En el mundo de la comunicación actual, desaparecer es casi siempre sinónimo de perder la iniciativa en el relato. Cuarenta días, los que van de las elecciones del pasado 27S a la inminente sesión de investidura, ha estado fuera del terreno mediático, en la práctica, el president de la Generalitat en funciones. El objetivo buscado era adoptar un perfil bajo que permitiera cerrar una serie de acuerdos programáticos entre Junts pel Sí y la CUP para la investidura de Mas. El resultado, a la vista está, no ha sido el previsto. Se ha acordado la resolución que pretende ser el inicio del proceso de desconexión con el Estado, pero Mas no tiene dos de los diez votos de la CUP que necesita para ser president. Convergència ha errado en la estrategia y han debilitado la posición de Mas. La CUP ha impuesto un único relato a partir de su negativa a investirle e incluso ha rizado el rizo el pasado sábado cuando ha hablado de poner, la semana próxima, varios nombres de consenso encima de la mesa. ¿De consenso con quién?
En el inicio de la sesión de investidura, Artur Mas –la tercera que protagoniza desde el año 2010– está obligado a aclarar las cosas, aunque sea volviendo a la casilla de la noche del 27S: 62 votos a favor, 63 en contra y los 10 de la CUP en la abstención. En primer lugar, es necesario que reafirme si su voluntad sigue siendo ser hasta el final el candidato de Junts pel Sí. Al ser el candidato de una coalición de partidos, es importante que en esta decisión vaya muy de la mano de Esquerra Republicana y de su líder Oriol Junqueras. No puede cometer CDC ninguno de los errores del pasado y situar al líder republicano ante la política de hechos consumados. Esa es la única manera realista de desactivar esta especie de subasta en la que puede entrar la presidencia de la Generalitat en las próximas semanas. Al final, por más que a los diputados anticapitalistas les cueste de entender, la candidatura de Mas no es para los dirigentes de aquella formación un tema de obcecación personal del president, sino de responsabilidad política hacia los casi 1,63 millones de personas que votaron a JxSí (frente a los 338 mil de la CUP) para culminar el proceso político en Catalunya.
Artur Mas también tiene que ser claro sobre el cumplimiento de la resolución de desconexión del Estado que se aprobará por la mañana. Es necesario que despeje en sede parlamentaria que los plazos no serán efectivos si no hay gobierno constituido. Puede parecer una obviedad, pero en el parlamentarismo moderno los gobiernos en funciones no presentan proyectos de ley y se limitan a resolver cuestiones de trámite. Y, finalmente, ha de trasladar a la opinión pública respuestas a tres preguntas que muchos electores se hacen: cómo piensa gobernar Catalunya los 18 meses que JxSí quiere que dure la legislatura, por qué quiere ser el president de la Generalitat de este período y si se ve con ánimos de gobernar, si acaba superando la investidura, con la amenaza parlamentaria permanente de la CUP.