Los unos le llaman “comunicar”. Los otros le llaman “vender el pescado”. El caso es que los gobiernos tienen que transmitir un relato, una idea, una marca, y conseguir que se la compre el máximo de gente.
Y eso es lo que ha hecho hoy Carles Puigdemont con el nombre de “Plan de Gobierno de la XI legislatura”. La parte espesa, la que el president ha definido con el concepto de “a peso” son 3 ejes, 20 ámbitos de actuación, 45 leyes, 79 objetivos, 750 medidas concretas y 288 indicadores de seguimiento. Y eso en 18 meses (que ya no son 18 porque el tiempo pasa). A pesar de ser de letras, me sale que cada mes habrá unas 99 de estas cosas, que serían 3 por día, contando fines de semana. Será por cosas...
Pero el mensaje que hay detrás del “a peso”, y que ha repetido varias veces el president en la comparecencia, es que éste es un gobierno “social”, que tiene que ver con las personas y que blindará las partidas sociales. La base de todo es el Estado del bienestar, pero también la consolidación de la recuperación económica. Y como, en el fondo, eso también forma parte del bienestar social, pues doble combo.
¿Y el proceso? Muy bien, gracias. ¿Y usted? “No seremos prisioneros de ninguna armadura en forma de calendario" y "este gobierno no hará ruido sino arreglo”. Dos frases expresadas por el presidente, la segunda de las cuales pronunciada dos veces, que “comunican” o “venden el pescado” (o viceversa) de cómo está ahora mismo la situación. Este es ahora el discurso: prudencia y bienestar. Realismo repentino que, quizás, podría ser el nombre de la nueva Convergència.
No hace mucho teníamos prisa. Mucha prisa. Y cada día era un día histórico. E Itaca estaba a tocar. Concretamente estaba al lado del bar de chinos de la esquina. Y lo que estábamos haciendo era dar patadas hacia adelante a la lata. Y al final pusimos una fecha, sabiendo que era tan real como decir que esta noche me llamará Halle Berry para invitarme a cenar (y pagando ella). A ver, que pasar-pasar, podría pasar... Pero creo que la Halle no tiene mi teléfono. Al menos de momento.
Algunos, a todo aquello le llamaron “tensionar”. Y defendían que había que hacerlo para remover las brasas y, sobre todo, porque cuando dejas de pedalear, la bicicleta se cae. Ahora, sin dejar de decir que el objetivo no ha variado, el discurso es el del “este gobierno no hará ruido sino arreglo”.
Y, mientras, el partidismo recupera su edad de oro. Y si no que lo pregunten a las bases de la ANC. Están tan encantadas que el domingo algunos miles decidieron quedarse en casa en vez de ir a la assemblea de Manresa. Son los nuevos tiempos, diferentes de los de antes en que cada vez tenemos más claro que al final ganará quien, con la patada, envíe la lata más lejos.