Esta semana ha habido un importante homenaje de la Joventut Nacionalista al president Jordi Pujol. Un homenaje popular, sentido y auténtico. No institucional. Desconozco quién debería asumirlo, pero cuando sea demasiado tarde, muchos mirarán al suelo. Digo esto del homenaje porque, durante el repaso que varias generaciones hicieron de la trayectoria del president como activista y como político, salieron a la luz una serie de mantras que han marcado la construcción nacional de Catalunya.
El pujolismo culminó con el proceso de independencia. Un proceso que se llenó de otros mantras que he criticado muchas veces y que, vistos con perspectiva, explican claramente el cambio de generación dentro del catalanismo: se pasa de los deberes a los derechos. El más ridículo de todos fue el “tenemos prisa”. No repetiré todo lo que ya he escrito en contra para decir que fue una idea pésima. Solo añadiré que quienes más fueron por todas partes y a todo el mundo diciendo que tenían prisa, ahora no tienen ninguna.
Siguiendo con eso de reclamar derechos y ningún deber, otro mantra que hizo fortuna fue el “no quiero pagar”. Puedo entender e incluso compartir aquello a lo que se refería. Pero resume perfectamente la falta de visión del catalanismo. Es una gran injusticia que, en un país con un déficit fiscal anual de más de 22.000 millones de euros, donde el Gobierno del Estado lleva décadas sin ejecutar ni la mitad de las infraestructuras que presupuesta, haya que pagar la autopista: ¡pero!
Pero… siempre hay un pero. Y es la reflexión de conjunto sobre aquello que realmente estás dispuesto a asumir. Porque, pese al déficit fiscal anual, que es un escándalo, nadie ha dejado de pagar impuestos. ¿Por qué se dejó de pagar peajes? Porque era estético y no implicaba ningún riesgo. El ministro del PSOE que acaba de ser condenado a 24 años de prisión por corrupción lo tuvo claro: "¿No queréis pagar como el resto de los españoles? De acuerdo, pues os lo gestionaremos nosotros, como al resto de los españoles".
Ser catalanes tiene un precio. Y esto no es una oda a ser sumisos, al contrario. Es una llamada a aceptar que, a pesar de las injusticias, si creemos que Catalunya vale la pena debemos estar dispuestos a pagar el precio de la existencia y el precio de la libertad
En su momento discutí duramente con personas que denunciaban la discriminación que supone pagar peajes en toda Catalunya y en ninguna o casi ninguna parte de España. Porque lo de los peajes siempre lo he visto como un mal menor. Si no quieres pagar, ve por carretera. Algunos de ellos ahora deben argumentar con la misma intensidad que lo que sucede con la AP-7 es una vergüenza. Y vuelven a tener razón. El estado de la AP-7 es una vergüenza. Más importante, un peligro. Y, todavía más importante, un freno al crecimiento económico.
Lo que ha ocurrido con aquello del “no quiero pagar”, citado de forma irrespetuosa en el título —ya me disculparéis— como “ni vill piguir”, es una lección que debemos aprender. Esto no va a salir gratis. Y no hablo de la independencia, hablo de existir. Volviendo al president Pujol, dijo a los jóvenes: “¿Qué es Catalunya? ¿Un territorio? Sí. ¿Una lengua? Sí. ¿Una historia? También. Pero Catalunya es, sobre todo, una voluntad colectiva de ser. Una decisión renovada generación tras generación de no desaparecer”.
Ser catalanes tiene un precio. Y esto no es una oda a ser sumisos; al contrario. Es una llamada a aceptar que, pese a las injusticias, si creemos que Catalunya vale la pena, debemos estar dispuestos a pagar el precio de la existencia y el precio de la libertad. A no renunciar a los esfuerzos que históricamente hemos hecho y que nos han convertido en un país puntero, en una economía dinámica y abierta al mundo, en una nación que vale la pena.
Renunciar a ese esfuerzo, no querer pagar según qué, es España. Aquí lo único que saldrá gratis es ser españoles. Y seremos administrados por españoles y tratados como españoles. Pero entonces no nos pongamos a reclamar según qué ni a quejarnos de que Madrid se lo lleva todo. No queremos que nos roben, pero valoremos qué estamos dispuestos a pagar.
