Es cierto: el PSOE facilitó la investidura de Rajoy y votó, después, el 155. Pero también es cierto que gracias al PSC el 155 respetó TV3 y no fue tan agresivo como el PP y Ciudadanos hubieran querido. Los socialistas catalanes se presentarán a las elecciones del 28-A con un buen cartel, Meritxell Batet, y un mensaje claro, muy parecido al que José Zaragoza ideó hace ya mucho tiempo: "Si tú no vas, ellos vuelven", esta vez referido a la tríada derechista y ultraespañolista. Un enfoque que sin duda Pedro Sánchez hará extensivo a toda España.

Más que nunca en España se enfrentan dos bloques. Izquierdas contra derechas. Son, con todas las comillas que quieran, las elecciones más guerracivilistas desde la Transición. Es debido, en gran parte, a que desde entonces la derecha española no ha sido capaz de homologarse a las formaciones de centro-derecha europeas del estilo, por ejemplo, de la CDU alemana. La irrupción de Vox en el panorama político español y el desplazamiento de Casado y Rivera hacia la extrema derecha han supuesto un paso atrás, una regresión.

El PSC sacará unos buenos resultados. Una parte de los catalanes, aunque no sean socialistas, lo votarán. Recibirá votos de ciudadanos que quieren parar a la derecha de la Reconquista y que apuestan por el diálogo con el Estado para avanzar en la resolución del conflicto entre Catalunya y el Estado.

También ERC se presentará como voto útil y favorable al diálogo. Muchos soberanistas e independentistas le pueden entregar su voto. Son los que, tras analizar el fracaso del 27 de octubre de hace dos años, creen en una estrategia pragmática, basada en el realismo. En la evaluación de la relación de fuerzas. En poner las luces largas. En recuperar fuerzas y ganar músculo. Sumar más gente a la causa. Levantar puentes también con los que no ven claro ni el referéndum ni la independencia.

El PSC y ERC lo tienen bien. Mirándolo desde hoy ―las cosas cambian a un ritmo enloquecido―, es muy probable que uno de los dos gane los comicios del 28 de abril. Sus mensajes son relativamente fáciles de explicar y de ser comprendidos.

En competición con ellos está Junts per Catalunya. Es decir, el PDeCAT más un nutrido grupo de personas en torno al president Puigdemont. Por cuarta vez, Puigdemont ha lanzado una ofensiva sobre el partido en el que milita.

La oferta de Puigdemont de cara al 28-A no es otra que boicotear la política española mientras no se entre a hablar de la autodeterminación y el referéndum

Las formas de Puigdemont son poco diplomáticas, por decirlo eufemísticamente. Primero, se arrogó el derecho a confeccionar la lista para las elecciones del 21 de diciembre del 2017 (las convocadas vía 155); después, asedió a Marta Pascal hasta descabalgarla como líder del PDeCAT; a continuación, pretendió imponer de nuevo a sus candidatos en las elecciones municipales de Barcelona, ​​y ahora ha logrado que el partido aceptara sus exigencias de cara al 28-A. No entiendo cómo mucha gente del PDeCAT ha tolerado tanta OPA hostil desde dentro. Cómo la gente favorable a una estrategia pragmática no se rebela o, si no, genera un espacio político alternativo. Quizás hay que esperar.

A base de empujones, Puigdemont ha hecho que Junts per Catalunya se aleje de una estrategia pragmática. Pero, ¿cuál es la estrategia del president exiliado en Waterloo? Pues el bloqueo de la política española y su desestabilización. Puigdemont y los suyos, y con ellos el espacio postconvergente, se alinea con la CUP. Su oferta de cara al 28-A no es otra que boicotear la política española mientras no se entre a hablar de la autodeterminación y el referéndum. Recordemos que Puigdemont ya era absolutamente contrario a derribar a Rajoy para dar el poder a Sánchez.

¿Es útil, puede serlo, la estrategia de la desestabilización y el bloqueo? Si la derecha españolista gobierna, no. En su programa está la aplicación inmediata de un 155 de barra libre, tan duro y prolongado como sea necesario para acabar con el soberanismo y el independentismo. El escenario al que esto daría lugar es dramático, si no es que uno sea un fervoroso partidario del 'cuanto peor, mejor'.

La estrategia del bloqueo y la desestabilización está pensada, teóricamente, para un escenario similar al que ya existía. Es decir, para una victoria insuficiente del PSOE, el cual necesitaría entonces los votos independentistas. En este punto, alguien puede preguntarse por qué el independentismo contribuyó a que se produjeran nuevas elecciones, si ya disponía del mejor escenario posible en Madrid. Habría que lo respondieran ERC y PDeCAT. Como he dicho y escrito varias veces, mi opinión es que impedir la tramitación de los presupuestos de Sánchez fue un error.

Pero volvamos a la pregunta. ¿Puede ser útil la estrategia del bloqueo y la desestabilización? Creo que no. Porque todo el mundo sabe que ahora el PSOE no permitirá un referéndum, pase lo que pase. La respuesta puigdemontista a tal cosa vuelve a conducir, pues, a unas nuevas elecciones. A la rueda del hámster. Un bucle que sólo se rompería con una victoria de la derecha radical española.

¿Es esto lo que se pretende? ¿Bloquear y desestabilizar el PSOE hasta que ganen los Casado, Rivera y Abascal? Si es así, que se diga en voz alta y con todas las letras, para que los catalanes podamos votar teniendo una clara conciencia de a qué juega cada uno.

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