Al final, la debilidad política de Pedro Sánchez será tan extrema que, en lugar de provocar su caída, se convertirá en el principal motor para resistir todo el tiempo que sea posible, dado que mientras hay vida hay esperanza, y la alternativa a la vida nunca es una buena opción.

Ha trascendido incluso que el presidente del Gobierno ha solicitado informes jurídicos para comprobar si puede alargar el mandato hasta el otoño de 2027, mediante una determinada interpretación de la Constitución y de la Ley Electoral sobre el día en que comienza y termina la legislatura. Es una prueba evidente de la absoluta determinación de Pedro Sánchez de aguantar y esperar a que algún acontecimiento interno o externo haga cambiar este viento que ahora le es tan desfavorable.

El tiempo es más importante en política que en gramática, dice la sentencia atribuida a Winston Churchill. En un año puede pasar de todo, en España y en el mundo. En cualquier caso, parece que todavía no lo hemos visto todo, porque a lo largo de los próximos doce meses la batalla político-judicial española se recrudecerá aún más, con episodios que están adquiriendo un cariz de guerra civil. Es ahí donde Pedro Sánchez confía en la resiliencia y en sacar provecho, como hacen los judocas, de la brutalidad descontrolada del adversario para esquivarlo. Y también en que, en España, al menos la mitad de la sociedad todavía es republicana.

A lo largo de un año la batalla políticojudicial española se encarnizará todavía más con episodios que están adoptando un cariz guerracivilista. Aquí es donde Pedro Sánchez confía en la resiliencia, en sacar provecho como hacen los yudocas de la brutalidad descontrolada del adversario para esquivarlo y de la mitad española republicana

En un año asistiremos a la batalla entre tribunales a propósito de la amnistía, que lleva implícita una crisis constitucional. Ni que decir tiene que, si Carles Puigdemont consigue regresar sano y salvo del exilio gracias a la desautorización de los tribunales españoles por parte de las instancias europeas, el terremoto político, judicial e institucional será apoteósico.

Llegará el juicio y la probable condena de la esposa del presidente, y las batallas de carácter personal suelen ser las más cruentas. Los acusados que han hecho negocios con personas vinculadas al socialismo seguirán teniendo el incentivo de la delación y, tarde o temprano, Pedro Sánchez tendrá que sentarse a declarar ante un tribunal, ya sea como testigo, obligado a decir la verdad, o como investigado.

Hay algunos casos especialmente complicados para el PSOE, siempre que Santos Cerdán no caiga en la tentación de negociar una sentencia favorable, dadas las ofertas que algunos jueces y fiscales acostumbran a plantear. El caso más difícil es el que se conoce como el de las cloacas socialistas, sobre todo porque se trata de unas cloacas encabezadas por Leire Díez, una persona que ha demostrado una categoría intelectual que debería hacer temblar a todo el personal de la sede de la calle Ferraz. El otro asunto complicado es, por supuesto, Zapatero.

La implicación del expresidente en casos de corrupción, agravada esta semana por la delación de quienes fueron sus amigos, constituye un auténtico torpedo contra la credibilidad no solo del PSOE, sino de la izquierda en su conjunto. Alimenta la teoría de que no hay un palmo limpio y supone un incentivo para no ir a votar o para votar a quienes parecen nuevos, por muy antiguas que sean sus ideas.

Valdrá la pena desintoxicarnos este agosto, que al volver en septiembre nos obligarán a elegir trinchera aunque no queramos la una ni la otra

La comparecencia televisada de Zapatero para no aclarar nada y aumentar las dudas éticas y morales sobre su comportamiento como hombre de negocios no tenía otro objetivo que permitir a Pedro Sánchez y al PSOE ganar unas semanas sin tener que dar más explicaciones que la de manifestar su plena confianza en su correligionario.

Zapatero tenía que negarlo todo y subrayar las irregularidades del procedimiento porque su estrategia de defensa está pensada para exigir la nulidad de las diligencias. Pero debía negar rotundamente su papel en el rescate de Plus Ultra, porque ese es precisamente el punto que implicaría al Gobierno de Pedro Sánchez, que fue, al fin y al cabo, quien rescató a una extraña compañía aérea con 53 millones de euros de dinero público.

Situando el asunto en el dilema de la palabra de uno contra la del otro, llegaremos a agosto, cuando la gente procura desconectar, y en septiembre todo volverá a empezar con nuevas energías. Así que valdrá la pena aprovechar las semanas que vienen para desintoxicarnos, porque cuando volvamos en septiembre nos obligarán a elegir trinchera, aunque no queramos ni una ni otra.