Polémica de nuevo por una visita del Papa a una universidad. El papa León XIV tiene prevista una visita pastoral esta semana a la histórica universidad romana de La Sapienza. Lo ha invitado la rectora Antonella Polimeni. Hace casi 20 años que no ha habido una visita papal a esta universidad. El Papa hará primero una visita a la capilla universitaria, donde rezará con los estudiantes y el personal docente y de administración y servicios, y saludará a los estudiantes. El punto clave será un encuentro con la rectora, la firma de rigor en el libro de honor y el descubrimiento de una placa conmemorativa. Nada espectacular ni diferente de tantas visitas institucionales. Pero no todo el mundo está contento con la visita. La Unión Italiana de los Ateos y Agnósticos Racionalistas ha hecho un comunicado tildando de “cesión clerical vergonzosa, justificada con la retórica untuosa habitual de paz, diálogo y esperanza papales”. Este es el eterno problema de la paz, que es vista siempre como una concesión, una moral de los débiles, una capitulación barata, una rendición a los poderes dominantes. Es muy compleja, la paz, y defenderla, como hace el Papa, te convierte en blanco de todas las agresividades. La Sapienza no ha sido siempre un terreno fácil para visitas papales.
Remontémonos a los hechos. La última vez que un papa tenía que entrar en la Sapienza fue el 17 de enero de 2008, y eso no sucedió. Joseph Ratzinger fue invitado a inaugurar el curso académico, y tenía que hablar de ciencia y fe, pero las manifestaciones de profesores (67) y estudiantes en contra hicieron que la Santa Sede cancelara la visita. Esta censura al papa abrió la discusión de la supuesta “sumisión” a la Iglesia por parte de una prestigiosa universidad pública.
La Sapienza, creada en 1303 por un papa, Bonifacio VIII, a través de la bula pontificia In Supremae praeminentia Dignitatis, estuvo 7 siglos sin ver a un papa. Fue en 1964 cuando Pablo VI fue allí y lo hizo como antiguo alumno y amigo, y destacó que la fe y la ciencia no son alternativas, sino “llamas destinadas a una simbiosis necesaria”. En 1991, Juan Pablo II fue allí después de haber leído 500 preguntas escritas por los estudiantes, y les instó a construir la civilización del amor y a “no tener miedo”.
En la universidad se escuchan visiones que no gustan a todo el mundo, y por eso es un espacio sano y no una institución claustrofóbica y complaciente, cerrada en sí misma
El papa, sí, con todas las letras, es el jefe de la Iglesia católica. Pero León XIV es más que un agustino que llegó a ser pontífice. Es un líder indiscutible en el tablero mundial. Un hombre que tiene mucho que decir en un espacio como una universidad, que no es más que la institución dedicada al conocimiento superior, al diálogo entre cosmovisiones diferentes y una plataforma para la discrepancia, la convivencia y el flujo respetuoso de las ideas.
La universidad es una institución de educación superior abierta a la escucha, relacionada con el entorno y no se puede convertir en un reducto para ideologías. Si la Universidad considera que un papa no es una persona digna para poder dialogar con la rectora o saludar al personal, se convierte en un lobby enrocado y peligra su pluralidad. Es incómodo, sí, si eres ateo, ver la figura del papa. También puede resultar incómodo, si eres católico, judío, evangélico o musulmán, ver otros personajes que desfilan por la universidad.
En la universidad se escuchan visiones que no agradan a todo el mundo, y por eso es un espacio sano y no una institución claustrofóbica y complaciente, cerrada en sí misma.