Tal día como hoy del año 1759, hace 267 años, en Villaviciosa de Odón (Castilla-España), moría el rey Fernando VI, hijo y sucesor de Felipe V y, contando el efímero reinado de su hermano Luis (1724), el tercer Borbón en el trono de Madrid. Fernando VI fue un rey mediocre que gobernó sin pena ni gloria (1746-1759). Pero hay un hecho muy destacable en su biografía que, a menudo, ha pasado desapercibido: Fernando VI, el ministro Zenón de Somadevilla, marqués de la Ensenada, y Gaspar José Vázquez Tablada, arzobispo de Oviedo, urdieron la Gran Redada, una operación de detención, captura, sometimiento a trabajos forzados y exterminio físico de la comunidad gitana que vivía en el reino borbónico español.
El miércoles 30 de julio de 1749, a medianoche y de manera sincronizada en todo el territorio del reino borbónico español, el ejército real rodeó los barrios gitanos de las principales ciudades con el objetivo "de arrestar y de extinguir" a todos sus habitantes. Por ejemplo, en Madrid el ejército real capturaría 881 familias gitanas (entre 5.000 y 10.000 personas) que serían separadas (los hombres a un lado y las mujeres y los niños a otro) y recluidas en centros de trabajos forzados, donde la mayoría acabarían muriendo. En otros lugares del reino, como en Sevilla y el valle del Guadalquivir, la cornisa cantábrica peninsular, o Toledo y el valle del Tajo, se producirían capturas similares y con resultados idénticos.
Pasados diez años (1759), Fernando VI murió sin descendencia, y las cortes españolas coronaron al hermanastro del difunto rey, Carlos de Nápoles (hijo de Felipe V y de su segunda esposa Isabel Farnese), que a partir de aquel momento sería nombrado Carlos III. El nuevo rey ordenó la derogación de la "Ley de Prisión General de Gitanos" con la máxima discreción y se negó a resarcir a los supervivientes de aquel brutal genocidio que se había saldado con la muerte de entre quince mil y veinticinco mil personas (entre un 33 % y un 50 % de la comunidad gitana hispánica). Desde entonces, y pasados más de dos siglos y medio, nunca ningún rey español ha pedido perdón por el intento de exterminio de la comunidad gitana perpetrado por su antepasado Fernando VI.