Del resultado de las elecciones en can Barça no hace falta ya decir mucho, pues la victoria landslide de Joan Laporta lo dice todo. En este artículo tampoco quiero hacer leña de Víctor Font, a quien considero un buen barcelonista, tan osado como mal aconsejado por gente más bien justita y llena de resentimiento. En esto último es en lo que querría fijarme; a saber, en toda esta corriente periodística, deportiva, de opinión y etcétera que ha acabado transformando a un candidato (¡o excandidato, como él diría!) la mar de presentable en un hombre carcomido por el rencor. Antes de las elecciones, ya le dije a Víctor que, si se rodeaba de gente profundamente acomplejada, como Antoni Bassas o Xavier Bosch (de gente, en definitiva, a la que el país ha dado muchas oportunidades y que no nos ha recompensado con una sola idea que valga la pena), no solo fracasaría en este pasado intento, sino que nunca más podría volver a concurrir a unos comicios.
Ya ves que tenía razón, Víctor. La victoria de Laporta no es solo un indicador de que el socio del Barça vuelve a apostar por la fantasía y el espíritu ganador. Es sobre todo una bofetada contra parte del establishment periodístico de Barcelona, una caterva de plumillas deportivos profundamente indocumentados que ya escupían la misma bilis contra Cruyff y Guardiola. Cuando uno se dedica a vivir a la sombra de gente funesta como Joanjo Pallàs, Emilio Pérez de Rozas o Danae Boronat (que ayer mismo declaraba que en el Barça femenino “hay mucho trabajo que hacer”, como si las Champions y los Balones de Oro le hubieran caído del cielo); cuando alguien, en definitiva, se deja guiar por sabios de la patria como Màrius Carol (autor de la frase “Hansi Flick era un señor que no tenía trabajo”) o Ernest Folch (autor de la frase “tengo la impresión de que hemos fichado a un entrenador de gimnasia con un pito”), hijo mío, ¿dónde narices crees que puedes ir a parar?
El problema, insisto hasta la náusea, no es el pobre Víctor Font; el cáncer del Barça y de nuestro país se encuentra en su sotobosque inerte
Ya sé que ahora hay que focalizarse en el presente y hacer todo lo posible para que el proyecto ganador del Barça tenga continuidad. Pero también sabéis que yo he nacido para hablaros de un futuro que a menudo creéis demasiado lejano; porque dentro de cinco años, no tengáis ninguna duda, toda esta gentuza volverá a emplear su —cada vez más escasa— influencia para volver a llevar al Barça al terreno de la nula ambición. Los sospechosos serán los de siempre; he citado algunos de sus nombres, pero habría que recordar también el papelón que el diario ARA ha hecho en estos últimos comicios, ayudado también por los locutores perpetuamente gruñones de Catalunya Ràdio, y estos chavales de Ràdio Barcelona (ya sé que ahora se llama Ser Catalunya, pero a mí los nombres federalistas de los sociatas no me placen mucho), que no pararán de joder la reputación de nuestro club hasta que, gracias a la afición del Madrit, les den un Pulitzer.
No me extraña que Jan, terminada la votación, se regalara un poco de jolgorio contra todo este sindicato de la frustración, la envidia mal digerida y las ansias de volver al Barça provincial de José Luis Núñez. No me parece fuera de lugar que el president dedicara alguna que otra botifarra a una serie de periodistas que critican algunas de sus amistades y colaboradores íntimos, mientras ellos mismos serían incapaces de decir ni pío contra los dueños de sus periódicos, la mayoría de ellos apologetas del 155 y de un escasamente disimulado franquismo. ¿Queréis hablar de amiguetes peligrosos, estimados colegas? Pues empezad por Don Javier, por Fernandito Rodés o por Cebrián… ¡A ver qué informaciones sois capaces de ofrecernos! El problema, insisto hasta la náusea, no es el pobre Víctor Font; el cáncer del Barça y de nuestro país se encuentra en su sotobosque inerte. Celebro que los consocios los hayan querido bien lejos del Barça.
Así pues, todo el mundo al loro, porque el mal tiene una gran habilidad para seguir con vida, ¡y todo este comité de granujas seguirá respirando dentro de un lustro! El tiempo, ¡ay', pasa muy rápido y la memoria se desvanece como un beso. Espero que, a diferencia de su primera era, y además de llenarnos la caja con más trofeos, el president nos regale un buen sucesor, porque volverán los otros Víctor Font, con las mismas ganas de robarnos la fiesta. Y la alegría, como ha quedado muy claro, es nuestro mejor patrimonio.
