Hoy es Sant Jordi, el mejor día del año. Sobre el papel. Es el día perfecto, la fiesta perfecta. La quieres inventar y no te sale. A diferencia de la Navidad, por ejemplo, no tienes que pensar mucho qué regalas: una rosa y un libro. Si bien es verdad que las chicas tienen más problemas. Los chicos podemos regalar una rosa. Con los libros ocurre lo de la paradoja de la elección. Un concepto desarrollado por el psicólogo Barry Schwartz, que se plantea por qué en la sociedad de la abundancia somos más infelices. Y el motivo es, precisamente, la abundancia. Hay tanto donde elegir que nos bloqueamos. Como el asno de Buridán, que tenía un montón de paja a la derecha y un montón de paja a la izquierda, pero como no sabía qué elegir, se moría de hambre. La culpa la tienen los suplementos especiales de los periódicos. Y las editoriales, que generan un efecto Netflix. Cuesta decidir. O no.
Y luego existe otro problema, que es el real: los catalanes somos ciclotímicos, tenemos una ligera bipolaridad. Lo podemos llamar el seny y la rauxa. Podemos ser victimistas y autocríticos hasta la exasperación o gustarnos tanto que damos grima. Con tanto azúcar que la fiesta acaba siendo no apta para diabéticos. Me gustaría más un Sant Jordi sin decirnos qué guapos somos. Solo pensarlo. Un Sant Jordi menos masificado, sin que en las empresas te regalen rosas y sin suplementos especiales y rankings de libros. Y sin las carpas con monos firmando y monos haciendo cola, claro.
Me gustaría más un Sant Jordi sin decirnos qué guapos somos. Solo pensarlo
Tampoco es el mejor día para la gente que no tiene pareja. Las parejas se regalan rosas. Se la puedes regalar a otra persona, claro. Pero nada como hacerlo al amor romántico. Este día, diría que las parejas son más felices. ¿Lo son el resto del año? No lo sé. Sobre si es mejor estar solo o en pareja, hay estudios de todo. Pero si vamos a la naturaleza, existen animales monógamos, pero la mayoría no lo son. Así que una cosa es la naturaleza y otra la construcción mental que nos hacemos. El Homo sapiens lo que añade es un relato. Nos queremos casar de blanco, queremos la parejita y regalar una rosa por Sant Jordi e ir cogidos de la mano por la calle.
Pero, vamos, que en el mundo hay muchos solteros felices. Seguramente porque cuando la construcción mental se pone en cuestión, hay mucha más oferta. Y el del amor es un mercado de búsqueda doble: cada uno tiene unas expectativas y existe una oferta. Y, claro, cuanto menos oferta, la gente se planta antes. Pero con más oferta, la cosa cambia. Por eso la ciudad con más solteros del mundo es Nueva York. Ah, por cierto, aquí hay un dato interesante por si desea ligar. Las mujeres se fijan en dos de cada diez varones. Por lo tanto, si sale a ligar, elija a los ocho amigos más feos que tenga para que le acompañen.
Y si no, siempre le quedarán las aplicaciones. Aunque mucha gente se ha cansado de ellas porque ha descubierto que es un mercado de coches de segunda mano. Un mercado con información asimétrica. Ellas no saben si eres o no un saldo. Y ocurre otra cosa que se llama selección adversa. Si tienes un Panda de cuarenta años y yo también, el intermediario pondrá el mismo precio. Pero si yo lo he cuidado y tú no, al final yo no lo pondré en el mercado, porque lo consideraré mal pagado, y tú sí porque ganarás dinero. Así que nos queda la sologamia. Casarse con uno mismo. Lo que tiene ventajas: tu pareja, o sea, tú mismo, no te impedirá que seas infiel. En principio. Feliz Sant Jordi.
