Desembarco del Gobierno en Andalucía. Que las andaluzas son el preludio y la cita final hacia las generales es una evidencia del calendario. Pero también lo son en cómo va a condicionar el aguante del Gobierno para llegar a 2027. Por la importancia del que fuera bastión en cuadros y votos, Andalucía tiene más claves y peso que las paradas anteriores. El PSOE se hundió en Extremadura; en Aragón Pilar Alegría se salvó de la dimisión al igualar el resultado con Javier Lambán, y en Castilla y León respiraron tranquilos con el 30% del voto. En Andalucía, el PSOE, sin posibilidad de gobernar, suma tres retos. Lo simbólico del resultado: evitar otro titular con “el peor de su historia”. Luego está María Jesús Montero, la exministra del gran “poder” —como proclamó ella misma en tercera persona—, tan unida a Pedro Sánchez que han sido inseparables en ambas legislaturas y lo serán en el resultado. Luego está lo simbólico. Tener Catalunya como único granero hace muy difícil aspirar a gobernar o repetir gobierno. Y la capacidad de los socialistas para absorber el voto a su izquierda, empantanada en las coaliciones. Si no hay un “cisne negro” que fuerce a Pedro Sánchez a convocar, el 17M marcará el camino: anticipará tendencias y marcará la agenda del Gobierno central.
Hay una coincidencia temporal con José Luis Rodríguez Zapatero. Cuando cerró en Sevilla su última campaña electoral antes de convocar un mes de julio las generales de noviembre de 2011. Andalucía fue el termómetro del cambio de ciclo: perdió votos, relato, acción política y poder de movilización.
Ese No a la guerra puede funcionar bien en Andalucía, con arraigo de votantes de izquierdas
Allá donde hay elecciones, la derecha suma y el PSOE —salve o no los muebles— no tiene alternativa de gobierno. El titular más inmediato del 17M será si Juanma Moreno conserva la mayoría absoluta. Pero en estas Sánchez mide también su fortaleza actual con el marcaje a No a la guerra. El presidente está en su momento, colocado en el marco ganador, anticipando la posición europea donde ya coinciden conservadores y liberales, de Emmanuel Macron a la ultraconservadora Giorgia Meloni. Ese No a la guerra puede funcionar bien en Andalucía, con arraigo de votantes de izquierdas. Y de alguna manera se medirá si tiene efecto en las urnas. En las próximas semanas desembarcarán José Luis Rodríguez Zapatero, Manuel Chaves, Salvador Illa y el propio Sánchez.
Las debilidades de Montero son muchas y evidentes. Con el modelo de financiación catalán que tanto desgaste tiene en la mayoría de las comunidades autónomas del PSOE. Al tiempo, Montero parte de unas expectativas tan bajas que podría crecer durante la campaña y lograr cierta resistencia. Juan Espadas dejó el listón en mínimos, con un 24,1% de los votos frente al 43% del PP, y casi el doble en apoyo electoral (1,6 millones de votos populares frente a 888.000 al PSOE). De los 61 diputados que aporta Andalucía al Congreso, el PSOE consiguió 21 escaños en 2023.
Luego está la izquierda y el último volantazo de Podemos. En 2022 apuraron el plazo hasta el último minuto, hasta quedarse fuera. Hoy, de los cinco diputados que consiguieron, tres de Podemos, han recalibrado la estrategia desde Madrid para pedir ir juntos al 17M. El plazo del 3 de abril para registrar las coaliciones o ir separados es la constatación de cómo Podemos midió mal apostar solo por las generales desapareciendo allá por donde pasan las autonómicas. Lo hacen en el corazón orgánico de IU, con el líder Antonio Maíllo en posición de fuerza. De momento, el órdago lanzado este domingo por los morados no ha tenido respuesta y nadie garantiza a Podemos los sitios de salida en las listas. Es la primera vez que Podemos asume compartir listas con Sumar. Un preludio que, con lista unitaria o sin ella, tendrá que aclarar Irene Montero en su acto con Gabriel Rufián del próximo día 9 de abril. Si el veto cae para las generales, la coalición estancada se puede acelerar.