El papa Benedicto ha muerto. Varios diarios del mundo publicaron hace días esta noticia. Era una fake new o noticia falsa, basada en un movimiento inusitado del papa Francisco, que visitó por sorpresa —viven a 300 metros— al Papa emérito. Un medio dedujo que el Papa bávaro ya era difunto, y que por eso Bergoglio se había precipitado a verlo. Sin contrastar lo publicó. Pólvora. La Santa Sede se enfrentaba con este caso a otra crisis de comunicación, y no de las pequeñas. No hicieron ningún comunicado. No lo desmintieron. Contradecir una mentira no es una buena estrategia. Pero sí que se propusieron calmar las masas, y la decisión es una buena práctica a tener en cuenta. Como aquel que no quiere la cosa, el portavoz de la Santa Sede, director de la Sala de Prensa, el periodista norteamericano Greg Burke, publicó una foto suya paseando por los Jardines Vaticanos, donde decía que hacía buen día en el Vaticano. Detrás suyo, para quien lo quisiera ver, se intuía al papa Benedicto, ya anciano, paseando. Y bien vivo. Lo ha explicado en el Foro Deusto de Bilbao el que ahora es el hombre que encabeza la comunicación de la Santa Sede, el argentino Lucio Ruiz Adrián, ingeniero, teólogo y mánager, prefecto ad interim hasta que el Papa lo nombre a él o a un sustituto, desde que renunció el que hasta ahora había estado cortando el bacalao y llevando a cabo la reforma vaticana comunicativa, monseñor Dario Viganò.

Los que tenéis la encomiable costumbre de leer diarios, con precaución y formación, no os lo tragaréis todo

La época de las medias verdades es más peligrosa que la de las mentiras, que se desacreditan solas. Las medias verdades, las fake news, tienen un componente de verosimilitud muy venenoso. Es el rumor entronizado como dogma, en un momento en que prima a ver a quién la dice más grande. El problema es que cada vez se hila más fino. Lees la noticia de las cremas robadas de Cristina Cifuentes y te parece plausible, hasta el punto que no sabes si es verdad o si es una noticia ingeniosa del Mundo Today, especializada en disparates bien explicados. La mentira puede destruir la reputación de una persona o de una institución en segundos. Generar confianza cuesta años, perderla puede ser motivado por un tuit. El Papa, que cada año hace un mensaje sobre la comunicación, en su texto dedicado a las fake news pide menos incendios, especialmente en las redes sociales. Es consciente de que no es culpa de los periodistas sólo (tenemos defectos, pero no todos), sino de las presiones a menudo de poderes económicos y políticos que no vacilan ante la tentación de potenciar la mentira y el descrédito.

La ética es indispensable para ejercer las profesiones (imaginemos a un médico, un piloto de avión o un enfermero sin ética, qué miedo), pero también para los periodistas es la antesala de toda responsabilidad. Al final los lectores que sobrevivan a tanta contaminación informativa, sabrán escoger. Que un buen titular, nos decían en periodismo, no te estropee la realidad. Ser el primero no equivale a ser el mejor. E ir matando a la gente no acaba de ser rentable si resucitan tan deprisa.

Los que tenéis la encomiable costumbre de leer diarios, con precaución y formación, no os lo tragaréis todo. Brindemos hoy por el lector inteligente y con criterio y por los medios que tamizan y contrastan. Y que los asesinos de Papas sean más prudentes y se den cuenta de que lo que están matando es al buen periodismo, y con estas malas praxis periodísticas, se están haciendo ellos solitos el harakiri.

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