Una forma de resumir la carrera política de Rufián es decir que en diez años ha pasado de celebrar actos de Junts pel Sí a liderar una iniciativa que se podría llamar Junts pel No. Muy de izquierdas, eso sí. Y contra Vox, que sin enemigo no funciona. Proveniente de Súmate, en septiembre de 2015 participó en actos de apoyo a la candidatura de Junts pel Sí, aunque él no era candidato al Parlament. Unos meses después, en diciembre de 2015, fue cabeza de lista de ERC al Congreso de Madrid.

Desde 2016, como portavoz de Esquerra en el Congreso de los Diputados, ha protagonizado constantes críticas a Convergència, Artur Mas, Carles Puigdemont o Junts per Catalunya. Compañeros de viaje en aquella candidatura de unidad independentista. Les ha acusado de ser unos corruptos que con la independencia solo buscaban un lavado de cara; de traidores, con las famosas 155 monedas de plata; o de “ir por Europa como James Bond”. Y ha discrepado de su estrategia en Catalunya y en Madrid.

Protagonista constante de las peleas entre partidos independentistas y sin demasiados logros que poder mostrar como frutos de su acción política de los últimos diez años, ha empezado a ser cuestionado por una parte de las bases de Esquerra. Y ha reaccionado a este hecho proponiendo un frente de las izquierdas españolas situadas a la izquierda del PSOE para formar una única candidatura que haga frente a Vox. Centrándose sobre todo en intentar ganar el último diputado de cada provincia.

Que alguien procedente de una Esquerra Republicana que ha tenido represaliados, encarcelados y exiliados por el proceso de independencia proponga que lo que hace falta es un frente de izquierdas español para frenar a la derecha de allí, puede resultar indignante para muchos. Y una especie de repetición de los errores históricos que nuestro país parece condenado a cometer. Ya que, desde una óptica nacional catalana, no hay nada que justifique menospreciar la agenda de país para someterla a la de las izquierdas españolas. Porque cada sí en beneficio de las izquierdas españolas es un no al autogobierno de Catalunya. Por eso la candidatura de izquierdas españolas que propone Rufián se puede llamar Junts pel No. La reivindicación catalana no encaja en ella. Para Pablo Iglesias, “el problema de la gente en Catalunya no es la independencia, son los desahucios y el paro”. Para Yolanda Díaz, “la gente quiere hablar de salarios, no de banderas”. Para Alberto Garzón, “el debate nacional tapa el debate social”. Etc. A Íñigo Errejón la violencia del primero de octubre “le pillaba lejos” y en Podemos consideran que a Catalunya no se le pueden transferir las competencias en inmigración porque los catalanes somos racistas. Todos estos para Catalunya son Junts pel No.

Que alguien procedente de una ERC que ha tenido represaliados, encarcelados y exiliados por el proceso de independencia proponga que lo que hace falta es un frente de izquierdas español para frenar a la derecha de allí, puede resultar indignante para muchos

Desde la estrategia política tampoco parece una propuesta acertada, ya que solo con darle una vuelta más a su argumento, llegas a la conclusión de que lo que hay que hacer para frenar a Vox es votar al PSOE. Cosa que tampoco debe de sonarle mal a Rufián. Al PSOE más manchado de presunta corrupción de la historia, Esquerra se lo ha votado todo a favor en el Congreso de los Diputados. Todo. Allí donde la independencia no podía servir para lavar la cara de nadie, ahora la amenaza de Vox parece que todo lo justifica. Como decía, estratégicamente es un error. Si su apuesta por unir a las izquierdas es que Vox se beneficia de la división en tantos partidos para llevarse el último diputado en juego en las provincias pequeñas, lo que es cierto, el PSOE tiene el argumento hecho: “con esta lógica, no es que deban unirse las izquierdas a la izquierda del PSOE. Lo que ofrece más garantías para frenar a Vox es que todos los votantes de izquierdas voten al PSOE”. Parece arriesgado alimentar ese marco mental a favor del PSOE.

El principal problema, sin embargo, es que la propuesta sea tan pobre como frenar a Vox. En Catalunya gobierna ERC o el PSC desde 2021. En el Ayuntamiento de Barcelona gobiernan Comuns o el PSC desde 2015. Y en España, el PSOE desde 2018. Y todo va bastante mal. Quizá la reflexión de la izquierda debería ser sobre Rodalies, vivienda, paro, sobre Estado autonómico, familia, inmigración, sobre seguridad. Si tuvieran alguna idea. Si resolvieran algo con su gestión, quizá su electorado no les abandonaría. Que por esto sube Vox: porque mucha clase trabajadora y mucha clase media ha dejado de ver en las izquierdas cualquier esperanza. Alejada de quienes dicen representar, se ha mostrado totalmente incompetente.

En el caso de los catalanes, la decepción es doble: por la incompetencia y por todos los No que nos han mandado en nuestro intento de crear un Estado propio. Los de EH Bildu lo han dicho claro: “somos de izquierdas, pero primero y por encima de todo, vascos”. Junts pel Sí no logró el éxito que muchos deseábamos. De ahí a creer que ahora es la hora del Junts pel No, me parece una barbaridad.