta tesitura y de la apelación a la responsabilidad presupuestaria, parece absurdo que el independentismo pueda apoyar los presupuestos españoles. A criterio mío, que el PSOE y el unionismo hagan los presupuestos que quieran, con el trato económico que crean conveniente para Catalunya, que la sociedad catalana, cuando toque, ya dirá la suya. ¿O es que la dignidad no tiene ningún precio?

Modest Guinjoan, economista.

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