Habrá pocos países en el mundo que no se hayan visto afectados por el incremento del precio del petróleo provocado por la guerra en Irán. Sin embargo, países directamente afectados por misiles aparte, hay que prestar especial atención a Asia, que depende mucho de las exportaciones energéticas del golfo Pérsico. Y las precarias reservas de gas y petróleo están trastornando ya la vida cotidiana.
En Corea del Sur, por ejemplo, el gobierno acaba de pedir a sus ciudadanos que se duchen rapidito y que solo utilicen la lavadora los fines de semana. En Nepal, hay una grave escasez de gas para cocinar. En India, no pueden hacer la cremación con gas en un funeral: el gas está siendo racionado y es solo para los vivos. En Laos, más del 40% de las gasolineras están cerradas. A los funcionarios tailandeses les han dicho que utilicen las escaleras en lugar de subir por los ascensores. Sri Lanka acaba de decretar que el miércoles es festivo para que fábricas, tiendas y escuelas estén cerradas un día más a la semana. Y Filipinas ha declarado el estado de emergencia nacional.
El director de la Agencia Internacional de la Energía ha declarado que la guerra en Irán es la mayor amenaza para la seguridad energética mundial de la historia. Dijo que había salido más petróleo de los mercados de golpe que en las crisis de 1973 y 1979 juntas. Y, como se sabe, gran parte se debe al bloqueo efectivo del estrecho de Ormuz, la estrecha vía de navegación a lo largo de la costa meridional de Irán por la que circula en torno al 20% de los suministros mundiales de petróleo y cantidades sustanciales de gas natural.
Este tráfico se ha interrumpido prácticamente durante la guerra; como consecuencia, los precios del petróleo y el gas se han disparado, y países que están a miles de kilómetros se están quedando sin reservas energéticas. Pero, en España, la principal consecuencia, además de la inflación, será electoral. Pedro Sánchez se presenta hábilmente como la némesis de Trump y ya ha sacado a pasear al espantajo de Aznar, al trío de las Azores y la guerra de Irak.
Sánchez quiere ganar las elecciones con el No a la guerra que, en realidad, ya llevó a Zapatero a la Moncloa
Las proclamas son importantes. Ganan elecciones. Sánchez quiere ganarlas con el No a la guerra que, en realidad, ya llevó a Zapatero a la Moncloa. Puede decirse que el actual presidente del Gobierno de España contrapesará este lema con la España de Torrente. Versión menos elaborada, pero que en el fondo dice lo mismo que el manifiesto futurista de Filippo Tommaso Marinetti, precursor del fascismo que conquistó el poder en Italia de la mano de Benito Mussolini en 1922.
Aquel manifiesto presentaba 11 puntos, entre ellos:
—"No hay belleza sino en la lucha."
—“Queremos glorificar la guerra —única higiene del mundo—, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las ideas por las que se muere y el desprecio por la mujer.”
Como los precursores del fascismo, Donald Trump y todos sus imitadores glorifican la guerra, el militarismo y el patriotismo; combaten el feminismo, y muestran un total desprecio por el arte y la cultura.
