Hace décadas que los estudios de género hablan de interseccionalidad, la perspectiva que traza puntos de encuentro entre varias luchas políticas y sociales sin construir jerarquías entre ellas. En el caso catalán, nos parece imprescindible una perspectiva que combine la opresión nacional con las violencias estructurales que el patriarcado y el capitalismo global ejercen contra los individuos subalternos. Teniendo en cuenta la naturaleza del nacionalismo español que nos amenaza, y la experiencia de muchas generaciones que nos han precedido en la lucha, consideramos que nacionalismo catalán y feminismo tienen que ir unidos y que ninguno de los dos movimientos podrá salir adelante sin el otro.
Si defendemos la necesidad de un feminismo nacionalista es porque tanto el estado como los hombres independentistas pueden ser reproductores conscientes o inconscientes de las lógicas que ejercen machismo contra las mujeres independentistas. Y porque el feminismo es, ahora mismo, la única ideología que permite entrelazar todas las luchas relevantes de la actualidad. Lo sabían Maria Mercè Marçal y las feministas que organizaron las Jornades Catalanes de la Dona del 76 y del 86. Y lo vemos actualmente en el ámbito internacional: desde el feminismo para el 99% estadounidense con la influencia de las feministas afroamericanas y latinas, a las líderes indígenas que luchan por los derechos medioambientales en el continente de Abya Yala, pasando por las activistas chinas que enlazan la defensa de los derechos civiles con la lucha contra el acoso sexual.

El nacionalismo español es un proyecto depredador. En el ámbito cultural, atenta contra el catalán y el aranés en todos los aspectos de la vida, desde la escuela a la sanidad, y en todas las edades de la persona. En el ámbito económico, se sustenta sobre dinámicas extractivistas y de espolio que no tienen ningún tipo de retorno social y que además destrozan de forma irreversible nuestra tierra. En el ámbito político, nos afecta a todos marcándonos claramente los límites de lo que podemos decir y pensar. En el ámbito democrático, nos niega la condición de sujeto político capacitado para autodeterminarse.
Por todo eso, defendemos un proyecto político que construya la soberanía de la nación catalana a partir de los principios del feminismo interseccional. Por una parte, porque la diversidad funcional, étnica, religiosa, de clase, de género y sexualidad de la sociedad catalana obliga a hacerlo: un proyecto nacionalista que no enmiende las discriminaciones que van más allá del hecho nacional es un nacionalismo que excluye las necesidades de la mayoría de catalanes. Por la otra, porque todo relato sobre feminismo, antirracismo, anticolonialismo, derechos de la clase trabajadora o diversidad funcional que no hagan los catalanes desde una mirada propia será hecho contra ellos a partir del españolismo y la catalanofobia. En este sentido, defendemos la lengua catalana como la herramienta más democrática posible para aglutinar catalanes de orígenes diversos y como la vía más directa para incorporarse al dinamismo de la nación.
Así pues, instamos a partidos políticos, entidades de la sociedad civil, organizaciones activistas y espacios de creación de pensamiento a trabajar por un proyecto orgullosamente nacionalista y claramente feminista, que sea capaz de plantar cara al dominio político, económico y cultural español. Sin miedo a abordar los diferentes ejes de opresión que atraviesan a la sociedad catalana y con el objetivo de dar respuesta a los retos materiales e identitarios que enfrentamos en el siglo XXI.
Júlia Ojeda (investigadora y crítica literaria), Anna Punsoda (escritora), Marta Roqueta (investigadora feminista)