Sí, ya es 2 de enero. Solo quedan los Reyes con su víspera. La cabalgata y la noche de Reyes molan, incluso, más que el propio día 6. Y es que en la vida siempre es mejor desear que tener. Y recordemos que en el resto del mundo (menos México, Paraguay y alguno más), después de Año Nuevo ya no tienen nada que festejar porque, para ellos, los Reyes Magos tienen la importancia de los pastorets. Nosotros al menos acabamos el 7 de enero y podemos decir que ya hemos avanzado un tercio del invierno. Y quizás la página en blanco ya empieza a tener algún garabato, pero lo importante es la dirección. Volver a intentar conseguir, a pesar de que cuesten o que no se pueda siempre, aquellos hábitos que sabemos que nos harán bien y que hay que ir repitiendo hasta que nos vengan más naturales que forzados. Hay cosas, sin embargo, que no cambian: esa resaca de fiestas, de comer, de gente, de luces decorativas, de villancicos, de panettones, de barquillos... “Estoy a un gramo de azúcar de caramelizarme”, leo en Instagram. Brindo porque este sea el mayor de nuestros problemas. Por eso, el mes más joven que te hace un año más viejo, te recuerda a reescribir tus anhelos al escribir cómo será tu día de Reyes.
LA CABALGATA, hasta la pubertad, es seguramente el momento más disfrutado. Dar la carta, recoger los caramelos (aunque no te gusten), saber que irás a dormir nervioso, que al día siguiente tendrás una buena cosecha. Es aquella edad en la que la Navidad es todavía el mejor momento del año, como dice aquella canción. Y no te importa ni el frío ni nada que no sean los pinos adornados, comprar nuevas figuras del belén y los barquillos de chocolate. Cuando piensas que lo peor que te pueden regalar no es carbón comestible, sino ropa.
LA NOCHE DE REYES es la de los jóvenes, de los que salen la noche de reyes a buscar los regalos, como todo, en el último momento. Los que seguirán de fiesta porque delante de los padres no beben, pero sí delante de los amigos. Los que están cansados para hacerse la cama por la mañana, pero no para deshacerla a altas horas de la noche. Los que se encuentran la mesa puesta, todo pagado y preparado, y aun así se quejan que "qué rollo son las fiestas en familia" y que solo esperan que acaben los exámenes y volver al gimnasio.
A pesar de que las fiestas puedan parecer largas y pesadas, solo hay dos cosas peores: las sillas vacías de los que han muerto, y cuando decides estar lejos de los que realmente importan
EL DESAYUNO es para los padres que llevan mucho tiempo levantados pensando en todos esos regalos que compraron durante el Black Friday y no encuentran. Los que se han levantado a las seis de la mañana por miedo a que los niños se despierten antes de tiempo. Los que solo piensan que su mejor regalo sería un masaje o unas vacaciones. Los que a partir de cuando empiece el cole comenzarán la dieta. Por eso degustan el roscón de Reyes como si no hubiera un mañana. Porque solo hay una cosa más dura que la crianza. Y es cuando los niños se han hecho mayores y ya no creen ni en la magia de Navidad.
LA COMIDA DE REYES. El momento de los abuelos, de los que una vez han hecho el último brindis, piensan cómo o si estarán las próximas fiestas. Están tan contentos de prepararlo todo, y deseosos de que se acabe. Su lema es “las visitas gusto dan, pero más cuando se van”. No les importa pagar la comida preparada, pero lo que no pueden sus lumbares es poner más lavavajillas. Su premio será volver a la rutina y leer con las piernas hacia arriba estirados en el sofá.
Lo que pasa después de Reyes es que sin las luces de Navidad es cuando nos damos cuenta de que es el tiempo de la oscuridad. El 7 siempre es el día de devolver los regalos, o aquel “vale” que sabes que caducará, o aquel pijama que sabes que nunca te pondrás. Porque hay mitos que no compro en Navidad, como que la gente se vuelve buena o que todos nos volvemos como niños. Lo que sí que os puedo asegurar es que he pasado dos veces Navidad fuera de casa en toda mi vida, y a pesar de que las fiestas puedan parecer largas y pesadas, solo hay dos cosas peores: las sillas vacías de los que han muerto, y cuando decides estar lejos de los que realmente importan durante estos días de recogimiento forzado (aunque sea por un temporal). Solo crees que las fiestas están sobrevaloradas hasta que no tienes a nadie que te haga la escudella. O hasta que vuelves a ver Lo Imposible de J.A. Bayona y recuerdas que la vida es un azar y que a pesar de que los Reyes no nos traigan todo lo que esperábamos, nos gustaría, en un futuro, que este fuera nuestro mayor problema. Sanos y salvos, eso es lo que cuenta.